Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La temida Backstory: Lo que aprendí de Ser George R.R. Martin


Una de las pocas gratas sorpresas que nos depara la Quinta Temporada de “Juego de Tronos” es la posibilidad de ver en vivo y en directo la profecía que una hechicera le hizo a Cersei en su juventud. Las palabras de Maggy, La Rana son tan fundamentales para la trama de Una Canción de Hielo y Fuego que los productores optaron por romper su propia regla de no incluir flashbacks en la serie. ¿Cuál fue el motivo para crear  una  regla que impide mostrar en pantalla todo el pasado de personajes y del universo Martiniano? ¿Y es realmente malo, como piensa la industria editorial, incluir el recurso  de la backstory?


Backstory (literalmente “un cuento de atrás”) es como se denomina al trasfondo antiguo de los personajes y del mundo que se describen en una trama. A menos que una historia comience como David Copperfield con el nacimiento de un protagonista, toda ficción compleja posee un bagaje de  antecedentes que en algún momento harán sentir su peso sobre el presente de los personajes principales. Estos antecedentes se transmiten a través de  técnicas, como la evocación, el dialogo nostálgico y  el flashback , racontoanalépsis.



La evocación  ocurre cuando un personaje recrea en su memoria lo que las circunstancias,  la entrada de una persona a su vida o el mismo medioambiente, le provocan recordar. Asi nos presenta el autor a Daenerys en Juego de Tronos. La futura Khaleesi aparece acicalándose para conocer a su futuro marido, pero mentalmente ella recuerda su infancia, sus desdichas, y  la famosa casa grande con la puerta roja que considera su hogar.


La saga de Martin está plagada de ejemplos de la backstory presentada en forma de diálogo. Ser Jorah le cuenta a la Khaleesi su pasado y los hechos por los cuales es ahora un exiliado. De igual manera, Sam usa el diálogo para contarle a Jon Snow los motivos por los que se ha unido a La Guardia Oscura. Y por supuesto la mas poderosa backstory vía-dialogo de todos los libros es la confesión de Jaime a Brienne en la Tina de Harrenhaal.


Mi recurso favorito para conocer  el pasado en una obra de ficción es el flashback. Ese viaje al ayer en que somos testigos de  eventos vetustos que otros en la historia presente desconocen. Ahí es donde pertenece la profecía del Valonqar. Que Los Arcángeles hayan quebrantado su tabú sobre el racconto indica la gran importancia que tiene y tendrá en la trama el vaticinio de Maggy, La Rana. ¿Significa esto que otras profecías como las de Azor Ahai (cuyo nombre ni ha sido pronunciado en la serie) no son tan importantes? Eso nos lleva a otra pregunta ¿Por qué obviar toda la importante carga informativa del autor sobre la historia pretérita de Westeros y Essos?

La respuesta fácil es tiempo y espacio. Sin embargo, han gastado tiempo en inventarse hechos  ya  acaecidos que nunca llegan a desarrollar (la criptica biografía de Shae) o que acaban en baldías, por no decir absurdas y grotescas, escenas  (el cuento del Primo Orson).

En algunas ocasiones les han quedado fantásticos los esfuerzos por usar el pasado para describir personajes. El mejor ejemplo está en todas las escenas inventadas para Jaime en la Primera Temporada. A través de diálogos del Matarreyes con su hermana, su Rey y hasta con Jory, la serie nos brindó un hor d’oeuvre para abrir nuestro apetito y querer conocer mejor al personaje más sabroso de la saga.


Y si hablamos de erotismo (y decir Jaime ya abre esa puerta), hasta han convertido la backstory en foreplay en la manera en que la difunta Talisa termina admitiendo al Rey del Norte en su cuerpo. Como recordarán, antes de desvestirse, la enfermerita le cuenta una triste anécdota de su infancia en Volantis y ya con eso se gana la mano y toda la anatomía de Robb Stark.

La backstory martiniana añade profundidad, complejidad, suspense y hasta erotismo a la trama. Sin los cuentos de La Vieja Tata no nos moriríamos de miedo de Los Caminantes Blancos, ni sabríamos quien es el Rey de La Noche. Y qué bien la hicieron en la serie de combinar uno de esos cuentos (La Rata Cocinera) con la llegada de Sam al Fuerte de La Noche.

Rhaegar y Lyanna son el gran enigma de esta saga, pero también su pareja más romántica. Lo divertido es que los conocemos solo gracias a flashbacks, menciones en dialogo y otros medios evocativos que son parte de la backstory. Sin embargo, Los Inmaculados no saben quienes son estos personajes importantísimos en el libro. Eso se debe a la decisión incomprensible de Weiss&Benioff de recortar la backstory. Casi tan incomprensible como el gastar en una actriz y en caracterizarla como Qaithe de las Sombras si nunca vamos a oír sus famosas profecías.


Por lo menos la temporada pasada supimos quien era Elia Martell. ¿Y a quién no se le estrujo el corazón con la evocación que La Víbora Roja hace de su masacrada hermana en la celda de Tyrion? No solamente Oberyn nos relata la horrible muerte de su hermana, y su deseo de vengarla, además nos pinta un retrato de Los Hermanos Lannister en su infancia, del odio que Cersei ha sentido por Tyrion desde que el Gnomo estaba en la cuna, y de como Jaime siempre defendió a su contrahecho hermano.

Desde mi perspectiva de escritora amateur, la lección más importante que me ha enseñado Martin es el valor de la backstory. No es el primero en apreciar ese recurso literario. Ya en días de   Aristóteles, el filósofo  lo alababa en su Poética. En el pasado, la literatura universal lo ha usado y abusado desde La Odisea hasta Cumbres Borrascosas,  desde Las Mil y una Noches  hasta  Proust. Hay escritores que usan la nostalgia por el pasado con tal maestría que llegan a otorgarle backstory hasta a los objetos. Esos son los casos de Oscar Wilde en sus cuentos y de Ramón de Valle Inclán en sus Sonatas.

El pasado es importante y en más de una ocasión necesita ser intercalado en una trama presente, lo vemos en las series de televisión modernas. Con la excepción de “Downton Abbey” todas mis series de televisión favorita lo incluyen o han incluido. La technical del analépsis  salpica  “True Blood”,” Sleepy Hollow”, “Boardwalk Empire”, “Mad Men”, “Grey’s Anatomy”, “Revenge”, “Miss Fisher's  Murder Mysteries” y “Penny Dreadful”. ¿Qué hubiera sido de “Lost” sin sus flashbacks? ¿Qué seria de “How I Met Your Mother “o de “Once Upon a Time” sin ese subterfugio? ¿Entonces por qué temerle tanto a la backstory?

El pasado que Martin deja colar en sus libros ha contribuido a convertir a su Canción en una franquicia. Sin esa glotonería por saber más de Poniente los troneros no gozarían de esa precuela que abarca las aventuras de Egg y Dunk, ni se crearían libros sobre la geografía martiniana, y la historia de ese universo inventado. Tal como hay quienes viven obsesionados con saber cómo ocurrieron las cosas en ese prehistórico longevo invierno en que Los Otros invadieron Poniente, a mi me obsesiona saber que catástrofe provocó la destrucción de Valyria y si hubo ahí algún error mágico o fue un cataclismo natural. Y todo eso gracias a la backstory martiniana que nos ha dejado gusto a poco.


No significa eso que el mundo de la Canción gire solamente en torno al pasado. Es ahí donde Ser George nuevamente  demuestra su maestría. Sus  técnicas narrativas más usadas son las que componen la backstory, y la profecía. Esta última es la antítesis de la backstory puesto que se relaciona con hechos futuros.

La trama de la saga está subordinada a la  dicotomía pasado-futuro. Los personajes mayores viven equilibrándose en una espada de doble filo. Por un lado, su vida es determinada por lo ocurrido antes de ellos nacer, por otro, son los sucesos del mañana los que guían sus pasos. Los habitantes de Poniente y Essos deben sus personalidades, circunstancias, logros y desdichas  a los actos de sus ancestros. Los mismos continentes, la topografía y el clima van encadenados a sucesos remotos.

Como ya voy por la segunda pagina, creo poder incurrir en la auto referencia. Sin George R.R. Martin yo no me atrevería a escribir una historia en la que la backstory se vuelve un recurso frecuente hasta el punto de la omnipresencia. Es algo impensable puesto que una pauta fija de la industria editorial estadounidense es que hay que minimizar la backstory y jamás incluirla en el primer capítulo.

Existe un consejo para los escrtores princpiantes: “pon a tu protagonista, ya en el primer párrafo,  a punto de despeñarse de una cima. Más adelante tendrás tiempo de contarnos quién es y cómo llegó ahí”. Curiosamente, Bella Swann, desde antes de su llegada a Forks, y en el primer capítulo,   ya nos está contando, quién es, de donde viene, quiénes son sus padres y por qué ha preferido venir a vivir con su papá en este pueblo perdido en un bosque, en vez de seguir con su madre. Pero si me pusiera a revisar la cantidad de reglas que se ha saltado Stephanie Mayers en Crepúsculo tendría para hacer otra nota completa.


¿Pero de dónde nace la regla? La pregunta sobra, ya sabemos de donde nacen reglas arbitrarias. Son el producto de alguna torpe encuesta o estudio que demuestra que el público es tan bobo, que se distrae fácilmente y que cuando comienzan a poner demasiados personajes y a saltar del hoy al ayer se confunden y aburren.

Cuando escribí La Puerta de las Tempestades, descubrí que era imposible evitar la backstory. Por eso mi primer capitulo es una yuxtaposición del presente y del pasado. Solo así puedo dar un retrato completo de la heroína-narradora. Lo mismo ocurre, más adelante, cuando otro narrador  presenta al protagonista con el lector.

Como entonces no escribía para industrias gringas, hice trampa. Pero siempre me sentí un poco culpable. La culpa sólo acabo cuando leí Una Canción de Hielo y Fuego. Si lectores de todo el mundo se enamoran de una obra que a cada rato lanza miradas retrospectivas a hechos acaecidos en pasados cercanos y lejanos, entonces la backstory no debe dar miedo. Por el contrario,  es un recurso legítimo y útil.

En mi nueva novela que es un experimento total, cuya mayor ambición es la de (parafraseando a Sir Terry Prattchet) contar el cuento que quiero leer, utilizo la backstory a destajo. Quiero contar un cuento, pero quiero contarlo ben trovato como dice el dicho italiano, por eso tomo como ejemplo a Ser George R.R. Martín el maestro de la backstory.

¿Aburre tanta alusión al pasado en la saga de Martín? ¿Se extrañan esas remembranzas en la serie? ¿En general, les gustan los flashbacks? ¿Pueden recordar filme, serie o novela donde el uso de la backstory estuviera tan logrado como en Una Canción de Hielo y Fuego?