jueves, 19 de marzo de 2026

Rosemary’s Baby en Todas sus Manifestaciones

 

 


Por petición de la Reina Alucarda voy a adentrarme en mi filme favorito de terror, El Bebé de Rosemary o La Semilla del Diablo. Mas allá de la interpretación y reseña quisiera explorar sus orígenes en la novela homónima de Ira Levin y las repercusiones del filme en la vida de sus participantes y en la cultura popular. Hora es de comenzar ya que hay mucho que hablar.

Ira Levin y su carrera Pre-Rosemary

Rosemary’s Baby es una novela de terror casi por accidente No se parece en nada a la obra anterior de Levin y sin embargo lo encaminó a escribir otras novelas famosas de tema fantástico como lo serian The Stepford Wives y The Boys From Brazil. Ateo profesional, aunque profundamente influenciado por la cultura judía neoyorquina, Ira Levin nació en Manhattan en 1929, en el seno de una familia judía, de origen ruso y de buen pasar económico. Asistió a buenas escuelas como la prestigiosa Horace Mann y se graduó de la Universidad de Nueva York con un doble título en filosofía y literatura.

Aunque ya en la universidad había sentido las ansias de escribir, la Guerra de Corea lo llamó a filas en 1953. Antes, alcanzó a publicar su primera novela A Kiss Before Dying, un Noir sobre un chico que llega hasta el asesinato para asegurar su futuro. En 1954,  esa novela ganó el premio Edgard como mejor novela de principiante.

Acabada la guerra, Levin no se interesó en escribir otra novela. En 1956 (el año en que A Kiss Befare Dying fue llevada al cine) inicio una exitosa carrera en Broadway. Para 1960 su adaptación de No Time for Sargents había saltado del escenario a la pantalla grande y de ahí se volvería serie de televisión. En 1960, el ya reconocido Levin se casó con Gabrielle Aronson con quien tendría tres hijos.

                                                    Ira y Gabrielle Levin

Como todo escritor famoso, Ira Levin tuvo sus baches. En 1965 se le ocurrió incursionar en la comedia musical, pero Drat the Cat! fue un fracaso teatral. Con cuentas que pagar, tres hijos que mantener y un matrimonio que ya estaba resquebrajado, el dramaturgo decidió volver a la novela. Esta vez sería una historia de terror psicológico que seguiría a una mujer a través de sus nueve meses de embarazo en el que un feto monstruoso la devora por dentro.

Originalmente, Rosemary iba a ser preñada por un alienígeno, pero Levin encontró que se parecería mucho a The Midwich Cuckoos, novela de ciencia ficción que había sido un superventas en 1958. De ahí surgió su decisión de que Rosemary fuese portadora de “la semilla del diablo” como se llamaría el libro en castellano. “Estaba pegado a Satan” recordaría el autor años más tarde “en quien no creo para nada”.

Aun así, Levin se zampó un par de libros de magia negra y blanca, de la cual surgiría la filosofía de los satanistas que andan en busca de la madre perfecta para el vástago de Lucifer. Mucha de la mitología del libro fue inventada por Levin como el uso de la hedionda raíz de tannis que Rosemary debe llevar en un guardapelo colgada del cuello durante su embarazo.

                                     

Magia Negra en Manhattan

La obra fue concebida como una sátira, eso explica que sea divertida, con momentos casi jocosos. Sin embargo,  el terror que se desprende del doloroso embarazo y de las dudas que asaltan a la embarazada, quien termina casi paranoica antes de descubrir que ha caído en un cabal de brujos, es también evidente.

Lo que distingue esta novela de  un relato de terror común es que no tiene lugar en oscuros paramos o lejanas mansiones góticas sino en pleno Manhattan a la luz del sol. Es uno de los grandes méritos de la novela y motivo para el que me sea placentero leerla. Es una novela sobre New York City.



Rosemary y su marido rentan un apartamento en el distinguido edificio Bramford. Fácil es reconocer, por la descripción de la fachada, que se trata del Dakota uno de los primeros rascacielos de la Gran Manzana. Después de visitar el departamento, los Woodhouse cenan con su amigo Edward “Hutch” Hutchinson en el famoso Rusia Tea Room, y de ahí vienen otras alusiones a espacios que los neoyorquinos conocemos o recordamos.

Para mayor realismo, Levin lo situó en un año especifico, 1965, con menciones a eventos como la visita del Papa Pablo VI a la ONU, la huelga de periódicos, etc. Incluso deja caer nombres de piezas teatrales que podían verse en Broadway. El crear este escenario reconocible aumenta lo inconcebible, que en medio de lo cotidiano puedan ocurrir ritos satánicos, haya un aquelarre que abarque gente importante como el distinguido ginecólogo Abe Sapirstein, y que se invoque al Coludo para que venga a violar y embarazar a una mortal .

 Con toda esta novedosa trama, el libro encantó al agente de Ira Levine, a los editores de Random House, y a William Castle, el famoso productor de filmes de horror que compró las galeras antes de ser la novela publicada. Conociendo el cine camp de Castle, con filmes de Vincent Price como The Tingler y hag-exploitations como Chaleco de Fuerza de Joan Crawford a su haber, Levin no estaba muy contento con tenerlo a cargo de su obra. Por suerte, Castle reparó en que este iba a ser un filme de alto presupuesto y que el carecía de los medios necesarios para hacerle justicia.



Entra Roman Polanski

La movida siguiente de Castle fue crucial. Se acercó al hoy legendario Bob Evans que acababa de ser nombrado jefe de los estudios Paramount. Evans quedó encantado con el libro y decidióotra movida magistralcontratar a un joven director polaco que era activo en el cine francés. Bob Evans, la Paramount y Roman Polanski serían los hados padrinos del Bebé de Rosemary. El nombre de Castle sigue apareciendo en los créditos, pero el filme no lleva su sello. Lo primero que hizo Polanski fue encerrarse un par de semanas con la novela en mano y emergió con un libreto apegadísimo al original.

Estoy haciendo un experimento, veo un trocito del filme y lo comparo con el libro. Es increíble lo poco que cambió Polanski. Ha evitado nombres propios de personajes reales como Anna María Alberghetti (a la que Rosemary confunde con Terry) o Los Kennedy (en su pesadilla de violación Rosemary cree estar viajando en un crucero con Jackie y su familia política). La primera aparición de Hutch en el filme es en su piso no en el Russian Tea Room como ocurre en el libro (tal vez porque filmar en el restaurante costaría más dinero). También se han abreviado diálogos y saltado situaciones innecesarias como la estadía de Rosemary en la cabaña de Hutch.

El libreto  fue aceptado por Evans. Ahora era cuestión de elegir el reparto. Nuevamente Polanski tuvo carta blanca para elegir a los secundarios, entre los que destacó Minnie Gordon, que tenía solida carrera en Hollywood y Broadway que la ayudarían a convertir el rol de Minnie Castevets, la vecina satánica de Los Wodehouse, en todo  un tour de forcé.




Para el rol del esposo traidor de Rosemary se acercaron a Robert Redford que, por suerte ,lo rechazó. Se estaba hablando de Jack Nicholsom, cuando Polanski recordó un actor que había conocido en Londres. John Cassavets aportó al papel el toque exacto para hacerlo retorcido, siniestro y a la vez que entendamos por qué Rosemary lo adora y por qué le toma tiempo caer en cuenta que está en colusión con sus vecinos.

Triunfo y Tragedia de Mia Farrow

Para el papel protagónico, Roman Polanski quería a su entonces novia Sharon Tate. Bob Evans quería un rostro más comercial como Patty Duke o Jane Fonda. La decisión de escoger a Mia Farrow parece contradictoria con esos deseos, pero se debió a dos motivos. A sus  23 años, Mia solo había hecho un film, The Guns of Batasi, y en Inglaterra, pero era un rostro reconocible para el público telespectador gracias a su protagónico en la telenovela La caldera del diablo (Peyton Place).

Agreguémosle que su boda del año anterior con Frank Sinatra todavía estaba dando que hablar. Fue difícil convencer a Mia de aceptar el rol puesto que le había prometido al marido no volver ante las cámaras. Francis Albert había llegado a un compromiso prometiéndole el papel femenino principal en su nuevo proyecto, The Detective. Cuando supo que su mujer lo iba a desobedecer, Sinatra montó en colera y la amenazó con un divorcio.  Mia no le creyó, pero en medio de la filmación, le llegaron a la actriz los papeles del divorcio. Con Ol ‘Blue Eyes no se jugaba.



Mia escogió ser actriz antes que esposa y lo dio todo en su papel que para mí es su mejor interpretación junto a Daisy Buchanan en El Gran Gatsby y Cecilia en The Purple Rose of Cairo. Es que Polanski era un director exigente. Supo utilizar la desolación de la actriz para representar el aislamiento y la preocupación del personaje ante un embarazo de pesadilla. La obligó a adelgazar para parecerse al personaje que durante los primeros meses de su embarazo está siendo devorada por el feto diabólico.

En una escena en que Rosemary debe encontrarse con alguien, el director polaco hizo que la actriz deambulara en medio del tráfico de Manhattan para utilizar su angustia. Aunque Mia sabía que Rosemary iba a ser violada por Lucifer, Polanski le ocultó los detalles para conseguir una expresión genuina de miedo y sorpresa.

¿Brujos en Manhattan?

Yo descubrí la existencia de ‘Rosemary’s Baby” gracias a esa maravillosa revista chilena llamada Ecran. Ahí solían narrarnos tramas de películas en un formato de fotonovelas. Así pude “ver” filmes donde no me dejarían entrar al teatro ya que en Chile había entonces un riguroso censor decidiendo que  podían ver los chicos . Uno de esos filmes fue El Bebe de Rosemary tan detallado en la revista que el único spoiler que se guardaron fue lo que la protagonista encuentra en la cunita del departamento vecino. Yo me imaginé que era un monstruito, aunque a mis nueve años no comprendía que se trataba del vástago del Coludo.



Le pasé la revista a mi padre que dijo que él conjeturaría que en la cuna solo estaba el esqueleto del bebé ya que los satanistas también eran caníbales. Una teoría interesante que acabó cuando mis padres fueron al cine. Si bien mi madre se conmocionó ante el dilema maternal del personaje de Mia Farrow, mi padre se sintió defraudado. Dijo que no se creía un cuento de bujas en pleno Manhattan.  Curioso, que el mayor mérito de la obra no lo convenció

Una década más tarde, ya viviendo en Nueva York, tuve la oportunidad de ver Rosemary’s Baby en la televisión abierta (con un mínimo de censura) y de leer el libro. En uno de esos clubs de libros en que por 10 o 25 centavos comprabas hasta tres libros nuevos en ediciones de tapa dura, adquirí un trio de novelas de Ira Levin que abarcaban A Kiss Before Dying, The Stepford Wives y Rosemary’s Baby. Las otras novelas no me interesaron, el único otro libro de Levin que me ha impresionado es The Boys From Brazil.

Leer el libro (que no es largo) me llevó a escenarios conocidos de Nueva York, a la vez que me demostraba lo fiel que era el filme al texto original.  Aunque los interiores fueron grabados en Hollywood (y la pesadilla de Rosemary en Santa Catalina), existe un equilibrio perfecto con los exteriores rodados en Manhattan, con tomas de Central Park y la fachada del edificio Dakota que con excepción del nombre es el modelo de Levin para el Bramford.

Con una peluca, Mia (que ya tenía el cabello corto) hizo la transición de Rosemary de un corte paje al pixie que adopta durante su embarazo. Mas allá de peinados, el filme recrea el vestuario  de manera impecable.


Cambio de peinados de Rosemary


Gracias al filme, yo aprendí (todavía internándome en el mundo de un nuevo idioma) términos de moda como lo que era una hostess gown (el vestido de noche que Rosemary usa para una fiesta en su piso); s; y pijama suit para el dos piezas de terciopelo rojo que tiene puesto la noche en que concibe al hijo de Lucifer.

                                          Traje perfecto para ser violada por Lucifer


 Hasta la comida descrita por Levine es reconstruida ante las cámaras. Se siente lo reseco y duro del bistec y el pastel que los Castevets sirven a los Wodehouse en su primera visita a su apartamento. El batido que Minnie prepara para la embarazada Rosemary parece realmente un smoothie aguado de pistacho .




En cuanto a una de las escenas más pavorosas del libro que tiene a Rosemary comiendo carne cruda en los primeros meses de embarazo, la traducción al filme es igualmente terrorífica . La vemos masticando interiores de pollo crudo salpicada de sangre y  observando su reflejo en la tostadora eléctrica, tal como lo describe el autor en su novela.




Un efecto de reducir los diálogos fue que Rosemary se ve más vulnerable, más sumisa, más manipulada por su marido, por sus vecinos y hasta por su ginecólogo. El tema del mal marido y el uso del gaslighting incluso antes de ponerse de moda el término, es un leitmotiv de la obra de Levin. Sus esposos nefastos pululan por su página desde Travis dispuesto a matar a su mujer por dinero hasta los hombres de The Stepford Wives que preferían esclavas robots antes que mujeres de carne y hueso, pero Guy Wodehouse es el peor, el más irredimible de los esposos.



¿Maldición en el Set?

Rosemary’s Baby debutó en la pantalla grande en junio de 1968, el mismo año en que la novela ganó el Premio Pulitzer. Tristemente, a pesar de las muchas nominaciones, la obra maestra de Roman Polanski no recibió grandes premios. Únicamente, Ruth Gordon se llevó un merecidísimo Globo de Oro y un Oscar como mejor actriz secundaria.

Con el tiempo, la fama del libro y filme se ha convertido en “infamia” ya que se ha creado toda una mitología alrededor de sucesos siniestros e incluso de vibras satánicas en torno a la filmación o como secuela de esta. En realidad, la atmosfera incomoda y angustiante de la filmación puede haber sido percibida por la epidermis sensible de sus actores.

Se sabe que Ruth Gordon sintió vibras maléficas en el ambiente y trajo talismanes para proteger al equipo. Sin embargo, hay dos casos puntuales que ocurrieron un poco después de la película ya haberse retirado de las pantallas.

Me refiero a la masacre perpetrada por el Clan Manson en la mansión angelina de Roman Polanski donde, junto a cuatro otras personas, su esposa Sharon Tate fue apuñalada salvajemente a pesar de su avanzado estado de embarazo. Durante el juicio a Charles Manson y los miembros de su secta se habló de rituales satánicos.



Esto ocurrió en 1968, once años más tarde se volvía poner en tela de juicio la película cuando John Lennon, el ex Beatle, fue baleado fatalmente en el vestíbulo del Dakota (el verdadero Bramford). Lennon vivía en el Dakota como mucha otra gente famosa y ni Manson ni sus secuaces aludieron al filme como motivo de su matanza masiva. Aun así, la leyenda urbana de maleficios en el set ya estaba incrustada en la imaginación popular.


Ahora toca hablar de los derivados de la novela de Ira Levin, tenemos precuela, secuela y hasta una deplorable miniserie que no puede opacar el brillo de la película original.

El Legado de Roseary’s Baby: Las secuelas

Antes de morir, Ira Levin escribió una secuela The Son of Rosemary que le dedicó  a Mia Farrow. Podría haberse horrado el esfuerzo. Es una obra pueril con ínfulas de The Omen. Rosemary despierta de un coma solo cuando el ultimo miembro del aquelarre del Bramford ha muerto. Se encuentra que Andrew, su hijo, es ahora un cincuentón, un hombre importante que se dedica a la filantropía. Aunque Andrew se esfuerce por convencer a su madre que lo del Anticristo quedó en el pasado, pronto Rosemary se percata que al vástago de Lucifer solo le faltan los cuernitos para ser como su padre.

Menos aburrido y más convincente fue un telefilme que se titulaba Look at What Happened to Rosemary’s Baby (“Miren lo que ocurrió con el bebé de Rosemary”).  Este filme hoy tristemente olvidado, estrenó en la CBS en el otoño de 1976. La trama iniciaba con los esfuerzos de Rosemary por rescatar a su hijo Andrew de las garras del cabal Castevet. Por diez años, la pobre mujer había compartido su vida con los satánicos únicamente para estar cerca de su hijo.



En ese tiempo, había notado de que aun cuando al niño se le inculcaba maldad (lo hacían matar pollitos), Andy demostraba buen corazón. Aferrada a la esperanza de que puedan llevar una vida normal, Rosemary huía con el niño en un viaje a lo largo de los Estados Unidos. Su error era llamar a su marido para pedirle dinero. Guy, que en este tiempo se había convertido en estrella de Hollywood, no se tardaba en avisarles a los satánicos que llegaban al pueblo donde estaban Rosemary y su hijo.

Los perseguidos se ocultaban en una sinagoga ortodoxa donde las oraciones de la congregación impedían el acceso de los brujos negros. Al día siguiente, Rosemary hacía amistad con una prostituta que les daba albergue. Por supuesto, la trabajadora sexual estaba coludida con los satánicos y le robaban a Andrew a la madre . De Rosemary no se volvía saber nada, Andrew era criado por la prostituta que se volvía millonaria gracias a los satánicos.



Años más tarde, Andrew (que no sabía que era el Anticristo) comenzaba sospechar que había gato encerrado y decidía huir. En el camino, conocía a una doctora que lo ayudaba a descubrir el misterio, pero entremedio, lo seducía. Debido a que la seducción seguía las pautas de la violación de Rosemary (Andrew sentía que era Prometeo y que un águila le devoraba sus órganos) nos dábamos cuenta de que la doctora no era trigo limpio. Efectivamente, los satánicos estaban hartos de Andrew y querían ahora otra semilla del diablo, en este caso una nieta.

Aunque suene estrambótica y truculenta tengo un buen recuerdo de esta película y me ha gustado más que la nueva versión, ahora en formato de miniserie, de la novela de Levin, hecha por la NBC en 2014. Aclaro que mi disgusto nada tiene que ver con el que a Rosemary la interpreta una actriz de color, puesto que me encanta Zoe Saldaña.

El que se le hicieran cambios era de esperar. Guy ya no es actor; los Castevets son sofisticados expatriados, incluso el exceso de muertes y violencia no me descoloca tanto como que Rosemary no es Rosemary. De una ingenua católica de Omaha que ha crecido creyendo que debe obedecer a sus mayores y al marido, pasó a ser una destacada bailarina que gana más que Guy, que ya ha sufrió un aborto espontaneo y que en todos los aspectos es más despierta, mundana y empoderada que la protagonista original.



Lo que finalmente me hizo entender que solo conservaba de la novela el titulo fue trasladar la trama a Paris. Uno de los mayores atractivos de Rosemary’s Baby era ser una historia en y de Nueva York. Por algo, Levin se había esmerado en incluir lugares de la Gran Manzana combinándolos con eventos específicos que reflejaban el presente de la ciudad. Ese cambio geográfico hacia más patentes otras variaciones y como opinaron los críticos, no contribuían nada al trabajo anterior convirtiendo esta miniserie en otro relato más de terror.



Los productores no escarmentaban y hace dos años se les ocurrió hacer una precuela (WTF?) a la saga del Bramford, Apartment 7A. Yo ni la miré. ¿A quién le interesa conocer la historia de Terry Gionofrio, la candidata a ser madre del Anticristo que precedió a Rosemary? Parece que no a muchos, puesto que pocos han visto la saga de una Terry que poco se parece a la del libro.



Interpretada por Julia Garner (Ozark), ya Terry no es prostituta drogadicta, sino una estrella ascendiente del ballet que ve su carrera truncada por una lesión en el tobillo. Recogida y protegida por los Castevets, Terry cree estar encinta de un productor, pero cuando descubre quien es el padre de su hijo, se avienta por una ventana por donde debió haber sido seguida por la serie. Lo dicho, no hay manera de eclipsar a la obra de Polanski. Si no la conocen, deben verla.



jueves, 15 de enero de 2026

El Origen de Pennywise: It, Welcome to Derry (HBO)

 



En 1990, ni mi madre ni yo pudimos dormir después de conocer al bestial payaso de la miniserie It. Con ese antecedente, no quería meterme en Welcome to Derry, la secuela de It. Mas cuando Gato Rafel me advertía que estaba “muy fuerte”. Lo que he visto no me ha quitado el sueñoaunque la propensión al gore es evidente y exageradapero si me ha dejado un poco incomoda. Derry es un buen ejemplo de  fanfictión basada en la obra de Stephen King, pero su esfuerzo por crear una fama que llegue a la Generación Z la ha llenado de baches en los que el libreto se atasca a menudo.

La Desaparición de Mattie

El primer episodio es muy logrado y captura la esencia de King con ese pueblito que parece ilustración de Norman Rockwell, pero que esconde siniestros secretos. Comenzamos con un episodio del más puro horror. El pequeño Mattie decide huir de un padre golpeador ocultándose en el cine del pueblo. Cuando es descubierto prefiere marcharse del pueblo  haciendo autostop.



En medio de una noche nevada, le da un aventón la perfecta familia americana: padre, madre (embarazada) y dos hijos. Lo tratan con cariño y le ofrecen llevarlo hasta Portland, pero en el camino comienzan a portarse de manera extraña. ¿Lo más extraño? Que se vuelven a Derry. Mattie no recibe explicaciones más que carcajadas. Las puertas y ventanas del vehículo están con pestillo y el toque final es que la madre de familia da a luz un bebé monstruo que aparentemente devora a Mattie.

La acción pega un salto de varios meses. Nadie ha podido explicar que ocurrió con Mattie. Esto afecta a sus amigos Phil, Teddy y Lillie. Lo extraño es que estos niños eran “amigos clandestinos” del desaparecido. Los tres intentaron ocultar esa amistad ya que Mattie era “weird” y ya sabemos que los chicos “raros” nunca son aceptados socialmente en sus espacios escolares.

Ninguno del trio es muy normal. Phil, cuando no está espiando a la vecina, vive obsesionado con todo tipo de teorías de conspiración; Teddy es el hijo del rabino de Derry, en una época en que los judíos podían contarse con los dedos de una mano en pueblos pequeños. Lillie es la más compleja puesto que pasó una temporada en un manicomio tras la horrible muerte de su padre triturado por una maquina en la fábrica de encurtidos donde trabajaba.




Agobiados por los remordimientos de no haber apoyado a Mattie en vida, el trio se une para investigar la muerte de su amigo. El catalizador es la voz de Mattie que Lillie escucha desde las tuberías de su baño. Esto lleva al trio a contactar a la última persona de Derry que vio a Mattie con vida. Se trata de Ronnie, una chica afro-americana que atiende la dulcería del cine del pueblo.



Sucede que Ronnie también ha escuchado la voz de Mattie, entonando la canción “Trouble” del filme The Music Man. Ronnie invita a sus nuevos socios a una representación privada de esa película, la última que vio Mattie antes de huir del pueblo. Llegan los chicos en patota arrastrando a la hermanita menor de Larry que se la han encargado los padres. En medio del filme, cuando Robert Preston canta “Trouble”, la audiencia nota que Mattie aparece en el coro.



Atraído por los gritos de sus amigos, Mattie se les acerca desde la pantalla, los acusa de haberlo abandonado, se convierte en el bebé monstruo y ataca al grupo. De esa manera espeluznante y truculenta acaba el primer episodio.



El Episodio 2 es desolador . han pasado semanas y nada explica la desaparición de Teddy, Phil y su hermanita Susi. Lillie ha dado explicaciones confusas a la policía aunque insiste que el señor Groganpadre de Ronnie y principal sospechosono estaba en el teatro. Entretanto, el jefe de policía es presionado para arrestar a Grogan, y  chantajea a Lillie con enviarla de nuevo al manicomio de Juniper Hill. Grogan es arrestado pero su hija y Lillie siguen siendo presa de pesadillas motivadas por entes malignos que se le aparecen como difuntos seres queridos ahora en forma de monstruos.

Ronnie es acosada por su madre que falleció al darla a luz y la culpa por ello. Lillie tiene una experiencia alucinante en la que casi es ahorcada con los intestinos de su padre, cuyos restos reaparecen en frascos de pickles en un pasillo del supermercado. Aunque solo Lillie alucina, su comportamiento indica al pueblo que es una lunática y es llevada al temido manicomio.



Los Misterios de la Base Militar

Paralelo al cuento de Mattie y sus amigos, la serie describe la vida en la base militar cercana al pueblo. Ahí llega Leroy Hanlon, héroe de Corea, aviador condecorado y mayor de la fuerza Aérea. No pocos logros para un afro-americano. Desde su llegada, Hanlon encuentra racismo de parte de sus subalternos, a pesar de que el General Shaw ha puesto sus esperanzas en el oficial ya que quiere que pruebe el nuevo avión supersónico, arma importante en la Guerra Fría.



En su primera noche, Hanlon es despertado violentamente por un grupo de hombres con rostros cubiertos con escafandras. Quieren saber los detalles de la nueva arma y lo golpean brutalmente. Hanlon se niega a revelar nada. Su amigo lo rescata.

Al día siguiente, Leroy Hanlon ha sido informado que sus atacantes eran los racistas de la base capitaneados por el sargento que desde su llegada se ha portado insolente con el nuevo oficial. Hanlon no es tonto. recuerda que quien lo atacó portaba un arma soviética. Lee el informe y descubre que el sargento es un bravucón inútil, incapaz de empuñar un arma de ese calibre.



Leroy enfrenta a su superior con los resultados de su investigación . El General Shaw se ve obligado a confesar su verdad. Hace siglos, en esa región de Maine apareció una criatura  maligna que ataca creando un terror inmensurable en sus víctimas. El Pentágono cree que si se puede capturar a este ente y dominarlo sería un arma letal y final en contra de los soviéticos. El propósito de la base, y de ahí su secreto, es desenterrar a la criatura. Para eso tienen al soldado Hollarann (Chris Chalk de Perry Mason). Ahora entendemos por qué Hohallorann, gracias a sus poderes clarividentes, ha adquirido privilegios impensados por un soldado de color.



Ahora también entendemos el motivo del traslado de Hanlon. Durante la Guerra de Corea, recibió una herida en el cráneo que lo privó de la parte del cerebro donde reside la capacidad de asustarse. El ahora Juan sin Miedo es un instrumento único para capturar al monstruo.

Hanlon acepta la misión, a pesar de que es tan secreta que no puede compartirla con su familia que acaba de instalarles en Derry y que también enfrenta problemas. Su esposa se siente incomoda en un pueblo que no parece querer recibirla bien. Por un lado se siente víctima de racismo, pero también le parece despreciable como sus vecinos blancos aceptan la violencia de un modo casual. Nota eso después de presenciar como una pandilla propina una paliza a un chico (todos blancos) a pleno día y en la calle principal del pueblo. Charlotte es la única en intentar detener la pelea.



Su hijo Will tiene otros problemas. A pesar de ser un chico tranquilo, estudioso y con intereses científicos,  en su primer día llega tarde a clases, es acusado de arrojar una bomba de mal olor en el pasillo y se las arregla para derribar a una muestra al suelo. A la hora de almuerzo, debe comer solo, en el suelo, en el compartimiento de lockers. Allí conoce a Richie , el cubano que también usa ese espacio para comer su empanada en soledad.

Richie se ha enamorado de Marge, la payasa del grupoequivalente a las “Mean Girls” las  Pattycakes. Aunque Marge ha enfocado su inmensos bifocales en el latino, no puede acercársele ya que sería objeto de burla por parte de sus altivas compañeras que ya exiliaron a Lillie de su grupo cuando fue catalogada de orate.



Esto es lo que ocurre en los primeros episodios. En los próximos se irán revelando más secretos sobre lo que está ocurriendo con los niños. Habrá flashbacks al pasado conectados con Pennywise aunque el payaso solo aparece en el tercer episodio. Paralelo a las investigaciones y recuentos de la conexión del payaso con la historia presente y pasada del pueblo, entrará en juego un tema que a ratos se vuelve casi tan importante como lo sobrenatural: el racismo.

¿Es el Racismo el Verdadero Terror de Derry?

Welcome to Derry ha tenido muchas críticas negativas de parte de público y de publicaciones menore y mayores como The Daily Beast, Vulture, Indiewire y The Hollywood Reporter. Sin embargo los críticos no se atreven a llamar por su nombre a los dos factores que disminuyen el potencial de esta secuela. yo sí me atrevo. Uno es el intento de combinar un relato de terror con una visión muy negativa (pero no falsa) de los prejuicios de las comunidades pequeñas de USA en ese año de 1962. Me explayaré más sobre ese tema cuando hable del factor diversidad.

Lo otro es la desvinculación de esta precuela de IT . Toda adaptación acaba siendo un fanfictión del original. Los Muschietti lo demostraron en sus filmes. Ahora, en esta precuela de sus filmes, el dúo de hermanos bonaerenses deja atrás al universo de Stephen King, creando el propio inventando una mitología alrededor del personaje de Pennywise, impensada por el autor, y olvidando el verdadero mensaje de la obra: la importancia de la amistad y unidad en momentos de crisis.



En 1986, el “Crimson King” publicaba It,  la historia de siete chicos, todos inadaptados, que se unían en un pueblecito de Maine para investigar la periódica desaparición de niños. La investigación invitaba a que el culpable, el diabólico payaso Pennywise, comenzase a perseguirlos hasta que uniendo sus fuerzas lo derrotaban…por un tiempo.

La investigación indicaba que luchaban contra un extraterrestre inmortal que por milenios había operado en la región, devorando niños (I’m It , Eater of Children!) hasta ser vencido temporalmente y que su ciclo de fechorías abarcaba 27 años de descanso para luego volver a atacar. Los chicos, con la excepción de Mike Hanlon, eventualmente dejaban el pueblo con la promesa de volver cuando Pennywise retornase.



En 1985, 27 años más tarde, el payaso vuelve y Mike, ahora bibliotecario del pueblo, convoca a sus antiguos compañeros de la Pandilla “los Perdedores” para que vengan a auxiliarlo. A pesar de que han formado sus propias familias y enfrentan sus propios retos, Los “Losers”  regresan y vuelven a derrotar a It cuya arma son los miedos de sus víctimas.

El libro se convirtió en un superventas, uno de los más famosos del autor y en 1990 la NBC lo convirtió en una igualmente exitosa miniserie bastante cercana al texto original (minus la orgia infantil que sigue siendo tema de controversia). Después de que me mató de susto, consideré que con la miniserie se cerraba el capítulo y nos necesitábamos ver nuevamente al payaso , pero en el 2017 se decidió adaptarla para la pantalla grande en dos tandas.



Lo que no se le ocurrió a Stephen King

A mí no me impresionaba Bill Skarsgard como actor, aparte de que acababa de verlo en mala caracterización como Bobby Kennedy en Jackie. No lo creí capaz de llenar los zapatos de Tim Curry, así que no me interesé en ver esta It que tuvo bastante éxito. No así su segunda parte, a pesar de contar con un reparto de actores conocidos como Jessica Chastain y James McAvoy.

Un detalle que terminó de convencerme de que esta versión fílmica no estaba a la altura de la novela fue el cambio cronológico. La novela inicia a fines de Los 50 y continua 27 años más tarde. Los filmes tienen lugar en 1987 y 2015, lo que deja atrás toda la riqueza cultural y el trasfondo sociohistórico del original. Por ejemplo no me creo incidentes racistas como los que le ocurren a Mike Hanlon en los 80s y tampoco las ofensas antisemitas que le caen a Stan Uris (de hoy si las creería).



Como si se quisieran remediar esa carencia, Los Hermanos Muschietti  han querido llevar a It a un pasado más remoto.  It es un demonio milenario. Vino a la tierra encerrado en una jaula de piedra que al romperse al aterrizar se volvió mil pedazos. Estos cascajos (Los Pilares) pueden contener al payaso caníbal. Además existe una tribu nativa local encargada de controlar al monstruo (Ya esto parece La Momia).

Por otro lado, nos muestran que Pennywise era el atuendo laboral de Bob Grey, un payaso de feria. A It le pareció interesante poseer a Bob y convertirlo en su alter ego inmortal. Todo esto nos es revelado en flashbacks. Hay intentos de vincular este fanfictión con el universo de King: aparece la Tortuga Maturín de La Torre Oscura, Hallorann es el clarividente que se comunica telepáticamente con Danny en El Resplandor, etc.

Sin embargo, eso no es suficiente para los fanáticos de la novela porque lo memorable de Stephen King son sus personajes y sus temas-mensajes. Aquí también hay mensajes: los blancos son malos, las instituciones son malas. Solo los negros y las chicas con problemas (a Marge la dejan tuerta en un momento) pueden salvar el mundo. No sé ustedes, pero yo prefiero el original.



Lo más admirable de la serie (que ya se rumora tendrá cuatro temporadas) es su ambientación: ropa, autos y sobre todo la banda sonora que incluye el para mi desconocido tema de entrada. Lo único que encuentro fuera de lo normal es que niños de doce años de buenas familias usasen un lenguaje tan grosero en 1962.



Contenido Violento y Gory: TODO. Esta serie es  la apoteosis del gore por sobre la sutileza de unfbilme de terror

Contenido Sexual y Desnudos: 0

Factor Feminista: Las mujeres sobreviven más que los varones en este relato y al final solo quedan cuatro combatientes , tres de ellas hembras. Por supuesto Charlotte es un personaje activo, militante que aparenta ser mejor persona que su marido, pero lo dicho, parece protagonista de su propia historia cuya realidad no es la que vive su hijo. Por otro lado este feminismo viene teñido de la desagradable influencia mitutera del rechazo de la maternidad. Las mujeres de este cuento no son definidas por su rol de madres. O son falsas figuras maternas como lo es Ingrid de Lilly o ausentes como la madre biológica de la niña. Y  sí nos quedara alguna duda lo sobrenatural del cuento lo enfatiza desde un ángulo visualmente biológico.



Ya en el primer episodio vemos un parto grotesco en el que la imagen de poster de la perfecta madre de Los 50s pare un monstruo devorador de niños. Luego está la pesadilla de Ronnie en que vuelve a estar atrapada en el útero de la madre que no llegó a conocer. La chica vuelve a ser alumbrada en un momento pavoroso en que es expulsada de una vagina dentata y escucha los reproches de una madre monstruosa que la acusa de haber provocado su muerte.

Factor Diversidad: Cuando New York Magazine reseñó la miniserie It en 1990, acusó a Stephen King de Tokenism en su creación del club de” The Losers”. Tokenism era como entonces se llamaba a la diversidad forzada. El periodista decía que el autor se había sentido obligado a incluir en el gripo a un ‘token Black”, “un token Jew” y una “token Girl”. Agreguémosle un gordito, un tartamudo y un asmático y ya tenemos expuestos a todos los grupos demográficos.

A mi molestó esa crítica. Todavía me encanta saber que en 1958, Maine era tan diverso como New York en los 90, pero en esta miniserie esa diversidad pasa a ser supremacía lo que desvirtúa nuevamente el mensaje de hermandad del original. Comenzamos con el asesinato de un niño blanco. Sus amiguitos, todos blancos (aunque uno es judío y Lille es chica y con problemas mentales) se unen a una negrita que los lleva a ver un filme, a la audiencia se agrega Susie, la hermanita blanca de Phil. Al final de la noche solo sobreviven Ronnie, la afro-americana, y Lillie.  


 

En el segundo episodio llega la familia del Mayor Hanlon. Descubrimos que no es el único negro de la base, ahí están Hallorann y sus compinches. Por otro lado, el pequeño Will Hanlon hace amistad con Ronnie y pasa a ser parte de la pesquisa de las chicas. Su madre, entretanto, se entromete en los asuntos de Derry. Se siente como en Lovecraft County que esta es una serie sobrenatural que gira en torno a afro-americanos. Lo que es legítimo, pero desvincula más la serie con el original.



Otro grupo étnico predominante en la serie son nativos de una tribu local que supuestamente han sido los guardianes de Pennywise. A pesar de que juegan este rol importante, ha habido quejas de que su situación social y cultural no ha sido bien explorada en la serie.



miércoles, 17 de diciembre de 2025

El Doctor Monstruo y el Monstruo Enamorado: Frankenstein de Guillermo del Toro

 


Había pensado no verla. Tantas reseñas contradictorias de parte de personas cuyo juicio valoro. Unos la encontraban sublime, otros tediosa,  y todos tenían razón. Para quienes hemos visto tantas versiones del “Prometeo moderno” el que se alargue la historia del cieguito y otras tramas puede resultar fastidioso, como el que el protagonista sea un vil canalla sin cualidades redimibles. La solución de otros (entre los que me cuento) cuando el relato alargaba o dejaba de impactar, era enfocarse en el lujoso trasfondo, los colores, en suma la estética de Del Toro que nunca defrauda.

El Monstruo en la Piel de Elordi

Parte del rechazo de la audiencia puede deberse a dos factores. El primero es lo archiconocido de un relato que ha sido leído y visto en el escenario y las dos pantallas por más de doscientos años. Aun quien no haya leído el bastante cortolibro, han visto alguna variación del cuento de un soberbio estudiante de medicina, empujado por el trauma de la muerte temprana de la madre, que pretende emular a D-s y crear vida.

Todos sabemos que el Barón Víctor Frankenstein, con la ayuda de su condiscípulo, roba cadáveres y arma un hombre con partes de estos al que le da vida con choques eléctricos provocados por una tormenta. El Monstruo (o La Criatura como se le nombra en el libro) no satisface los sueños locos de su creador quien busca destruirlo. El Monstruo escapa y mata a los seris queridos de Víctor para obligarlo a crearle una compañera. Esta es más o menos la trama que por dos siglos ha atrapado la imaginación de lectores, espectadores y, sobre todo, productores.



En esta producción existen algunas variaciones e incluso se puede hablar de un final agridulce que, si nos prometiera Don Memo una secuela, podríamos calificar de “feliz”. En una variación del Monstruo enamorado, tenemos a la humana Elizabeth (Mia Goth) enamorándose de la criatura, pero lo más importante es la humanización del Monstruo que contrasta con la egolatría y falta de empatía de su fabricante.



Aunque es canon que Víctor sea un hombre arrogante y egocéntrico que quiere demostrar que un humano puede imitar a D-s, nunca este prototipo del científico loco fue tan antipático y censurable como en esta magnífica interpretación de Oscar Isaac. Y nunca El Monstruo fue más compasivo, atractivo y digno de lástima que en la interpretación de Jacob Elordi.

Ahora nos damos cuenta de lo buen actor que es el australiano y también humilde porque no es común que un galán en carrera ascendiente acepte verse Monstruoso. Ha servido que la altura real de Elordi (mide un 1,95 cm, 6, 5 pies) permita ver a La Criatura como un gigante bondadoso aunque a ratos sea la bestia compuesta por un científico irresponsable.



Víctor, Un Padre Desnaturalizado

Es posible que como el Monstruo sea la mejor persona de un cadre ocupado por padres crueles, mujeres indecisas como Elizabeth, y un protagonista malvado, el público se incomode ante una reversión de la dicotomía habitual en la cual Frankenstein se arrepiente y El Monstruo muere por ser una aberración

Incluso Del Toro ha prescindido de Henry, el condiscípulo de Víctor que se convierte en su asistente. Ahora es transformado en el tío de Elizabeth (un gusto ver de nuevo a Christoph Waltz), un comerciante de armas sifilítico que busca en el Monstruo una manera de renacer. Pero nadie más siniestro que Víctor quien llega al punto de mentir como un villano de vaudeville para ocultar sus falencias.



Si en el libro, El Barón permite que se acuse injustamente a una criada de los crímenes del Monstruo y se la ejecute, lo hace para proteger a su creación.  Del Toro hace que Víctor acuse a su criatura de haber matado al tío sifilítico, peor aún lo culpa de haber atacado a Elizabeth. Es parte de sus celos que lo han hecho detestar a su engendro. Sus mentiras son esfuerzos infantiles de verse bueno ante el mundo y es que este Víctor es un niño que nunca ha madurado.

Hasta yo le veo rasgos edípicos y una tremenda envidia por su pobre hermano que muere apoyándolo. Lo que pasa es que no me creí el cuento del padre abusador . El Barón padre (Charles Dance) no tenía razones para matar a su mujer y realmente se sintió fracasado al no poder salvarla. Si se comportaba frio, exigente y golpeador (no muy diferente a otros padres de entonces) era porque Víctor era un niño antipático. Vemos al mismo Barón jugar y ser cariñoso con su hijo menor que es un niño más afable y tratable.



Hay conciencia en Víctor de que su hermano William y El Monstruo (sus rivales por el amor de Elizabeth) son mejores personas que él. Es curioso como antes de que el Monstruo atraiga el interés de la mujer amada, su creador ya está aburrido de su juguete. Es como si no supiese para qué va a fabricar un robot humano, como si en su empeño de rivalizar con D-s, Víctor se olvida de que quien crea vida está obligado a protegerla y a educarla para vivir en sociedad.

                                             William y una novia que prefiere un monstruo

Como muchos padres jóvenes e irresponsables, el Barón Frankenstein se muestra impaciente con “su hijo”, no sabe ni quiere enseñarle y acaba imitando a su odiado progenitor, insultando y golpeando a la criatura. Todos estos detalles hacen a la historia diferente al canon aunque no totalmente original, puesto que ya otras versiones habían humanizado al Monstruo.

200 Años de Frankenstein

En el bicentenario de la publicación de Frankenstein escribí un par de artículos en los que mencioné algunas adaptaciones. Ponerme a compararlas con esta última sería un ejercicio incomodo que no viene al caso, pero me gustaría señalar cuales influyeron en Don Memo y cuáles han sido precursoras de los cambios que esta Frankenstein nos brinda.

Se sabe que hubo dos versiones de Frankenstein en el cine silente (una hecha en Italia). Ambas se han perdido, por lo que el primer filme en tocar la obra de Mary Shelley debe ser considerado el esfuerzo de James Whale de 1931. El primer Monstruo cinematográfico entonces fue un inglés de ascendencia india,  llamado Arthur Pratt quien bajo el exótico seudónimo de Boris Karloff, nos legaría una estética para siempre asociada con la criatura como su altura considerable, su andar torpe, y las señales de sutura en frente y cuerpo.



Hace un par de meses, Gato Rafael tuvo la oportunidad de ver esta versión, hoy clásica, y no le gustó, por las mismas razones que me hicieron considerarla inferior a su secuela La novia de Frankenstein. En 1931, el impacto de la Depresión influía en Hollywood. No se hacía nada muy caro, eso obligó a trasladar la trama (tal como con el Drácula e Bela Lugosi) a tiempos modernos. No mejoró en nada una producción donde los efectos especiales eran risibles, los interiores con tapetes de fondo y montañas hechas de cartón eran bochornosos.

Incluso las actuaciones eran exageradas. El cine hablado estaba en pañales y eso se notaba en las actuaciones teatrales de Colin Clive “ It’s alive! It’s alive!”, o de John Boles que siempre parecía dispuesto a entonar una canción (era conocida su buena voz). En cuanto a Mae Marsh, ya parecía la querida de un gánster y no una futura baronesa.



Tremenda diferencia con La Novia de Frankenstein también dirigida por James Whale, pero para 1935, Hollywood había madurado en términos de actuaciones, decorado y libreto. Parte del encanto de este filme residía en que era enmarcado por dos apariciones de la inglesa Elsa Lanchester. La primera es como Mary Shelley que les cuenta a su esposo Percy y a su anfitrión Lord Byron la continuación de la saga del Monstruo. La esposa de Sir Charles Laughton reaparece al final del filme como la despeinada “novia” del título construida para el Monstruo, pero que lo rechaza por feo.



Con este filme la Universal se haría famosa en los 30 y 40 como fábrica de películas de terror. A “La Novia” la seguirían El Hijo de Frankenstein (hijo de Victor y Elizabeth, no del Monstruo) y El Fantasma de Frankenstein. Viendo la popularidad del género, la Universal emparejó al Monstruo con otros espantajos así nacían Frankenstein contra el Hombre Lobo , La Casa de Frankenstein y La Casa de Drácula.

A pesar de que se asocia a Boris Karloff con el aspecto físico del Monstruo, otros actores (incluyendo a Bela Lugosi), le dieron vida a lo largo de sus cien años de existencia en la pantalla. Uno que se haría famoso encarnando al Monstruo fue Sir Christopher Lee cuando en 1957 la productora inglesa Hammeth tomó el manto de la Universal convirtiéndose en una fábrica de filmes de terror.



La característica de estas producciones, que iniciaron con La maldición de Frankenstein,  fueron su elegancia. Todas, por primera vez,  situaban la historia en el Siglo XIX (con estupendo vestuario) consiguiendo la atmosfera gótica que originalmente había planeado Mary Shelley.

A pesar del excelente trabajo de la Universal y de la Hammer, el Monstruo era tan reconocido que servía hasta para parodiarlo. Las comedias lo integraron como relleno cómico desde que Abbot y Costello Meet Frankenstein (1948) hasta alcanzar su máximo nivel con la excelente parodia de Mel Brooks Young Frankenstein (1974).



El Monstruo recorrió todos los géneros fuesen los filmes de monstruos japoneses (Frankenstein contra Buntaro) o Westerns (Jesse James y la hija de Frankenstein); aparecía en caricaturas como Los Picapiedra y Scooby Doo y  para los 60 era parte de la cultura de “Explotación” desde el porno hasta un Frankenstein afro-americano (Blackenstein).

Frankenstein y su fusión con la comedia llegaban hasta México donde lo veíamos en compañía de Chabelo y Capulina. El héroe enmascarado Santo luchaba contra el Monstruo que hacia una aparición tipo cameo en Casino Royale, el primer filme de James Bond , y hasta se convertía en uno de los Beatles en El Submarino Amarillo.  Tanta era su importancia en el imaginario colectivo que en el clásico español El Espíritu de la Colmena, una niñita protege a un fugitivo creyendo que se trata del Monstruo de Frankenstein.



No nos olvidemos de todos los derivados de Frankenstein que conservan la estética no así el apellido del creador. Esos han sido los casos de Fred Munster en The Munsters y Largo, el mayordomo de la Familia Addams. Mas cercano está el genio de Tim Burton que no solo inventa un Frankenstein canino (Frankenweenie) sino también al joven Manos de Tijeras, Edward Scissor Hands.



Con esta breve revista de la influencia de la invención de Mary Shelley en las pantallas dejamos constancia de que el tema ha sido utilizado hasta la náusea, pero la aportación de la versión 2025 trae ciertas novedades, un Monstruo muy humano que hasta puede enamorarse. ¿Vimos eso antes?

Monstruo Humanizado, Monstruo Enamorado

La primera vez que presenciamos este fenómeno fue  en un sitio inesperado. En 1968, la longeva telenovela de terror Sombras Tenebrosas decidió incluir entre sus estrambóticos personajes a una especie de Monstruo de Frankenstein. Adam había sido creado para solucionar el problema de colmillos de Barnabas, el vampiro-protagonista.

Siguiendo el canon, Adam logra huir de donde lo tiene secuestrado Barnabas y conoce a Carolyn Stofddard de quien se enamora. A pesar de que su relación es complejaAdam es ,en lenguaje de hoy, acosador y agresivo Carolyn le toma cariño. Después que él le salva la vida se vuelve su protectora y aunque le admite a Banabas que “tal vez” también se ha enamorado del Monstruo, sabe que su relación es imposible y se dedica a ayudarlo para conseguirle una compañera.



Un interesante experimento de los 70s fue Frankenstein: The True Story que presentó la televisión inglesa en 1972. Situada en el milieu escogido por Mary Shelley: la Suiza napoleónica, presentaba como gancho a los dos niños bonitos del cine inglés: Leonard Whiting y Michael Sarrazin como Víctor y La Criatura.



Lo que hacía diferente este cuento de otros relatos es que La Criatura era tan hermosa y simpática que no inspiraba ni la repulsión ni el rechazo de su creador. Por el contrario, el Barón decidía educar “a su hijo” y presentarlo en sociedad. Un pequeño problema. Creado con restos de cadáveres, el Monstruo comenzaba a podrirse y a caerse a pedazos. Horrorizado, intentaba suicidarse, pero era rescatado por el canónico ciego. Tras provocar la muerte de Agatha (Jane Seymour), la nieta del ciego, el Monstruo obligaba a Víctor a revivirla, pero el resultado ya venía mentalmente desequilibrado y la pobre criatura debía hacerla perder (literalmente ) la cabeza.



Adam y el Frankenstein sex symbol fueron meros detalles en la larga trayectoria de un estereotipo que aunque provocaba lástima seguía siendo nefasto precisamente por ser un freak subhumano. Aunque fue un fracaso de taquilla  el filme que mejor capturó las posibilidades heroicas del Monstruo es mi favorito de este subgénero. Me refiero a The Bride (1985).

Teniendo como protagonistas a dos ídolos del momento: el cantante Sting y Jennifer Beales, la historia conserva el escenario y época de la novela. El Barón Charles Frankenstein, impío y polémico por sus ideas y experimentos, construye un ser viviente con pedazos de cadáveres. El resultado sale tan desmañado que el Barón proyecta crearle una compañera, Eva, para ver si espabila.  Cuando esta lo rechaza, el Monstruo desilusionado huye.

En un bosque, El Monstruo se encuentra con un enano, Rinaldo, que se hace su amigo. Es un encuentro casi tan significativo como el de Tyrion Lannister y Bronn. Juntos viajan y Rinaldo le da un nombre a la criatura: Víctor “el victorioso”. Entretanto, El Barón ha educado a Eva tanto en modales como en ciencias y artes. La chica aparte de ser bellísima, resulta ser más erudita que su maestro. El Barón la presenta en sociedad y se enamora de ella, pero Eva es un espíritu independiente. Ignorando su origen, cuestiona a su mentor y descontenta con las respuestas inicia un romance con un oficial al que conoce en un baile.



Entretanto, Rinaldo y Víctor se han convertido en las estrellas de un circo de Budapest. Quieren ahorrar dinero para un viaje soñado a Venecia. Solo que Rinaldo muere trágicamente y el desdichado Víctor retorna al castillo. Llega justo a tiempo. Eva enfrenta al Barón, descubre que ella no es un ser humano y que Frankenstein tiene designios oscuros para su futuro. A punto de ser ultrajada por su creador, Eva es rescatada por Víctor.

Después de lanzar al científico loco por las almenas, Víctor pretende marcharse nuevamente en busca de su destino cuando Eva lo detiene. Ha descubierto que los humanos solo presentan problemas, ella también es un monstruo y será mejor unir fuerzas. Víctor y Eva se marchan a Venecia juntos, a ser felices como pareja. Reitero nunca he entendido porque este filme no gustó, hasta escribir sobre el me conmueve.




Desde entonces, la humanización del Monstruo ha continuado de buena y mala manera a través de las adaptaciones y reversiones del libro de Mary Shelley en este cuarto de siglo 21. La más memorable ha sido la estupenda interpretación de Rory Kinnear en la muy estupenda Penny Dreadful. Sin embargo el año pasado, Netflix y la televisión turca nos brindaron la emotiva Yaratilan (La Criatura).

Increíble como se ha podido trasladar el texto de Shelley a un contexto del Imperio Otomano de comienzos del Siglo XX. En un pueblo del interior de la hoy Turquía, Ziya sueña con estudiar medicina, pero como el Barón de Frankenstein quiere ir más allá y conquistar la muerte que lo privó de su madre. Un día deja a su familia y a Asiye, su hermana adoptiva con la que está comprometido, para ir a Constantinopla a estudiar medicina.

Una vez allá se encuentra con varios problemas. El mayor lo presentan los catedráticos fundamentalistas que rechazan ideas modernas. Ziya conoce al profesor Ishan, un sabio que ha sido expulsado del cuerpo docente por haber traído ideas revolucionarias de Paris. Ziya se da cuenta que solo este excéntrico maestro puede ayudarlo en su idea de resucitar a los muertos. A punta de chantajes lo obliga a secundarlo en la construcción de un autómata.



A medida que el experimento avanza, aumentan los reparos morales del maestro, mientras que el obsesionado Ziya va perdiendo los suyos. En una ocasión en que Ziya ha ido a buscar sangre para su creación, hay una tormenta eléctrica, la casa del profesor se incendia y él muere. Desolado, Ziya lo revive, pero ahora su maestro ha quedado desfigurado por el fuego y el trauma lo confunde de tal manera que huye.

El resto de la serie sigue al nuevo “Monstruo” por diferentes lugares de Turquía. Se une a una compañía de teatro rodante y finalmente se establece en un pueblo del Cáucaso donde es protegido por una joven madre soltera. Pasa el tiempo y la pareja se enamora. Cuando ella es asesinada, Ishan parte en busca de Ziya para que la resucite.



El Toque Del Toro

Con lo narrado se hace evidente que la humanización del Monstruo no es novedad. Lo que sí es original es el Toque Del Toro más que radica en lo visual que es donde siempre ha demostrado una superioridad sobre otros directores del género. Don Memo es también un hombre modesto y sincero que reconoce con humildad las influencias y Frankenstein tiene una deuda con obra ajena y con la propia.

Ya he hablado de la evolución de la descripción del Monstruo y de como de ser un ente malévolo al que hay que perseguir con antorchas puede trocarse en un ser pensante que inspire compasión, cariño, incluso amor. En eso es un hermano de la criatura que es hallada en el Amazonas y que se convierte en pareja de la mudita de The Shape in the Water.

Hay una escena en Frankenstein en que Oscar Isaacs golpea a su creación antes de que este evolucione mentalmente que me recordó un momento en la mencionada película en que Michael Shannon abusa física y verbalmente de la criatura que tiene encadenada. También este Frankenstein nos recuerda  en la atmosfera y la escenografía, incluso el decorado, a la desolada Crimson Peak y es lo que la define como “Gótico del Toro.”


                                          El FBI en contra del Monstruo del Amazonas

Frankenstein es una gran obra, pero sus mayores atributos son los visuales. Hay momentos en que el espectador se centra en el trasfondo, en los colores y en las imágenes. Si en Crimson Peak predominaba el carmesí del título, aquí es el verde , sobre todo en la ropa de Elizabeth. Un verde que demuestra su vitalidad, su pasión por la naturaleza, incluso su poder mágico que la acerca al Monstruo.




Don Memo ha citado como su gran inspiración el Frankenstein de Sir Kenneth Branagh (1997) y yo le agregaría el Drácula de Coppola. Curiosamente a pesar de ser una obra hecha con mucho amor,  el Frankenstein de Branagh pasó sin pena ni gloria. Ni su gran reparto (Sir Kenneth como Víctor, Helena-Bonham Carter como Elizabeth y Robert De Niro como el Monstruo) logró opacar la huella dejada por la película de Coppola.



Dotada de un soberbio reparto (Sir Gary Oldman, Sir Anthony Hopkins y una exquisita Winona Ryder), el Drácula de Coppola atrapó la imaginación popular con sus imágenes esplendorosas e impresionantes colores. Además su trama era más dramática y romántica que el Frankenstein de Branagh. Coppola se atrevió a llevar al extremo lo que Bram Stoker apenas balbucea en su libro, la tensión sexual entre Minna y el Conde.

Precisamente esas cualidades que hacen inolvidable a Drácula, hacen inolvidable el Frankenstein de Guillermo del Toro. Solo espero que los premios no lo olviden. Al menos, desde ya hay varias nominaciones para Los Globos de Oro.