martes, 18 de febrero de 2020

Las Brujas-Victimas de Luna Nera: Otro Reino de Fabula Antihistórica de Netflix



En varias ocasiones he hablado de como la bruja sigue siendo un personaje incomprendido en la literatura fantástica. Es entonces doblemente triste que un relato, supuestamente basado en hechos históricos, como “Luna Nera” reste poder a las brujas a la vez que tergiversa realidades históricas.

¿La Cenicienta de Netflix?

No es coincidencia que Luna Nera haya llegado a Netflix sigilosamente, sin aviso ni fanfarria. Hay algo en esta coproducción italiana que huele a fracaso, a mediocridad. Como en “Le Bazar de la Charité” se ha vuelto a privilegiar el seudo-feminismo por sobre la narrativa histórica y de paso se ha debilitado y desfigurado la imagen de la hechicera.

Hace dos años que Netflix anunció que se había involucrado en un period drama fantástico sobre cacería de brujas en Italia. Este 31 de febrero inesperadamente aterrizó en mi pantalla. No solo no la reseñó la revista TVGuide, no solo no vimos propaganda en ninguno de los espacios de Internet dedicados a coming atrractions, no está en ninguna de las listas de lo nuevo en Netflix en enero y febrero, listas que han aparecido desde diciembre del 2019.
Anuncio de lo mejor de Netflix (fines de enero) en TVGuide. Nada de Luna Nera

 Tras ver la primera temporada sospecho que Netflix no tiene mucha confianza en su producto europeo. Ni se compara a la estruendosa campaña de prensa que precedió a dos de sus estrenos fantásticos este invierno. Hablo de “The Witcher” y “The Chilling Adventures of Sabrina”, y eso que se trataba, en el caso de esta última, de una tercera temporada. “Luna Nera”, en cambio, parece ser la Cenicienta, la postergada de Netflix.

“Luna Nera” es un producto Netflix total. No se fíen del cuento propagado por artículos estadounidenses o latinoamericanosque han recibido escasa o falsa información de que se trata de la adaptación de una trilogía escrita por Tiziana Triana quien colabora con el guion de la serie. En realidad, estamos ante un caso de “¿que vino primero?  ¿el huevo o la gallina?”

Efectivamente Tiziana Triana, editora en jefe de Fandango Libri, tiene planeada La Luna Nera una trilogía de fantasía histórica dirigida un público juvenil y de la cual solo ha publicado un tomo: Le Citta Perdute (Las ciudades perdidas).  Solo hay un libro en existencia que fue escrito paralelamente a la producción de la serie y que fue publicado (octubre 2019) después que “Luna Nera” ya estaba terminada (julio 2019).

 Como comentaba una lectora en “Goodreads”, el libro parece haber sido escrito para rellenar los agujeros argumentales de la serie y atar cabos sueltos. Por lo tanto, solo a Netflix le compete la responsabilidad de las fallas de “Luna Nera”, de sus desaciertos estéticos y narrativos, de su postura feminista/sexista y de sus falsedades históricas.

Luna Fea
Desde un punto de vista cinematográfico, incluso estético, “Luna Nera” es una pamplina que evidencia la insuficiencia de la televisión italiana en la era post-Berlusconi. Malos (y feos) actores, escenarios estrechos, ropajes harapientos y esa iluminación grisácea que caracteriza el producto Netflix desde “The Witcher” hasta “Anne with an E”.  Me ha causado risa leer que un usuario de Reddit alaba que la serie no siga cánones de belleza actuales. En traducción, los personajes se ven sucios, desastrados y feos.

Si lo visual es un fiasco, apena hablar de contenido. Para eso tenemos que irnos a la historia que aquí es una gran ausente. Cuando recién escuché de la premisa de “Luna Nera”, pensé que se trataría de algún dramatizado del culto de Madonna Oriente que en el siglo XIV sacudió Milán cuando se descubrió que damas de la alta sociedad lombarda se reunían en secreto con un personaje llamado Madonna Oriente que además de hechicera tenía la facultad de resucitar muertos. Debido a que se trataba de mujeres de clase alta, la Inquisición mantuvo el juicio y ejecución de las únicas dos acusadas en secreto.

El culto de Madonna Oriente no es muy conocido en los anales de brujería, a pesar de que se le relaciona con otros cultos neopaganos de la península como el de Richiella y el de Aradia la fundadora de la stregheria. Estos resabios de paganismo eran vistos como herejía. Es lo que persiguió la inquisición romana y que el vulgo vio como hechicería.

Caceria de Brujas a la Italiana
La mayor cacería de brujas en territorio italiano se llevó a cabo en la Lombardía Oriental. En Val Camonica, entre 1500 y 1521 se llevó a la hoguera cien personas, la mayoría mujeres. Hubo otro brote simultaneo en el Valle de Aosta, en Piamonte. A fines del siglo XVI hubo una nueva persecución nuevamente en el Norte motivada por el celo anti-bruja de San Carlos Borromeo, entonces arzobispo de Milán que acabó con 12 personas, 11 mujeres y un hombre (rector de la iglesia local) quemados vivos en Lugano (hoy Suiza).

A pesar de que la inquisición Romana le aconsejó no hacerlo, Borromeo logró la ejecución de sesenta y ocho personas en toda la región. En sus hazañas, el santo tuvo ayuda del clérigo Stoppani que era más papista que el Papa. El Cardenal Oreggi, gran “villano” de “Luna Nera”, parece inspirado en Borromeo y en su cómplice.

Fue entonces que la Inquisición Romana estiró el brazo hacia el Norte (Piamonte, Lombardía, Trentino y la Venezia Iulia, más varias zonas que hoy son parte de Suiza) y comenzó a ocuparse no solo de brujas satánicas o paganos herejes sino también de curanderas locales. La ironía es que los juicios inquisitoriales cobraron pocas víctimas y concluyeron en que muchos de los acusados habían sido calumniados. En cambio, los juicios conducidos por magistrados locales acababan en sentencias de muerte.

Un caso excepcional es el de Triora, en Liguria, donde los intereses económicos y políticos motivan una caótica cacería de brujas que es conducida por un magistrado seglar. En este caso, será la inquisición la que salve a las cinco acusadas de la hoguera excomulgando al maestre Scribanni y liberando a más de una treintena de prisioneros entre los que ya hay seis muertas, una por suicidio y cinco por efectos de la tortura.

El total de ejecutados por brujería en lo que hoy es Italia entre los siglos XVI y XVIII no alcanza a los 600. No es comparación con los 2000 ejecutados en Alemania entre 1581 y 1631, o las 4,000 brujas ejecutadas en Escocia solo en el siglo XVII. Las grandes cazas de bruja se dieron en regiones protestantes de Europa y America. La Inquisición tuvo poco que ver con brujería, más ocupada persiguiendo herejes.

[Nota: Aunque he examinado muchos sitios en inglés, español e italiano, la mayor autoridad consultada es el ensayo de Matteo Duni “Witchcraft and Witch Hunting in Late Medieval and Early Modern Italy” incluido en The Routledge History of Witchcraft ed. By Johannes Dillinger.]
Sin embargo,” Luna Nera” no se ocupa de ninguno de estos grandes sucesos que ocurrieron en el Norte de Italia en los Siglos XVI y XVII. La historia tiene lugar en el pueblo ficticio de Serra, en el Lacio cerca de Roma, y a comienzos del siglo XVII.

Hay tres escenarios diferentes. El primer episodio comienza con un grupo de mujeres que recorre un bosque y se encuentra con venados muertos. Obviamente son brujas. En una facultad de medicina romana, el maestro hace que Pietro (Giorgio Balli) su alumno estrella, examine el cadáver de un supuesto hechizado. Pietro diagnostica que el hombre murió de sífilis. Esto propicia un discurso del profesor en el que pone en duda la existencia de D-s, de la magia, y asegura que la razón y la ciencia acabarán con la superstición.

Por último, volvemos a Serra. La comadrona Natalia ayudada por su nieta Ade (Antonia Fortas en un rol parecido al que interpretó en “El nombre de la rosa”), de 16 años, atiende el parto de una señora principal. El alumbramiento no es fácil y cuando Ade toca el vientre de la madre tiene una visión que le avisa que él bebé ya ha muerto. Enfurecida, la parturienta le ordena que se marche y la acusa de ser bruja.

Efectivamente el niño nace muerto, la madre cae en coma. Natalia, consciente de que la culparán, ordena a Ade que cuide de Valente, su hermanito pequeño, le da instrucciones para encontrar refugio en el bosque y oculta un grimorio que posee en un espacio mágico bajo las tablas del piso de su choza.

Entretanto, Pietro, el estudiante de medicina, recibe aviso de que su madre está enferma. Parte a Serra, en el camino se encuentra con Ade e inicia un romance con ella. A pesar de que la madre de Pietro asegura que su enfermedad no es un hechizo, su esposo, Sante, culpa a la comadrona que resulta ser la misma Natalia.

Sante, a la cabeza de una partida de hombres (y una mujer, su hija Cesaría) apodados I benandanti, atrapan a Natalia y la encierran en la iglesia. A Ade no se le permite ver a su abuela, el párroco le niega la entrada a la iglesia, los vecinos la acusan de bruja y le niegan comida.

Finalmente, sin juicio ni mayor explicación, se preparan a quemar a Natalia. Aparecen las cuatro brujas que vimos al comienzo. Junto con la acusada entonan un conjuro en latín provocando lluvia que apaga el fuego. El exasperado Sante apuñala a Natalia. Pietro aprovecha y le da un caballo a Ade para que huya junto con Valente.

Lo hace a tiempo. Apenas muere Natalia, la parturienta sale del coma y le dice a su marido que la verdadera bruja es Ade. Entretanto, esta y Valente llegan al sitio en el bosque que le señalara la abuela. Encuentran un portal mágico y al otro lado están el cuarteto de brujas que les dan la bienvenida.

No voy a dar más detalles en caso de que quieran verla, pero básteme decirles que es una típica novela de fantasía con libros arcanos que buenos y villanos quieren poseer; duelos mágicos; espadas que provocan terremotos; y la espera mesiánica por una elegida que liderará a las brujas en un retorno a la “ciudad perdida”.

Ni Histórica Ni Feminista
Sin embargo, en Italia como en el resto de la geografía netflixiana se la vende como “histórica” (falso) y como feminista (discutible). Como ocurriera con “Le Bazar de la Charite”, se ha cacareado mucho que “Luna Nera” es un producto manufacturado solo por mujeres, una novedad en Italia. Si vamos a adjudicar calidad de producción solo en términos de género, vamos a rebajar nuestros estándares de perfección de manera increíble. Me temo que las manos femeninas en esta confección han sido torpes y mediocres. Y no lo digo yo, lo dicen los críticos.

Un error básico de la serie es que todo es explicado en un final tan lleno de sorpresas que te cambian toda la perspectiva que tuviste en los cinco episodios anteriores. Niños resultan niñas, viejas resultan ser jóvenes glamurizadas, y la heroína se vuelve villana. Para todos los que vivimos la última temporada de “Juego de Tronos” conscientes de que se traicionaban personajes y arcos argumentales, este tipo de final nos hace sentir traicionados. Además como ha dicho Joel Keller en Decider crear una historia ininteligible te la vuelve aburrida.

Jonathon Wilson en readysteadycut.com se ha referido a la falta de química entre Ade y Pietro, al enredo de personajes y a lo utilitario del argumento. Ya en su título, Wilson  la califica como mediocre: “A mediocre story of love and witchcraft. En The Review Geek, Verónica Engelbert también se queja de que la serie no puede emerger del ámbito de la mediocridad debido a su falta de substancia y a que los aspectos más interesantes del libreto desaparecen opacados por la necesidad de apegarse a agendas (obviamente la feminista radical).

Uno de los más duros ataques ha venido de un sitio italiano. En Serial MInds, Marco Villa ha tildado a Luna Nera de ser “una grande dessilusione”. La acusa de tener diálogos improbables llenos de exposición y pruritos didácticos; un nivel de actuación soso; y termina diciendo que es insalvable y que difícilmente pudo ser peor “Difícilmente sarebbe potuta andaré peggio di cossi.”

Vale decir que a pesar de las visiones de Ade en el capítulo final, las cosas no han quedado claras. Hay muchas contradicciones, y prueba de lo incomprensible del final, es que ya han aparecido artículos y video “explicándonos” que pasó. Eso o nos hace sentir tontos o evidencia que la historia está mal contada.

Aun así, hay críticos enamorados de esta serie, incluso en America Latina. Pero la propaganda que nos vende este sitio brasileño no corresponde a la realidad. “Luna Nera” no es un cuento de mulheres empoderadas, peor aún, no es siquiera un cuento de sororidades, de mujeres que se consideren hermanas.

Al final del cuento, Ade casi enloquece al descubrir que las mujeres que ha intentado proteger, principalmente su madre, la han traicionado. ¿Con lo poderosas que son las brujas por que han permitido que se las acuse de no curar? Porque el odio hacia ellas por parte de los benandantis, de los curas, del patriarcado, es por ser malas doctoras. Sante y Gian Battista acusan a Natalia (capaz de crear escondites mágicos para libros, provocar lluvias y transformarse) de haber atentado contra la salud de sus esposas.

La ironía es que los representantes del patriarcado atacan a las brujas por hacerle daño a sus mujeres. La ironía es que son las mujeres las más contrarias a las brujas. La esposa de Gianbattista al despertar del coma acusa a Ade. Son las mujeres en la plaza las que más claman por la muerte de Natalia. Son las mujeres las que casi lapidan a Ade. “Luna Nera” no nos ofrece un retrato ni de mujeres muy poderosas ni muy unidas.

Tampoco entendemos que quieren las brujas o de donde proviene su magia. Mucha chachara sobre ciudades perdidas, la elegida, y el poder del libro mágico, pero no sabemos que hacen ni quienes son. Su magia ni se asemeja a la stregheria toscana, ni al neopaganismo practicado en los valles norteños, ni a las prácticas de las “magaras” sicilianas. Eso hace al relato menos histórico. Y otra de las mentiras de la propaganda es que “Luna Nera” esté basada en un suceso real.

Los Verdaderos Benandanti
¿Como considerar histórico un cuento donde los benandantis (literalmente “bienandantes”) son cazadores de brujas?  Más ofensivo que ese uniforme que parece hecho con chozas tahitianas, o que anden enmascarados como si fueran el ku Klux Klan, es la burrada de volverlos vigilantes cuando los benandantis históricos eran brujos y también perseguidos por la Inquisición ya que se les consideraba herejes.

Años atrás hablé del tema en este mismo blog cuando repasábamos la historia de la licantropía. Por muchos siglos no se supo quiénes eran estos pintorescos individuos hasta que el historiador italiano Carlo Ginzburg descubrió un par de juicios contra benandanti que lo llevó a publicar en 1966, su libro Benandanti: Stregoneria e culti agrari tra Cincuecento e il Ceicento (en inglés Night Battles, Historias Nocturnas en castellano).

En los Archivos de Udine, Ginzburg se había encontrado un informe sobre un juicio que tuvo lugar en Friuli, en la Venecia Julia, a fines del Siglo XVI. Había llegado a oídos de la Inquisición noticia de la existencia de una especie de culto de (vamos a llamarlos) “brujos buenos” El primer bienandante reconocido fue Paolo Gasparotto quiera fuera interrogado por el párroco de su pueblo de Iassico quien lo dejó libre creyéndolo un vulgar mentiroso.

Cinco años más tarde, cuando el término benandanti reapareció durante los juicios de brujería, Gasparotto fue llevado ante el inquisidor Fra Felice di Monfalco. Asustado, Gasparotto se retractó de su antigua confesión, pero el Santo Oficio había interrogado a otro bienandante Se trataba de Battista Moduco de Cividale. A pesar de vivir en diferentes pueblos y no conocerse, el testimonio de Moduco era idéntico al de Gasparotto y al de otros enjuiciados más adelante por ser sospechosos de pertenecer a este culto.

Según los testimonios, los benandanti no sabían que eran tal cosa hasta que en algún momento de su vida adulta se le aparecía en sueños otro bienandante. Bajo su guía, y en cuatro ocasiones anuales, el nuevo acompañaba a otros miembros de su círculo en un viaje astral por los sembrados de la región donde convivían con las malandantis, brujos perversos que preparaban hechizos para malograr la cosecha. Ahí entonces comenzaban batallas nocturnas entre ambos grupos. Si triunfaban los benandantis, las cosechas se salvaban.

A pesar de que los benandanti juraban que estaban al servicio de D-s y de la Iglesia, las características de sus aventuras nocturnas eran preocupantes para los inquisidores. Mientras los espíritus de los benandanti se trababan en trifulcas con brujos malos, sus cuerpos permanecían paralizados como muertos o personas en trance. Esto derivó del testimonio de una esposa de un bienandante que confirmó haber visto a su marido en ese estado y no haber podido despertarlo.

Los benandanti aseguraban que en sus viajes volaban por los aires montados en animales como gallos o cerdos y que a veces sus espíritus tomaban la forma de algún animal como zorros o ratones. Otros atributos era que en esas noches convivían con espíritus de los muertos y que como ellos podían entrar en moradas ajenas (y hasta beberse el vino de sus vecinos) y que aun estando despiertos poseían poderes de curación.

La inquisición se encontró ante un dilema; a pesar de las buenas intenciones de los benandanti, si lo que contaban era cierto sus prodigiosos dones y hábitos los colocaban al nivel de hechiceros. Finalmente se decidieron por una solución temporal y condenaron a Moduco y a Gasparotto a seis meses de prisión que estos no llegaron a cumplir siendo liberados antes.

Hasta 1629, el termino benandanti aparecía en varios juicios de la inquisición, fuese porque alguien era acusado de pertenecer a ese cuto o que confesase serlo. A pesar de que los juicios eran por brujería o herejía, nunca se llegó a condenar a nadie a muerte. La pena más dura fue la de Maria Panzona a quien se la condenó a tres años de prisión. La mayoría de los casos acababa en penitencias publicas donde los bienandantes debían confesar haber sido engañados por el Diablo.

Con el tiempo, la inquisición comenzó a ver a los confesos como locos, mentirosos o vulgares estafadores y dejó de interesarse en ellos. Sin embargo, el termino benandante, por siglos, seria sinónimo de “brujo/bruja”. Por eso es por lo que resulta absurdo, e incluso ofensivo, que “Luna Nera” los convierta en cazadores de hechiceras.

La teoría de Carlo Ginzburg, tras encontrar similitudes con otros cultos agrícolas europeos tal como los licántropos del Báltico, era que los benandanti representaban antiguas creencias paganas, chamanismos precristianos. Aunque hoy tal teoría ha sido punto de debate, en los 60 cuando el italiano la promulgó se situó perfectamente dentro del zeitgeist imperante.

Brujería vs Feminismo
Ya en el siglo XIX, Michelet había presentado la hipótesis de que las víctimas de la cacería de brujas de los siglos XVI y XVII eran seguidoras de antiguos cultos paganos, sobre todo de los que adoraban a la diosa Diana. La aparición en el siglo XX del libro El dios de las brujas de la antropóloga Margaret Murray había expandido estos conceptos. En la Era Hippie donde se buscaba mayor contacto con la naturaleza, la idea del neopaganismo y de la brujería resultaban muy atrayentes. Y para la Segunda Ola del Feminismo, la brujería pasó a ser el equivalente de una religión matriarcal.

En el artículo sobre “Luna Nera”  Variety comentaba que las creadoras de “Luna Nera” la han  promovido con el slogan “las brujas han regresado” que fue uno de los gritos de guerra de las feministas de los 70 cuando personajes como Zusanna Budapest (fundadora de la  Wicca Dianica) y la anarquista judía Starhawk (gran promotora del Culto de la Diosa) buscaron empoderar a las mujeres  con una oferta de religiones totalmente femeninas y alejada de opresiones patriarcales. Tanto Starhawk como Budapest eran brujas practicantes, tal como lo había sido Margaret Murray y lo es Margot Adler la autora de Drawing Down the Moon, una de las guías del neopaganismo.

El problema mayor de todas estas corrientesy no eximo lo valiosas que han sido en muchos aspectos es que se volvieron políticas. Las brujas perdieron su norte de estudiar y explorar su magia para ponerla al servicio de su comunidad y de sí mismas, para volverse vociferantes exponentes de causas políticas incluyendo el feminismo. En vez de ser una manera de adquirir conocimiento y crecimiento personal, la nueva bruja era un peón en la lucha contra el patriarcado.

En la entrevista a Variety, Francesca Comencini, productora de “Luna Nera” ha descrito el encanto de las brujas. Según ella la brujería es “la última utopía”, la posibilidad de que “los hombres escapen de la tentación de dominar y las mujeres de la tentación de someterse”. Scusami Madonna Comencini, pero la brujería es más que eso.

En ese espíritu se entienden los segregacionismos sexuales de la serie. No hay buena relación entre hombres y mujeres, ni siquiera en el romance de los protagonistas que hasta los fans de “Luna Nera” describen como poseedor de “cero química”.  Para colmo, según la serie la brujería es un atributo exclusivamente femenino.

El gran villano de la serie, el Cardenal Oreggi de joven tuvo el antojo de estudiar magia, pero las brujas lo rechazaron por poseer testículos. Oreggi entonces estudió magia por su cuenta (probablemente en Hogwarts) y acabó siendo más poderoso que las brujas a las que persigue. Otra contradicción.

La serie está llena de contradicciones e incoherencias. Desde que las brujas usen arcos y flechas en vez de hechizos hasta la más grave, y triste, que es el debate que inicialmente se presenta entre-supersticion-razón y ciencia vs magia. Al comienzo, Pietro es visto como un representante del progreso científico, pero cuando descubre que la magia si existe, se pone del lado de “los malos “asustado por los árcanos poderes femeninos.

Por un lado, tenemos la máxima MeToo de que ningún hombre es confiable, por otro está el medio siglo de acusaciones de que la gran cacería de brujas fue impulsada por una fuerte corriente misógina. A pesar del excelente trabajo que Diane Purkiss ha hecho en The Witch in History (1996) de que no se puede culpar al patriarcado del genocidio brujil, mi opinión es que es significativo que la gran mayoría de las victimas fuesen hembras.

En muchos casos, las acusaciones de brujería iban dirigidas a mujeres “difíciles” o “inútiles”, ancianas, enfermas, estériles o pasadas de la edad fértil. También mujeres que no querían casarse, posiblemente lesbianas. Conseguir que condenasen a alguien por brujería bien podía nacer del hecho de que la acusada era una boca inútil para su la familia, un peligro para la tranquilidad de alguien o un ente infecundo en una sociedad donde se esperaba que la mujer ayudase en el esquema reproductivo. ¡Qué gran posibilidad para un marido de deshacerse de la suegra mandona, la esposa respondona, la hija rebelde!

En el caso sui generis de Triora, por ejemplo, la persecución nació de una necesidad de crear una cortina de humo para ocultar la especulación de grano de la clase terrateniente, pero también para “limpiar “el barrio de La Cabotina. Esa zona de Triora era habitada principalmente por mujeres marginales, prostitutas, madres solteras, etc..

Por otro lado, la gran Era del Fuego como la llaman las brujas modernas, coincide con el auge de los médicos burgueses. La medicina busca convertirse en una profesión legitima y respetable, pero para eso debe eliminar la competencia que le hacen comadronas, curanderas y yerbateras. Es por eso por lo que no creo que Pietro nunca podría llegar a aceptar la magia de Ade.

Aun así, el simplificar la lucha de la bruja contra autoridades enemigas o su incapacidad para integrarse a una estructura social con el cuento de “las mujeres somos buenas. ¡El malo eres tú!” arruina la serie y todas sus posibilidades. Es una lástima que “Luna Nera” sea otra víctima de la ideología, bien untada de oro, de la Sororidad Netflixiana.


martes, 11 de febrero de 2020

Drácula en Londres y Sabrina en los Infiernos: Reinos de Fabula Invernales



Y llegamos a febrero, el mes donde el invierno es más crudo y donde uno ve más televisión que nunca. ¿Pero qué Reinos de Fábula hemos visitado en estos dos meses invernales?  Pues, hemos acompañado a Sabrina que, en un reverso del cuento de Orfeo y Eurídice, bajó a los infiernos y hemos sido testigos de una nueva y fracasada versión del cuento inmortal de Bram Stoker.

Drácula 2020
Se cacareó mucho sobre esta última adaptación. Se esperaba que, tal como lo hicieran con “Sherlock”, el equipo Mark Gatiss& Steven Moffat nos trajera una nueva y audaz versión de las aventuras del Conde Drácula. Efectivamente, la historia tiene vuelcos sorpresivos, humor a raudales y muchos chistes de doble sentido. El cambio principal es que van Helsing se convierte en una monjaun poco cínica llamada Hermana Agatha van Helsing y que termina siendo la heroína del cuento.


El danés Claes Bang (“Borgen”) da vida a un vampiro medio sociópata (de la escuela de Hannibal Lecter), muy sarcástico y entretenido. Como diríamos en Chile es “un poquito porfiado de cara”, pero tiene buena figura y eso ayuda si va a salir ligerito de ropa. A pesar de las veces que veamos a Draculín au naturelle, y a diferencia de las versiones Langella y Oldman, no hay insinuaciones de que sea capaz de tener sexo normal y su forma de expresar su pasión es a punta de mordiscos. Por eso es por lo que la escena final me dejó marcando ocupado, pero nada de SPOILERS.

“Drácula” consta de tres capítulos, cada uno construido como si fuese un episodio completo. El primero sigue las pautas de la novela. Jonathan Harker, tras huir del castillo en los Cárpatos, ha sido rescatado por las monjas de un convento en las afueras de Budapest. Ahí ha llegado Minna a buscarlo y eventualmente llega el Conde que deja la mortandad entre las aterrorizadas monjas.


Casi todo el cuento es un flashback de Harker relatándole a la Hermana Agatha lo ocurrido desde su llegada al castillo de su cliente hasta que salta al Danubio desde las almenas. Escenográficamente este es el capítulo más hermoso, con vistas al Castillo de Bran y a una Budapest antigua.

A medida que el anciano conde rejuvenece (gracias a la sangre de Harker) se vuelve más jocoso y a ratos solo nos reímos, aunque las escenas de terror no escasean. Las novias de Drácula en esta versión son monstruosas, el gore se manifiesta en monstruos, ataques vampíricos y detalles como el que Harker, que es zombi, no sienta una mosca que ha anidado en un ojo.

El segundo cuento transcurre durante el viaje de la Deméter que esta vez no es un navío de carga sino un barco de pasajeros. En primera clase, un distinguido Conde Drácula hace amistad (y algo más) con sus compañeros de viajecada uno con personalidad e historia propia y los va eliminando de uno en uno como si fuera un cuento de Agatha Christie.

El tercer episodio es el más polémico puesto que traslada a Drácula al Londres de nuestros días. El vampiro está fascinado con los inventos modernos principalmente los artefactos domésticos que denomina “lujos”. Mayor fascinación ejerce sobre él, Lucy Westenra, la hedonista y osada Party Girl que se convierte en su penúltima novia. Lucy que, para demostrar su osadía, orina en un tarro de basura (lo que hay que ver) no le teme a nada, ni siquiera a la muerte. Eso deslumbra al Conde.

A pesar de todas estas novedades,  la serie ha tenido bajo rating, y mucha queja tanto de críticos como del público. Mas allá de su final ininteligible e imposible, les molesta el traslado del vampiro al mundo moderno.  Sobre todo, he oído protestas puristas de que “no sigue el libro”. Sorprende ese reproche, teniendo en cuenta todas las aberrantes adaptaciones de clásicos que hemos visto últimamente. Y no recuerdo esa incomodidad en las críticas de versiones exitosas, pero que no se apegan al libro, como la del 76 y la de Coppola.

Es que estamos acostumbrados a un vampiro siniestro tipo Lugosi o Sir Christopher Lee; o a un archicriminal lleno de sex-appeal como lo encarnó Langella con cabellera al viento y afrodisiaca mirada siciliana; o el torturado y romántico Drácula de Gary Oldman.  Pero este vampiro socarrón más recuerda a George Hamilton en “Love at First Bite”.  Ósea, es una parodia. Carece de la dignidad que le otorgara Bram Stoker. Puedes cambiar la historia, pero no al personaje.


Al final me quedo con lo dicho por Jaime Fa de Lucas en Culturama que la ha llamado “un pasatiempo” con “fragmentos aceptables”, pero que,  en realidad es “una mediocridad dispersa” muy alejada de la adaptación revolucionaria prometida,.

¿Has visto esta nueva versión de Drácula? ¿Te gustó?  

Sabrina, Reina Infernal
La Segunda Temporada deja a Sabrina en un serio brete. Tras pasarse un año en la Academia de Artes Invisibles sin conseguir su propósito de derrocar al Señor Oscuro y a su patriarcal director, Padre Blackwood, Sabrina adquiere sorpresivamente un grado de omnipotencia que, a pesar de todo su fervor mesiánico, nada bueno augura para la brujita. Todo acaba en tragedia. El Padre Blackwood se crea su propio culto y, en onda Jim Jones, envenena a los feligreses. lo último que supimos es que huyó con sus gemelos. Ambrose y Prudence lo andan buscando.

Entre Lilith y las Spellman vencen al Dark Lord y fundan una iglesia que honra a Lilith (a ver si les va mejor que en “True Blood”). El precio es que Nick Scratch acaba en los infiernos y ahora le toca a Sabrina rescatarlo.

La Tercera Temporada comienza con un descenso a los infiernos que difiere bastante de la catábasis de los antiguos y más recuerda a la búsqueda del Mago de Oz (por algo un Tin Man atacó a Harvey). A diferencia de Orfeo, Sabrina logra rescatar a su pareja (que sigue siendo el envase en el que Satán está encarcelado), pero como Ishtar, debe pagar un fuerte precio: aceptar convertirse en Reina de los Infiernos. Es su herencia, ya que la brujita descubre que Lucifer es su verdadero padre.

La temporada ha estado complicada con Prudence convertida en el Highlander venciendo a su padre en las riberas del Loch Ness; con Sabrina recolectando almas de quienes las vendieron a papi Satán; y con unos escarabajos diabólicos que han quitado la salud a lo que resta del alumnado de la Academia.

Entretanto, Sabrina ha tenido que luchar contra Calibán (su nuevo interés romántico) por el trono y apoyarse en la pobre Lilith convertida en regente infernal. Nuevas mitologías han entrado en juego como la necesidad de recobrar parafernalia bíblica y la inclusión de los paganos con su afán de apresurar el regreso del Hombre Verde.
Paganos y un Wicker Man verde

Un consenso entre los fans es que uno de los problemas de esta temporada ha sido retornar “Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina” a su nicho de serie juvenil lo que no ha sido una medida tan sensata como se esperaría. La música ha sido parte integral de Sabrina desde el comienzo, pero esta temporada tenemos números musicales a cada instante. Algunos cursilones como el himno de la Luna de la Liebre y otros estridentes, como las composiciones de la banda de garaje integrada por la pandilla mortal de Sabrina que por estruendosos deberían ser contratados por la ciudad infernal de Pandemonio.
Sabrina cantandole a una liebre

¿Luego, qué onda es esa de Sabrina porrista? Soy de las que creen que la magia existe hasta en lo más mundano, pero integrar un equipo de cheerleaders a los esfuerzos brujiles de Sabrina fue como un poquito too much.

Lo que si nos ha quedado claro es que Sabrina maneja sus poderes con la egolatría y torpeza de una adolescente. Vaya que es buena para meter la pata la brujita, y no aprende. Además, como le gritó Nick “todo tiene que girar en torno de ti” y eso que Sabrina intenta ocultar su narcisismo con lo que la tía Zelda denomina aptamente “complejo de salvadora”. Es tal el consenso de que ese complejo afecta a Sabrina que ya los críticos la comparan con la Madre de Dragones.

Por otro lado, ese ánimo de retornar al estilo juvenil ha funcionado mejor en uno de los más discutidos aspectos de la serie, la sexualidad adolescente o tal vez la falta de ella. En otras temporadas hubo quejas por las orgias de la Academia y de cómo presentaba una imagen de colegiales más calientes y fornicadores que los de “Elite”.

Ahora con esta tendencia de los paganos de sacrificar vírgenes hemos reparado en la cantidad de inexpertos (sexualmente hablando) que abundan en Greendale comenzando por Sabrina. Aunque la vemos encamada, y en paños menores, con Nick, la brujita asegura a sus tías “no pasó nada y no hablaré más del tema”. Mas tarde cuando confronta al novio por su infidelidad, Nick le chilla que ella no sabe ofrecerle consuelo sexual.

La tía Hilda ya no califica para sacrificios, tras una temporada de “hacer cosita” con el Doctor Cerbero, este ha quedado tan satisfecho con esta gordita que descuella en la cama como en la cocina, que ya le ha presentado un anillo de compromiso. Solo que en esta temporada Hildy se vuelve literalmente “una devoradora de hombres”. La que anda por ahí muy confundida y no solo por su falta de experiencia sexual es la pobre y virginal Miss Wardwell a la que Lilith le devolvió el cuerpo (con himen intacto), pero no la memoria.

Y la virginidad no es prerrogativa del sexo femenino. Como ha descubierto Robin Goodfellow, Theo/Susie también es un/una/une/unx “vestal”. Por último, Harvey es tan virgen como sus amigas y aunque Roz parece más experimentada, igual como hija de un clérigo no puede pasar la noche afuera. En su intento de acercar la serie a un público juvenil, “Sabrina” toma un cariz más responsable al mostrar a jóvenes que no tienen sus apetitos como prioridades.

Eso no quiere decir que la serie abogue por la castidad. De pansexual, Ambrose ha pasado a hetero en relación exclusiva, pero fogosa con Prudence. Tendremos beso lésbico de Tía Zelda con una Mambo vudú, y Nick traumatizado, tras ser violado por el suegro, entra en tríos bisexuales para explorar su lado masoquista, toda cortesía del burdel privado del incorregible Dorian Gray.

Hubo un solo punto en que me incomodé con Aguirre-Sacasa y es en la representación negativa de los paganos. Vale lo hecho con los satánicos, por más que estos chillen. A lo largo de la historia, y en la crónica roja del pasado y presente, muchos cultos que se autodefinen como “satánicos” han sido declarados culpables de crímenes y otros delitos. Diferente es el caso de los paganos que hoy son un grupo marginal, a lo más excéntrico, pero inofensivo.

“Paganos” es como las religiones monoteístas calificaron a las politeístas. Eso quiere decir que hoy en día se puede calificar como paganos los seguidores de religiones de la India y del Lejano Oriente, el animismo de nativos americanos y de cultos africanos al igual que a los wiccanos, neo druidas u otros grupos que salieron a la luz en el crepúsculo de la New Age del Siglo XX.
Paganos modernos

A Aguirre-Sacasa le gusta combinar mitologías y a sus paganos los tiene entonando oraciones en gaélico y celebrando Ostara, pero entre sus huestes se cuentan Pan, Circe y una gorgona. Mas encima, los paganos de Sabrina son malos pésimos, dados a sacrificar vírgenes, a petrificar a sus enemigos y a transformarlos en animales.

La subtrama pagana se vuelve una combinación de Percy Jackson con “The Wicker Man”.  Los paganos de hoy en día no sacrifican ni un escarabajo, y en general son medioambientalistas así que no hay necesidad de hacerles mala prensa e invitar a que caigan sobre ellos haters sedientos de sangre, que tanto abundan en este mundo.

Otro error de esta temporada ha sido la presentación de las brujas no-alineadas. En medio de una crisis, en que la parroquia de la Iglesia de la Noche ha sido casi aniquilada por las iras conjuntas del Dark Lord y del Padre Blackwood, y que enfrentan un ataque pagano, la única solución parece ser recurrir a hechiceras marginales que no son parte de ningún coven (no me gusta la palabra “aquelarre”). En ingles las llaman hedge witches que en realidad es un término para “practicantes solitarias”, curanderas, herbolarias, comadronas rurales, etc..
Hedge witches según "The Chilling Adventures of Sabrina"

La serie, en cambio, trae (con excepción de Mambo Marie) brujas de cuentos, medio monstruosas y llenas de rencor porque cabales establecidos como la Iglesia de la Noche las desprecian y no las admiten en sus filas. Por el contrario, en la realidad, las solitary practicioners han optado por no ser parte de gremios o círculos mágicos precisamente para evitar las luchas de poder, las intrigas y politiquerías que caracterizan a los covens.

 Tampoco creo que Mambo Marie califique como Hedge Witch siendo una sacerdotisa vudú que opera dentro de un culto y aunque practica un catolicismo sincretista también cree y adora antiguas deidades africanas. “She is Catholic!” exclama asqueada, Tía Zelda.


Mambo Marie

Por último, ese hechizo de separación que Prudence aconseja practicar a Sabrina es inútil, no sirve. Tal como no hay magia que te obligue a querer o ser amada por nadie, tampoco hay hechizos que te saquen a alguien de la cabeza o del corazón.

¿Qué te ha parecido esta tercera temporada de “El Mundo Oscuro de Sabrina”?



martes, 7 de enero de 2020

The Witcher: Yennefer y el Postfeminismo de Los Ochenta



En una serie colmada de princesas badass, guerreras y hechiceras superpoderosas, destaca Yennefer y no solo por su magia abre-portales. La insatisfacción que siente al llegar a la cuarentena, la desilusión ante lo logrado, y el arrepentimiento de lo que ha sacrificado, la hacen parecerse a muchas mujeres modernas. Además, su búsqueda por curas mágicas para recuperar su útero la acerca a las denuncias que Germaine Greer elevase en su Sex and Destiny, un libro clave del postfeminismo ochentero.

Germaine Greer y el Postfeminismo de los 80
Antes que todo tengo que hablar de lo que es postfeminismo puesto que ha habido varias etapas con ese nombre. En el momento actual vivimos tres maneras de ser feministas. La más conocida es la Me Too, una combinación de guerra de los sexos Sesentera con conceptos victorianos en los que la mujer es una víctima constante. Otra es el muy legitimo feminismo del Tercer Mundo que se basa en que hay países donde las mujeres siguen sometidas a prejuicios y opresiones que ya no existen en Occidente.

En USA, las feministas afroamericanas han abrazado esta vertiente infiriendo que ellas siguen siendo discriminadas tanto por su condición femenina como por su color de piel. A este grupo se han unido mujeres asiáticas, árabes y latinas en lo que se conoce como “Feminismo de Color”.

A pesar de que muchos de los radicalismos que vemos hoy en torno al feminismo derivan de la Tercera Ola del movimiento, también hay en la abigarrada amalgama de opiniones que mal define esta etapa, algunos puntos de vista que conforman mi credo feminista cifrado en ideas Ochenteras. Me refiero a las opiniones expresadas por feministas como Naomi Wolf, Camille Paglia (con cuentagotas) y Germaine Greer (a partir de Sex and Destiny). Es precisamente este último libro el que influencia mi perspectiva de Yennefer.

A mediados de Los 80, las mujeres estadounidenses nos detuvimos a reflexionar sobre los logros adquiridos. Aunque conscientes de que todavía había vallas que sobrellevar, llegamos a la conclusión de que al compararnos con nuestras abuelas y con nuestras congéneres en el Tercer Mundo, debíamos sentirnos agradecidas y satisfechas. Sobre todo, porque ya se veía que ciertas agendas feministas, en vez de ofrecer más oportunidades, estaban cayendo en reglas absolutistas que mermaban nuestras opciones.

Como profesional y activa participante en esta sociedad angloparlante, diversa y primermundista, mi preocupación radicaba en si como mujer liberada yo debía ser sexualmente promiscua;  renegar de conceptos como ser femenina y elegante; enfocarme en una carrera antes que en  encontrar un compañero; tener hijos dentro de una familia o para criarlos sola; rechazar mis valores culturales porque el feminismo radical los consideraba patriarcales,; ver a los hombres no como posibles compañeros sino como enemigos, etc.. Lo que entonces se llamó postfeminismo nos ayudó a tomar decisiones a las que teníamos esas dudas solo para que el tiempo volviese con extremismos que creíamos fenecidos.

Una gran duda para las mujeres Ochenteras era el alcanzar ese ideal imposible de la mujer “que lo tiene TODO”; la carrera perfecta, el cuerpo perfecto, el matrimonio y la familia perfectos. Obvio que era un ideal inalcanzable y las mujeres buscaban soluciones parciales. Postergar los hijos para una edad en la cual hubiesen alcanzado el éxito o tratar embarazo y maternidad como si fuesen estados “naturales” que en nada debían interrumpir u obstaculizar un estilo de vida “activo”.

Recuerdo haber conocido mujeres que decían cosas para mi inconcebibles como “no puedo ausentarme del trabajo así que he encontrado una buena sala cuna, trabajaré hasta el parto y solo me tomaré tres días de descanso” o “me voy a casar con X porque gana menos que yo y su trabajo es menos importante que el mío, así me aseguró que se quede en casa cuidando de los chicos.”

El problema es que ninguna planificación preveía inevitables obstáculos desde niños que nacían enfermos y necesitaban de mayores cuidados, hasta la imposibilidad de gestar hijos. En 1984, Germaine Greer publicó un libro (hoy casi censurado) titulado Sex and Destiny: The Politics of Fertility. En él, la famosa feminista se conmiseraba de como las mujeres en Occidente descubrían que su liberación sexual les había costado una disminución de fertilidad fuese por abortos mal hechos o controles de natalidad inadecuados.

De ahí pasaba a un elogio de cómo se vivían el sexo y maternidad en culturas no occidentales. La australiana, que estaba viviendo en Toscana en ese entonces, comentaba que el ideal de belleza del campesinado italiano difería del occidental en que se privilegiaba a la mujer de formas voluptuosas. La conclusión de Greer es que en Occidente se había entablado una guerra en contra de los (útiles) valores familiares puesto que el Primer Mundo no amaba sus hijos como los amaban los pueblos mediterráneos o del Tercer Mundo.

Hoy ese libro es rechazado porque presenta un ataque a los intentos de Occidente por coartar la explosión demográfica del Tercer Mundo, un proceso que Greer consideraba iba a destruir el ultimo espacio donde la maternidad y la vida familiar se vivían de manera óptima. Sin embargo, mientras veía la saga de Yennefer desarrollarse linealmente en pantalla recordaba el libro de Greer y muchas cosas que oí, leí y viví en esa etapa postfeminista (a propósito, postfeminismo también se aplica a cambios en el movimiento en los 90 y hoy. Por una vez aplaudiría que inventaran nombres).

Yennefer, La Que Lo Quería Todo
Según tengo entendido, en la serie solo el encuentro de Yennefer con Geralt de Rivia es canon. Aunque basado en cosas que Sapkowski hace decir a la hechicera en sus libros, su relato ha sido confeccionado por diversos guionistas y aprobado por Lauren S. Hirsch, la mandamás en esta producción.

No es que en los libros no exista esta obsesión de Yennefer con tener hijos. Solo que el modo en que la serie lo desarrolla resulta más significativo y conmovedor. En el pasado, Los Lectores también se han sentido intrigados ante esta fijación maternal de la hechicera y han encontrado algunas respuestas para ella:  a) Como muchas mujeres de “cierta edad” Yennefer se siente dominada por el reloj biológico b) quiere conseguir lo imposible, lo inalcanzable c) quiere demostrar que puede ser mejor madre que la propia d) Sapkowski cree que todas las mujeres quieren hijos.

En la serie Yennefer comienza como alguien que no tiene nada y es considerada “nada” tanto por sus vecinos como por sus padres. Un día descubre que es capaz de abrir portales mágicos. Así conoce a Istredd, este avisa a Tissaia que compra a la jorobadita y la lleva a estudiar a Aretuza, una academia de magia.

Algo que no entendí es por qué Yennefer siente rencor por Tissaia y le desagrada tanto estar en Aretuza. Para Harry Potter la oportunidad de ir a Hogwarts y huir de su horrible familia es causa de alegría. Con Yennefer pasa lo contrario, hasta intentar suicidarse. Solo la salva el convertir su desesperación en ambición. Para Yennefer la magia es la única manera de alcanzar lo que ambiciona. Como Meñique, la jorobadita lo quiere “todo”.

Entremedio sigue visitándose con Irdredd de quien se hace amante. Hay una escena en que ambos están desnudos haciendo el amor. He llegado al punto que todo sexo gráfico y todo desnudo me desagrada si no tiene propósito. Esta escena lo tiene a raudales porque solo así vemos la joroba de la brujita. Aquí vemos que una mujer que no corresponde a los cánones de belleza establecido puede también disfrutar del sexo, que su deformidad facial y corporal no impiden a su amante gozar de su compañía.

Llega el momento de la graduación y de que las alumnas más aventajadas consigan puestos importantes, pero el físico le hace una mala jugada a Yennefer. Nunca podrá alcanzar un puesto en una corte notable con esa chepa y esa cara chueca.

Ha llegado ese momento por el que toda mujer moderna pasa en que debe ver sus prioridades y examinar sus alternativas. Yennefer pudo huir con Istredd y formar una familia como él le ofreció; pudo aceptar el puesto menor que le estaban ofreciendo; pudo irse por el mundo y buscar empleo como bruja de pueblo como lo está haciendo cuando la encuentra Geralt de Rivia en el quinto capítulo.

Sin embargo, Yennefer rechaza todas esas posibilidades. Ella no quiere ser la ayudanta de un mago-marido, no quiere empleos mediocres, ella lo quiere TODO y para eso debe ser hermosa. De pronto su decisión pasa a ser la misma de la protagonista de “Sin Tetas no Hay Paraíso”, y como Carmen, Yennefer llegará a arrepentirse de su decisión.

Yo sé que en libro la esterilidad brujil es para impedir que mujeres con poderes tan grandes alumbren hijos aún más poderosos. También sé que, en el libro, Yennefer se somete (con permiso de Tissaia) a varias cirugías para verse más guapa. En la serie han hecho este proceso más dramático.

Yennefer obliga, incluso extorsiona, a un mago para que moldee su cuerpo y su rostro. El mago le suplica que lo piense, le recuerda el precio que debe pagar, su matriz. Yennefer es implacable, hasta se niega a tomar un anestésico. Después de una dolorosísima transformación, Yennefer esbelta, derecha y de curvas perfectas entra al salón y se queda, con lo que considera el mejor empleo. ¡Toma Tissaia! Yennefer es ahora dueña de su destino ¿pero valió la pena?


En el cuarto episodio, vemos a Yennefertodavía guapísima a los 45 años —sintiéndose un poco frustrada. Alcanzó sus metas, pero le falta algo. Como muchas, ha encontrado que algunos sueños no traen ni satisfacción ni felicidad. Su desilusión con el servicio de la realeza cristaliza en el empleo de guardaespaldas de una odiosa e idiota reina cuyo marido la quiere muerta ya que es incapaz de darle un hijo varón. La cúspide del descontento de la bruja es el abandono de sus protegidas, madre e hija.

Ante el cadáver de la beba, Yennefer filosofa que para una hembra es bueno morir antes que llevar una vida sin alternativas. Fue la primera vez que sentí un mensaje contemporáneo de “victimismo femenino” en un cuento donde las hechiceras son más fuertes que los reyes y donde las princesas descubren que el poderío reside en su voz no en espadas ni en modelos masculinos.

A la princesita muerta le esperaba una vida de privilegios y opciones impensadas para una porqueriza jorobada. Pero la misma Yennefer ha adquirido facultades, cumplido expectativas y contemplado perspectivas que no le son posibles a muchos hombres. No puede culpar a un esquema social por sus frustraciones o remordimientos personales.

En Búsqueda del Útero Perdido
En el quinto capítulo encontramos a Yennefer convertida en bruja y mandamás de un pueblo donde no se toleran la de su calaña. La hechicera sigue ambicionando más, y ahora se trata de apoderarse de la omnipotencia de un genio. Para salvarla, Geralt de Rivia pide un último deseo que acaba con la bruja montada en su musculosa anatomía. De ahí que comencé a no sentir simpatía por Yennefer, o al menos a no entenderla.

Es más que el hecho de que Cavill y Chotra (y muy lindos ambos) tienen menos química sexual que Abbot y Costello. Es más que en su próximo encuentro vomiten diálogos tan clichés que pareciera que el guionista (son diferentes libretistas para cada episodio) estuviera copiando a Corín Tellado, es que no sé lo que Yennefer quiere o lo que busca y me disgusta su manera de hacerlo.

Al final del episodio 6, Gerald se da cuenta que Yennefer se ha unido a la caza del dragón porque cree que eso ayudará a su fertilidad. Para el Witcher es inconcebible que la bruja quiera un bebé e incluso opina que ella no será una buena madre. Yennefer le responde “quiero ser importante para alguien”. Esto nos remite al capítulo cuarto. Ahí la reina a la que la hechicera servía comenta que no es importante para su marido, pero para su bebé “soy la persona más importante del mundo”. 

A pesar de que no considero que sea la mejor razón para embarazarse, ahí comprendo la soledad y la desilusión de Yennefer, lo que habría que saber es cual nace de la otra. Lo triste es que Yennefer al final del episodio descubre que el amor que siente por Gerald de Rivia es producto de magia. Eso la enfurece, supongo que porque la hace sentir más inútil y fracasada.

Como ocurre con muchas mujeres a cierta edad cuando enfrentamos la interrogante de qué hicimos mal, qué conseguimos lograr y cuál debería ser nuestra próxima prioridad, Yennefer decide regresar a sus orígenes.  Primero, va en busca de Istredd, a quien una vez despreciara. El arqueólogo ahora trabaja para Nilfgaard y ya no la necesita. Con el rabo entre las piernas, Yennefer enfila camino hacia Aretuza.

En su alma mater están preparando una guerra en contra de Nilfgaard, pero a Yennefer le importa más soliviantar los ánimos del alumnado en contra de Tissaia. En vez de advertir a las chicas de no cometer sus mismos errores, acusa a la academia y al consejo de brujos de esterilizar a las estudiantes graduadas sin su conocimiento.

Una estudiante parece expresar el sentir de sus compañeras cuando desafía los consejos de la bruja fracasada, argumentando que a Yennefer le haya ido mal no significa que eso ocurra con todas. Es cierto, solo Yennefer está descontenta y eso tiene que ver con las decisiones que tomó.

A pesar de que la maternidad y la fertilidad son temas importantes de “The Witcher”, en la serie no hay paragones de amor maternal. La reina del capítulo cuarto entrega a su bebé al asesino para salvarse ella, Calanthe era una madre odiosa; la madre de Geralt lo abandonó. Aunque es evidente que Tissaia quiere a Yennefer como su hija no se lo ha demostrado. Es solo cuando implora su ayuda que Yennefer acepta entrarle a la guerra mágica.

En la fantasía moderna se han creado dos tipos de heroínas, las guerreras y las brujas. Al compararlas, la segunda pierde. Incluso autores fuera del género como Hilary Mantel, y Michael Hirst en “Vikingos” han privilegiado a la guerrera por sobre mujeres "magicas"y madres. En el sexto episodio vemos a Yennefer enarbolar una espada. Hasta en eso la han hecho excepcional, aunque en el campo de batalla, el fuerte de la hechicera son las retiradas estratégicas.

Pero a pesar de todos sus dones, y de haber vivido experiencias negadas aun a las mujeres del Siglo XXI, Yennefer se siente defraudada, infecunda, inquieta e infeliz. ¿Pudo haberse evitado ese estado tan desolado? ¿Qué opciones debió haber escogido?  ¿Cuál es la moraleja de su historia?