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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Baratheon, Frey, Tully, etc. ¿Sufre Juego de Tronos de un exceso de personajes?


Aun sin iniciar, La Quinta Temporada de “Juego de Tronos” viene precedida por una controversia. Es casi aparente que no incorporaran totalmente a la trama las familias Greyjoy y Martell, a pesar de se prominentes en los últimos libros de Una canción de hielo y fuego. Es comprensible, meter tanto personaje nuevo exigiría gastar en más actores y terminaría de confundir a una audiencia que los productores de la serie ven como mentalmente limitada. Sin embargo, los lectores de la saga hemos podido reconocer y amar a todos esos personajes a través de cinco libros. ¿O no es eso cierto y George R.R. Martin se da el lujo de asesinar  personajes porque le sobran?

A comienzos de este milenio, la industria editorial angloparlante (la más grande del mundo puesto que abarca también un vasto mercado de libros en traducción) estableció una serie de reglas para la futura publicación de libros. Una de ellas era un cierto límite de personajes. Por un lado, cuantos más personajes existan en una novela afecta el grosor de la misma, se crea un gasto mayor en la impresión de paginas y un aumento en la tala de los arboles.

Para ayudar a recordar los personajes


Por otro lado está la percepción que la industria tiene del publico lector, grupo en vías de extinción. Se parte de la base, no totalmente errada, de que debido  a la prevalencia de una cultura audiovisual, las nuevas generaciones ya vienen con déficit de atención y discapacidad de retener información. Muchos personajes cuyos nombres no pueden retener  apabullan a estos lectores y lo alejan de lecturas pesadas.

Ese es un factor que no se aplica a mí. En mi lista de libros favoritos las novelas abarca-personajes son una presencia constante: desde La guerra y la paz hasta The Winds of War de Herman Wouk; desde Quo Vadis? hasta Lo que el viento se llevó; desde Llegaron las lluvias de Louis Bromfield (un Premio Pulitzer ya olvidado, pero maestro de la novela coral) hasta El cuarteto del Raj de Paul Scott.

Se cree que quienes más se confunden con un exceso de protagonistas son los lectores más jóvenes. No sé cuan cierta sea esa aseveración puesto que leí casi todos esos libros a edades impresionables y tempranas. Me zampé Quo Vadis a los ocho años. Un año más tarde estaba leyendo el libraco de la Mitchell, y  Bromfield se convirtió en mi novelista favorito entre mis once y catorce años.

No recuerdo haberme intimidado ante el diluvio de personajes, por el contrario lo que suele ocurrirme con ese tipo de novela es que tiendo a encariñarme con figuras menores (Léase Sam Tarly y Melisandre)  y  mentalmente me pongo crearles sus propias historias. La de fanfiction que escribí, antes de que existiera este término, sobre La Familia Fontaine de GWTW.

 Mi opinión no es aplicable a este caso puesto que soy una freak del Siglo XX, No pertenezco al colectivo en cual la industria editorial espera pesca adeptos. Pero si fuera cierto ¿Entonces cómo se explica que nuevas generaciones sean fanáticas de las sagas de Tolkien, de la serie de Harry Potter y de Una canción de hielo y fuego? Todos esos títulos abarcan mamotretos (aun divididos en diferentes volúmenes) colmados de nombres propios que van asociados a rostros y personalidades reconocibles.


Recientemente volví a escribir ficción, más como experimento y terapia que por deseos de publicar. Por eso no me estoy ateniendo mucho a las reglas. Decidí “resucitar” una novela casi terminada en el 2004 y que abandoné precisamente por tener un  plétora de personajes. Ahora el rescribirla, y para reducir el problema de los enredos del múltiple puntos de vista, decidí abocarme solo a seis narradores (todos en primera persona).

Cuando mis Betas me recordaron la regla en contra de ese exceso, me detuve a meditar si realmente es valida. La respuesta la tienen ustedes mis Reyes lectores. Y me refiero a quienes leyeron la saga de Martin antes de conocer la versión televisiva. Como saben, yo vi  y me enamoré de la adaptación arcangélica antes de hincarle el diente a los libros. Por lo tanto no puedo responder las preguntas que estoy a punto de formularles:


  1. ¿Les cohibió la cantidad de personajes que encontraron ya en el prime volumen (Juego de Tronos)?
  2. ¿Pudieron seguir la novela sin problemas o necesitaron de una  segunda o tercera relectura para engancharse?
  3. ¿Hay personajes menores que olvidaron? O por el contrario, ¿fueron atrapados por algún personaje secundario (léase no narrador)?
  4. ¿Se consideran fanáticos de novelas con muchos personajes  o Martin seria la excepción?
Recientemente hablaba con alguien que me confesaba haber dejado la saga precisamente por el problema  de la sobrepoblación. No solo el exceso numérico la había estorbado sino que además era el modo en que los presentaba el autor lo que dificultaba su lectura. Me pareció valido ese punto, porque Martin,y en esto se diferencia de otros escritores, nos hacer ver la acción dese múltiples puntos de vista.

Rowling podrá manejar docenas de personajes e igual número de criaturas sobrenaturales, pero la acción siempre es enfocada desde la óptica de Harry Potter. En cambio, Ser George, y solo en la primera entrega de su Canción, ya nos coloca en las manos de ocho narradores (Ned, Cat, Bran, Jon, Sansa, Arya, Daenerys y Tyrion), cada uno con determinada cantidad de capítulos a su haber.



Este problema no afecta al espectador de la serie, porque ahí los puntos de vista son más sutiles. A pesar de eso, conozco gente que dice “Dejé de verla porque me dejó agotado. Tantos nombres, tantas caras distintas, tantos lugares”. Es cierto. Al comienzo estamos en Invernalia tratando de reconocer a toda esa gente rara, con un poco de ayuda de la sobre-exposición como cuando Arya susurra “Ese es Jaime Lannister, el hermano mellizo de la Reina”. (Gracias. Nena, ahora sé quien es ese rucio con nariz quebrada). Pero, a medida que avanzamos en nuestra lectura nos proyectamos por todo Poniente: El Muro, El Valle, La Roca y Desembarco del Rey.

En cada viaje nos tropezamos con nuevos y más complejos personajes. Para colmo, entremedio, nos hacen conocer otro continente y otra cultura. Ósea, ¿Quién es Ilirio? ¿Quién es Jorah? ¿Y cómo diferenciamos a Mirri de Irri y a todos los khales?Al menos en la serie tienen rostros identificables. En el libro únicamente tienen nombres, para colmo parecidos. Conozco gente que confunde a Varys con Vyseris. Y yo por casi un año confundía a Tyrrel con Martell, y a Tarly con Manderly (“Anoche soñé que volvía a Tarly”. No, como que no pega).

La amiga que abandonó la lectura afirma no molestarle la cantidad de  personajes sino el que los presente todos juntos tan al comienzo y que no llegue a desarrollarlos totalmente. Me dijo que aunque el personaje parecía interesante, Martin  no había llegado a profundizar en Tyrion, tan ocupado estaba en contarnos los pensamientos y opiniones de Daenerys y de La Familia Stark.

Traté de leer Un juego de tronos para notar esa diferencia. Es tan obvio que Tyrion y Daenerys son los protagonistas de la saga ¿Pero lo es a partir del primer libro? Mi experimento fracasó por culpa de Peter Dinklage. Era su voz la que oía cuando el Gnomo  responde esa pegunta “Como te gustaría morir” o confiesa sus pecados  ante Lysa Tully (más divertida en la serie que en el libro). En realidad, yo encuentro que la serie supo capear las debilidades y falencias de los primeros dos libros. Por algo en su momento la consideré superior a la saga. Evaluación que las últimas temporadas han probado totalmente errónea.


Sin embargo, el inicio de La Canción antecedió por mas de una década a la adaptación Weiss&Benioff. La serie tenía un fandom gigantesco y era ya un fenómeno aun antes de la publicación de Danza de Dragones y que viéramos en pantalla a nuestro primer Caminante Blanco. Eso, a pesar, de su sinnúmero de personajes y de sus múltiples puntos de vista que crecen con cada entrega.

Por eso les pido que retrocedan y recuerden lo que sintieron cuando por primera vez pisaron Poniente. ¿Qué fue lo que los enamoró de ese primer libro? ¿El espacio, la historia o algún personaje? Si fue lo ultimo cuénteme su experiencia porque si de algo culpo a Ser George es de ser un magnifico desarrollador y creador de individuos, un conocedor finísimo de la psiquis humana.


Si tuviera la oportunidad de entrevistar a Martin lo primero que le preguntaría es por qué motivo quiso escribir su obra desde tantos enfoques diferentes. ¿Acaso era necesario saber lo que pasaba en Invernalia  desde el punto de vista de Arya y Sansa? ¿No bastaba con conocer lo que ocurría desde la perspectiva de Ned y Jon? ¿No hubiera sido mas interesante si no hubiéramos sabido, sino hasta mas tarde, quién arrojó a Bran desde la torre y qué relación realmente existía/existe entre Los Mellizos Lannister? Confieso que para mí la novela esta perfecta como está escrita, pero si George R.R Martin se hubiera abocado a as reglas contemporáneas tendría que haber reducido a sus narradores y privilegiado el misterio, el suspense para incentivar a lectores.


Si tuviera que escoger a un novelista favorito ese seria Benito Pérez Galdós. Don Benito escribió entre 1870 y 1915 más de sesenta novelas (“y sin ordenador”, como nos recordaba a sus alumnos La Dra. Carolyn Richmond, viuda de Francisco Ayala), aparte de obras de teatro, cuentos y artículos. Sus últimos libros son voluminosos, llenos de detalles, de alusiones históricas, de descripciones y plagados de personajes, que, siguiendo la onda Balzac, reaparecen en novelas siguientes.

Galdós es un novelista genio, peo siempre me he quedado con lo que mi profesor el Dr. Andrés Franco (QEPD) dijo en una ocasión “Nadie, hoy en día, escribiría una novela como Galdós”. Aunque gran admirador del escritor canario, se refería a que la  moda literaria de ese tiempo (Los Ochentas) ya no aceptaría libros tan abigarrados y exagerados.

Curiosamente, yo encuentro similitudes entre la prosa de Don Benito y la de Ser George (Galdós también escribió novelas fantásticas): en su afición al detalle; en lo graficas y apetitosa de sus descripciones de ropa y comida; y sobre todo en esa humanidad de personajes que por un lado son shakesperianos en su tragedia, y, por otro, son tan modernos en sus mezquindades y vulnerabilidad.

Yo soy, como se dice en inglés, character-oriented. No puedo engancharme en ninguna lectura, sea en papel o audiovisual, si los personajes no me llegan. Y algo que amo en estos legajos sobrepoblados es la capacidad del autor para hacernos memorables aun a personajes pequeños. Tal como admiro a Platón  Karatiev de La guerra y la paz  y eso que aparece casi al final de la obra y solo sobrevive por unas paginas, uno de los personajes que mas amo de La Canción es el Septón Meribald (y Perro) que también solo conocemos en la penúltima novela y probablemente no volvamos a ver.


Me parece legítimo que haya gente que prefiera novelas con pocos personajes, pero no que sea un defecto tener tantos actores en una misma tragedia. Yo entiendo que no se pueda asimilar a la primera una historia tan conglomerada. Entiendo y comparto la necesidad de leer varias veces la obra. Cada vez que lo hago (tal como con Lo que el viento se llevó) descubro algo nuevo, y no me parece un pecado que a un tronero se le olviden algunos de los nombres de los Greyjoy  o de los Karstarck. ¿Qué opinan ustedes?

Por ultimo, regreso a la comparación Galdós-Martin. Hay evidencia de que Martin escribe como un novelista decimonónico. El mismo reconoce que se inspira en Tolstoi y Sir Walter Scott, ambos amigos de los muchos personajes. ¿Pero ha sentado un modelo Ser George? ¿Hay otros autores que sigan esas pautas de múltiples narradores y sinnúmero de personajes? ¿O es Martin único en ese arte y nadie más se atreve a seguir su ejemplo?


lunes, 23 de septiembre de 2013

Cine Fantástico: Temporada 2013-2014


A pesar de que la televisión angloparlante trae una buena cantidad de fantasía esta temporada 2013-2014, el género no está tan bien representado en la pantalla grande. Es en Hollywood donde lo fantástico ha perdido terreno, relegado por la ciencia ficción y el horror.

Como la moda, el cine en Estados Unidos es afectado por cambios de temporada. La fantasía, gracias al viejo prejuicio de que es un género Light que solo gusta a los jóvenes o inmaduros, suele tener su auge en épocas de vacaciones estudiantiles.  Eso explica que este verano (invierno en Sudamérica) se haya podido gozar de fantasías tan dispares como “World War Z”, “Percy Jackson Against the Sea Monsters” y “City of Bones”.

El otoño, que en Gringolandia inicia en septiembre, es la temporada del cine “serio”, de producciones que se espera compitan por el Oscar y sean presentadas en festivales internacionales. Por eso no se esperen cine fantástico sino hasta noviembre cuyos estrenos coinciden con el fin de semana largo de Thanksgiving. Para entonces llegan la segunda película de Thor y una comedia romántica llamada “Una cuestión de tiempo” (“About Time”)con Rachel McAdams. Se trata de una historia con visos de viajes en el tiempo que recuerda a otro proyecto de la McAdams, “Te Amaré por Siempre” (“The Time Traveler’s Wife”).



Sin embargo, y a pesar de ser una temporada de cine “de alta calidad”, el otoño estadounidense verá cintas de horror (“Insidious 2” y la nueva versión de “Carrie”), más algunos proyectos ambiciosos de ciencia ficción como “Elysium" con Matt Damon y “Gravity” con George Clooney, además de presentar la ultima aventura del infatigable Riddik.

Otra cinta de corte fantástico es “La ladrona de libros”, que en IMDB dicen que debutará en los teatros en noviembre, pero en otros sitios dicen que puede postergarse. hasta enero. Este cuento de una niña alemana que será testigo del auge del nazismo, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto es un proyecto con muchas expectativas, basado en la novela bestseller del australiano Markus Zusak, filmado en escenarios europeos y con un elenco de actores continentales.


Para quienes argumenten que se trata de ficción histórica y no fantasía, les recuerdo que el libro es narrado por La Muerte, un ente antropomórfico quien años más tarde visitará a la heroína en Australia para recordar su pasado compartido.



Las vacaciones navideñas traen el retorno de Tolkien en la segunda parte de “El Hobbit”; Ben Stiller protagoniza una nueva versión del clásico de Danny Kaye “”La vida secreta de Walter Mitty” sobre un soñador empedernido que prefiere vivir en la fantasía que en la realidad, pero el estreno que más espero para este fin de año es “Los 47 Ronin”.



En el 2009, la Universal anunció sus intenciones de producir una película basada en   un
incidente ocurrido en el Japón de La Era Genroku (comienzos del Siglo XVIII) cuando Asano, un aristócrata nipón, tras haber ofendido accidentalmente al Shogun fue forzado a cometer seppuku (harakiri). Su muerte dejó desamparados a su familia y a sus 47 samuráis que de caballeros guerreros pasaron a ser Ronin, mercenarios sin amo, obligados a llevar una vida de parias mendigos. Unos años más tarde, los Ronin se unieron para vengar la muerte de su señor, tras lo cual se retiraron a un monasterio y se suicidaron en masa.

Este icónico evento conocido en japonés como Chushingura, ha sido , por siglos, tema central de piezas de teatro Kabuki y de marionetas, aparte de motivar  una media docena de filmes y adaptaciones televisivas (yo vi. la miniserie de1978 con Ken Watanabe).



La noticia de que un episodio tan reverenciado de la historia japonesa iba a ser filmado por occidentales y con Keanu Reeves de protagonista provoco una controversia en ambos lados, del Pacifico. Bajo esta presión, se construyó un abigarrado y fantástico  guión en el cual Keanu interpreta a Kai, híbrido de inglés y japonesa, cuya  vida se cruza con la de los Ronin, se enamora de la huérfana de Asano y debe batallar contras brujas, gigantes y otros seres del folclore japonés. Con solo ver el trailer ya se me hace agua la boca.

Enero, mes de vacaciones universitarias parece dedicado al horror en el cine. La casa embrujada de Amytiville vuelve a ser escenario de un filme; habrá una quinta entrega de “Paranormal Activity,” y los fantasmas reinan en “Jessebelle”. Sin embargo, todavía queda espacio para la fantasía. Aaron Eckart será el monstruo en “Yo Frankestein” en la cual deberá lidiar contra clanes de demonios.

¿Y recuerdan que hace un tiempo hablábamos sobre los séptimos hijos? Pues en enero viene “The Seventh Son”. Ben Barnes es el séptimo de sus hermanos lo que le permite aprender magia para proteger a su comunidad. ¿Pero será capaz de vencer a Julianne Moore quien interpreta a la más poderosa bruja del mundo?



Tenemos pocas noticias sobre el cine fantástico del 2014. Como ya les avisara, en febrero estrena “Vampire Academy”. Mayo verá el regreso del Hombre Araña y la secuela de “Como entrenar un dragón”, y en julio se espera “Maleficent”, otro de los filmes fantásticos a los que le apuesto. Postergada por la mala salud de la protagonista, esta versión revisionista de La Bella Durmiente será enfocada desde el punto de vista del hada mala interpretada por Angelina Jolie.




En general encuentro que la oferta de cine fantástico de la temporada que se acerca solo puede calificarse de paupérrima. ¿No opinan lo mismo? ¿Se me escapa algún otro proyecto fílmico fantástico? ¿Qué se sabe del cine extranjero? ¿Y cuál de estas películas les gustaría ver?

viernes, 2 de agosto de 2013

La Era de los Guardianes: Crónicas Fantásticas (IV)


En la leyenda y el mito, el héroe/heroína tiene que luchar contra el Mal, amparado por magia y seres sobrenaturales, y defender su comunidad, su raza o simplemente salvar el mundo.  Aunque toda historia épica abarca ese elemento, la idea del protagonista como protector y guardián  es por antonomasia el argumento principal de la fantasía.

Todo  relato epico-fantastico presenta alguna lucha entre el Bien y El Mal,  éste último encarnado a veces en figuras antropomórficas, llámense Voldemort, Saurón o Los Otros. Todo héroe, desde Frodo hasta Harry Potter, por insignificante que parezca. tiene una como misión destruir la raíz del Mal  Pero  tras del auge “potteriano”  el concepto de “Guardián salva-mundos” saturó de tal manera el mercado que una agente literaria, especialista en representar fantasías, puso en su pagina web que por favor no le mandarán más historias de ese tipo (¡!!!!)



Sin embargo, hay algo portentoso en el concepto de gente común y corriente que de pronto se convierten en “elegidos” y tienen que emprender viajes fabulosos para rescatar a la humanidad. ¿No fue eso lo que inicialmente nos atrapó de “Héroes”?  ¿Ese promo que rezaba “Save the Cheerleader, Save the World” (Salva a la porrista. Salva al mundo)?



También hay algo mágico en los héroes a regañadientes que no quieren arriesgar el pellejo, pero terminan entregándolo todo. “’ ¡Quédate tu aquí, para salvar el mundo!” le espeta Brendan Frazer a Rachel Weisz en “La Momia”, pero lo más bien que se sacrifica y acepta ser vapuleado por Imothep y sus fantasmagóricos esbirros.



 Y no hubo nada más romántico que ese encuentro entre un mercenario cínico y la mágica hechicera que lo íntima con sus artes curanderas, su don profético y hasta su virginidad a rescatar a una ciudad de su perverso gobernante en “El Rey Escorpión”. Algo parecido ocurre en “Blanca Nieves y El Cazador” en la que Kirsten Stewart destruye la imagen de la heroína-victima del cuento de hadas  para ponerse una armadura más refulgente que la de Brienne de Tarth e ir a la batalla para derrocar a su reina madrastra.

(squidoo.com)


Un ejemplo que netamente expresa su deuda con la obra de Rowling es la saga de Percy Jackson que ya comentamos cuando hablábamos de mitología clásica. Como Harry Potter, Percy es un chico incomprendido, solitario, a merced de un padrastro abusivo. Todo cambia cuando descubre que es un semidiós. Después de asistir a un campamento para gente como él, Percy debe evitar que la humanidad caiga bajo la ira de sus olímpicos parientes recuperando el rayo de Zeus.



Los guardianes no se dedican únicamente a  salvar el mundo. A veces la misión puede consistir en proteger a la comunidad de criaturas nefastas. De esos guardianes tenemos muchos en la ficción, algunos pertenecen a cofradías como los Cazadores de Sombras de Cassandra Clare en la saga The Mortal Instruments o los “magi” que vigilan que no despierte el siniestro Imothep en “La Momia”.



Los más conocidos obviamente son los caza vampiros. He oído quejas de la glorificación de estos señores cuando los pobres vampiros solo quieren que los dejen en paz. Recordemos que por siglos la humanidad no vio a los vampiros como sex symbols a lo Robert Pattinson o Stephen Moyer, sino como verdaderas plagas. Además la vida del cazador de vampiros es triste y solitaria. Coppola intentó darle un toque de lujuria a Van Helsing y Hugh Jackman de darle un toque de sex appeal, pero la verdad es que andar tras vampiros todo el día es una labor ingrata que excluye vida social y familiar.

Los Guardianes no solo cazan vampiros. Otras presas son los demonios y a ese gremio pertenecen los Cazadores de Sombras de Cassandra Clare y el pobre John Constantine. Hay que expresar compasión por ese personaje de Keanu Reeves que en el 2005 nos mostró el lado más trágico de un peculiar exorcista. Constantine nace con el pode de reconocer ángeles y demonios cuando ellos se dignan a visitar la Tierra.



Tan terrible era ese don que en su adolescencia, Constantine se suicida. En los dos minutos que preceden a ser revivido por un paramédico, Constantine desciende al Averno donde Lucifer le comunica que está maldito y que cuando muera terminará en el infierno. A pesar de esta certeza, Constantine dedica su vida a destruir demonios y finalmente consigue, gracias a un acto altruista, ser sanado de cáncer por el propio Lucifer.

(wodumedia.com)


Aunque Constantine es  la cara triste del trabajo de protector, hay otro personaje fantástico que me inspira más compasión. Tal vez porque James Purefoy me es más atractivo que Keanu, aunque alerto que el filme es tan oscuro que a Purefoy casi no lo distinguimos, más encima anda casi embozado por un sombrero alón.

Como John Constantine, Solomon Kane es un personaje de historietas. En 1928, Robert E. Howard crea a este aventurero-puritano que en la Era Barroca lucha contra el Mal venga éste en la forma de una vampira o de un doctor brujo.  Casi un siglo más tarde, Michael J. Bass llevaba al cine las aventuras de Kane. El filme abre con Solomon (Purefoy) un mercenario que en una batalla contra los Otomanos termina en una fortaleza colmada de espejos poblados por demonios. Uno de ellos se le acerca y le comunica que está maldito y que su destino final será el infierno.

Desde ese instante, el atribulado Kane viaja incusamente sin hallar descanso. De joven fue desterrado de sus tierras tras matar a su hermano así que no tiene familia ni hogar que lo acojan. Luego de ser expulsado, ahora de un monasterio, el ex mercenario  como expiación jura no volver a utilizar la violencia. Juramento  lo que lo convierte en presa fácil de cuanto bandido cruza su camino. Se encuentra con una familia de puritanos que se convierten en sus compañeros de viaje.



Llegan mas bandidos. Kane se harta y los hace pedazos, pero no puede evitar que rapten a la joven Meredith. El padre de Meredith le dice a Kane que si rescata a su hija salvará su alma. Esto llevará a Kane a luchar contra el hechicero Malachi y su ayudante (que resulta se hermano del héroe) y `pasar mil peripecias antes de rescatar a Meredith y su alma.



Aunque oscuros y un poco deprimentes, tanto personaje como historia son sumamente  poderosos y se entiende que hayan tenido una muy buena acogida con público y críticos. Una lástima que no se hayan hecho secuelas, porque, reitero., la salvación  en manos de un  héroe improvisado, desdichado y despreciado es un gran gancho y mucho más en las novelas de fantasía.


No podemos habla de la Era de Guardianes sin  referirnos a nuestra fantasía fetiche. Martin también tiene estos vilipendiados guardianes. No hay mejor ejemplo que la solitaria y mísera vida de la venida a menos Guardia Oscura. Pero no es el único caso. ¿Por qué todos admiran a Ned y hacen lo contrario con El Matarreyes que lo sacrificó todo por salvar a una ciudad? ¿Por qué el atareado Varys es motivo de más burla que el traidor Pycelle? No es fácil se Guardián, pero sin ellos no tendríamos historias fantásticas.

viernes, 19 de julio de 2013

La Era de los Magos (Crónicas Fantásticas II)


Iniciamos nuestro viaje por la fantasía contemporánea conociendo a las criaturas que abrieron la ruta para el avance fantástico: los magos. A diferencia de las brujas, los hechiceros siempre han cosechado buena fama, en ficción y realidad. A veces se les ha visto como científicos, pero J. K. Rowling creó un nuevo tipo de hechicero, uno muy joven. Harry Potter es un niño mago, con una misión y una reputación legendaria aun antes de empuñar su primera varita mágica.

La literatura fantástica nunca ha sido ajena al fenómeno del Mago, desde Merlín hasta  Gandalf han existido estos sabios de luengas barbas y sabios consejos. Tampoco el concepto de escuelas de magia era original puesto que Ursula Le Guin y Sir Terry Pratchett las describían en sus sagas fantásticas.

Lo novel fue que Hogwarts no era una academia de adultos sino una escuela infantil. Mas interesante es que Rowling le otorga (a pesar de hacerla mixta) los atributos de los famosos internados ingleses, lo que la hace identificable a su público. El mundo de Harry Potter, a pesar de su encantadoras idiosincrasias, es el  nuestro solo que existe en un plano paralelo al de los Muggles (léase humanos carentes de magia).

(fanpop.com)


Entre 1999 y el 2000, Harry Potter y la Piedra Filosofal se convirtió en un de los diez libros más leídos en el mundo anglo parlante. La publicación de las siguientes aventuras del niño-mago y la aparición de versiones fílmicas, como ocurre con todo fenómeno cultural, invitaron a otros escritores de fantasía a  crear sus propias órdenes mágicas ya sus propios  jóvenes aprendices de hechiceros.



 Tanto era el apetito del publico por este tipo de historias que en el 2003, Patricia Wrede desenterró una novela publicada en 1988 y titulada Sorcery and Cecilia or The Enchanted Chocolate Pot (Cecilia y la hechicería o La chocolatera encantada). Aprovechando la moda de los magos y la hechicería, Wrede republicó esta novela epistolar sobre brujitas en los días de Jane Austen. Le fue tan bien que la autora le escribió dos secuelas. Era el momento para que la literatura juvenil se pusiese del lado de los magos.



Confieso no conocer mucho de estos clones de Harry Potter, pero puedo comentar una fantasía histórica que trata el tema. Libba Bray en su Trilogía de Gemma Doyle crea la Academia Spence, un internado de señoritas victoriano, donde su heroína y sus condiscípulas descubren secretos de antigua magia.



Más diferente es la Trilogía de Bartimaeus de Jonathan Stroud. En un Londres moderno, pero gobernado por magos, Nathaniel es un aprendiz dispuesto a todo para alcanza el nivel mas alto de magia. Eso lo consigue gracias a Bartimaeus un genio de cinco mil años de edad, que lo asiste en todas sus empresas.

(imagenes.net)


Gracias al cine del Siglo XXI, magos antiguos y modernos comenzaron a adquirí rostros reconocibles. Sir Ian Mckellan desplegó magia blanca y Sir Christopher Lee la oscura en la saga de “El Señor de los Anillos”.  Al mago Merlín lo han interpretado, desde 1997, una docena de veces y Sam Neil, Joseph Fiennes y Sir Ben Kingsley, entre otros le han prestado sus fisonomías. Aunque el más recordado es Colin Morgan que en la serie “Las Aventuras de Merlín” retrata los problemas de un aprendiz de mago que debe ocultar sus poderes en la corte de Uther Pendragon.

(argentinawarez.com)


El joven Merlín vino a llenar un espacio que abandonaran las Hermanas Halliwell de “Charmed” Por largo tiempo y a pesar del interés por series sobrenaturales, la magia y los hechiceros eran los grandes ausentes de la televisión.  Eso cambió en el 2011, cuando  J.J. Abrams creaba un universo mágico llamado Storybook. En Once Upon a Time, no solo se reversionan los cuentos de hadas, además se exploran los beneficios y maleficios de la magia en manos de gente tan peligrosa como Regina y Rumpelstilskin.



Por buenas y originales que fueran esas historias, seguían siendo dirigidas a un publico  poco exigente y perpetuando el mito de que la fantasía era un género para niños. Sin embargo, la literatura adulta también se enfocaría hacia los magos.

Se dice que sin Harry Potter nunca hubiera existido Harry Dresden. A pesar de que Jim Butcher, su creador, adjudica el nombre de pila de su mago a un homenaje a Houdini, el protagonista de los Dresden Files podría ser un Harry Potter adulto.


Hijo de un ilusionista de feria, Harry Dresden es el único mago que puede ser encontrado en las páginas amarillas, pero su mayor labor consiste en ayudar a la policía en casos que involucren lo oculto. Y vaya que hay casos sobrenaturales en la Chicago suburbana, espacio donde Harry se mueve. Con una madrina que es realmente hada y un hermanastro vampiro, Harry tiene buen conocimiento de lo sobrenatural. Cuando sus artes mágicas le fallan, siempre habrá algún ángel  o licántropo listo para ayudarlo.



Nunca he leído una novela de Butcher, pero si vi el desastroso intento de convertirlas en serie. Los aficionados me juran que esa serie chanta del ScyFy que solo duró una temporada no es para nada representativa de la calidad de la saga. A juzgar por a fama de los Dresden Files, les creo. Mi problema principal se llamó Paul Blackthorne un muy mal actor que interpretaba a Harry y el que la serie sufría de todas las fallas que afligen a los productos de ese bendito canal.

Los magos adultos no solo existía en fantasías urbanas y series infantiles, en el 2003 surgió una fantasía histórica que (tal como La Historiadora de Elisabeth Kostova) califica de literatura fantástica “seria”. Me refiero a Jonathan Strange y El Señor Norrell de Susanna Clarke. Tal como ocurriera con la primera novela de Rowling, a Clarke le tomaría una década escribir su obra magna y como Harry Potter, Strange y Norrell nacieron en la mente de su autora en La Península Ibérica, mejor dicho en Bilbao donde ella enseñaba inglés.



Debido a que tiene lugar en la Inglaterra de la Regencia, muchos han visto esta voluminosa novela como una imitación de Jane Austen. En realidad, su prosa prolija, a ratos pesada en su exceso de descripciones es totalmente victoriana y recuerda mucho a la pluma de Dickens.

El Señor Norrell es un caballero de Yorkshire que, a  comienzos del Siglo XIX sueña con restaurar la magia un sitial de honor en Inglaterra. La magia abandonó el imperio británico junto con su legendario soberano, El Rey Cuervo, y ahora amos residen en un misterioso universo paralelo. En pos de esa empresa, Norrell  se marcha a Londres donde sus experimentos nigrománticos atraen el interés de la nobleza. Tras resucitar a Lady Pole, Norrell adquiere renombre como mago y sus servicios son solicitados por el gobierno para impedir el avance napoleónico. Sera por entonces que el mago adquiera un aprendiz, el joven y arrogante Jonathan Strange. Ahí inician los problemas.

(Grabado de Portia Rosemberg para la edición original)

Norrell ignora que las hadas que lo asistieron en la resurrección de Emma Ple le están cobrando su precio. Secuestran a la pobre mujer cada vez que se les antoja y han seducido a Stephen, sirviente del mago, haciéndolo creer que lo convertirá en rey de las hadas. Para colmo, Strange se revela un mago más poderoso que su maestro y se convierten en rivales. Las hadas secuestran a Arabella, esposa de Strange y reaparece el Rey Cuervo.

Strange, creyéndose viudo inicia un descenso hacia la magia más oscura que llevará a resultados catastróficos. No sigo porque es un libro que obligatoriamente deben leer todos los amantes de la fantasía. Les aviso que es pesado, a ratos ahoga con su erudición, y su final es agridulce y abierto, pero es una lectura que vale la pena y lo más literario que ha surgido de esta Era de las Magos.

Ahora es su turno de contarme sobre otros magos en la ficción, u otros clones de Harry Potter que los hayan impresionado.


jueves, 7 de junio de 2012

¿Qué tiene Canción de Hielo y Fuego que la hace superior a otras sagas fantásticas?


(foto de lasombradegrumm.blogspot.com)


Apenas unos días después del final de temporada de “Juego de Tronos” y ya experimento síntomas de wihdrawal. Me imagino que uds. andarán igual. Canción de Hielo y Fuego es tan adictiva como una droga y la falta de su entrega semanal en formato de serie nos frustra y deprime. Por eso sigamos hablando de esa obra extraordinaria y del anzuelo con el que el autor nos ha pescado como sardinas y no solo a nosotros… Me gustaría saber por qué HBO se arriesgó a gastar millonadas en un género catalogado como “infantil “y en esa  saga en particular.

Es cierto que HBO había alcanzado una altísima sintonía con sus vampiros y otros seres fantásticos de “True Blood”. También es cierto que el apoteósico triunfo  de taquilla de las adaptaciones fílmicas de Tolkien le ha adjudicado a la fantasía épica cierta respetabilidad y los de HBO querían aprovecharse de esa moda. Pero si buscaban algo-parecido-a-Tolkien ahí está la saga de Robert Jordan  The Wheel of Time (La rueda del tiempo). Si querían algún bestseller con dragones tienen toda la serie de Temeraire (Temerario) de Naomi Novik.



Tal vez querían menos magia y más sexo, después de todo eso es lo que distingue a HBO. ¿Entonces por qué no echar mano de la Outlander (Forastera) y todas sus secuelas? Los fans de Diana Gabaldon llevan una década esperando ver en la pantalla, chica o grande, las aventuras de Jamie y Claire. Les hubiera salido más barata. Pero si querían erotismo en un marco más fantástico que la Escocia del Siglo XVIII, siempre pudieron comprar los derechos de Kushiel’s Dart de Jacqueline Carey, una ensalada de fantasía histórica y sexo sado-masoquista a lo 50 Shades of Gray.

(Foto de onlinelibrosgratis.blogspot.com)


Y la pregunta del millón. ¿Por qué optar por fabricar el mundo de Poniente antes que internarse en el sendero de La Torre Oscura? HBO tiene los derechos de la fantasía-western de Stephen King y medio apalabrado a Javier Bardem para interpretar a Roland Deschain.



Tras leer varios artículos, he encontrado algunos factores que explican la decisión de HBO. La principal es que Canción de Hielo y Fuego es considerada  “fantasía adulta” no únicamente por su cuota de sexo  (y de la variedad audaz y oscura que le gusta la compañía), sino porque sus personajes y su mundo son moralmente ambiguos. Aquí no cabe la lucha entre el Bien y el Mal que caracteriza a las obras de Tolkien y de sus imitadores. En el universo de George R. R. Martin no hay buenos ni malos, por algo nos dividimos entre ambos bandos en la reciente Batalla de Blackwater.

Tyrion herido por uno de sus propios guardias en Blackwater (Foto de theairspace.net)


La ambigüedad moral, lejos de crear personajes repugnantes  o antipáticos,  dimensiona la complejidad y el calado de las personalidades de los protagonistas. Esa es otra razón que hace a la obra “martinesca” más madura y superior a la de Jordan y otros autores de fantasía épica. Su contenido sutil y sus redondos personajes, algo no tan común en otras fantasías “adultas  (“True Blood” será muy adulta pero sus protagonistas son mas inmaduros que Joffrey Baratheon) han sido mayor gancho.

Aunque hay muchos televidentes que se confunden con la cantidad, variedad y comportamientos de los personajes de la serie (que no ha incluido ni la mitad de los personajes creados por Martin) otros precisamente encuentran en esas tramas y seres oscuros un antídoto al aburrimiento que  asocian con la lectura de la High Fantasy.

Pero también es parte de la competencia literaria del autor el saber equilibrar  los temas “reales” de ambición, amor a la familia, búsqueda de glorias y guerras por el poder con lo fantástico. Decía alguien que Canción de hielo y fuego no califica como fantasía puesto que el género no se define por el único hecho de crear un mundo ficticio (bajo esos cánones tampoco Kushiel podría ser clasificada como fantástica). Pero Poniente y el mundo más allá del Muro o del Mar Estrecho está colmado de elementos fantásticos: dragones, Caminantes Blancos, brujas que paren sombras asesinas, etc.

Melisandre "Madre de sombras"(Foto de fanpop.com)


La obra de Naomi Novik, novedosa en  su reinvención de las Guerras Napoleónicas con batallas aéreas en las que los dragones toman el lugar de modernos aeroplanos, carece de personajes dotados de debilidades humanas y de esa exacta línea entre lo terrenal, lo banal y lo fantástico que ha convertido a detractores del genero en fanáticos de la saga de “Juego de Tronos”.

¿Es eso entonces lo que ha llevado a “Game of Thrones” a convertirse en un fenómeno televisivo? ¿Estar basada en una historia que combina historia con fantasía, sexo con magia, ambigüedad moral con profundos valores universales? ¿Son esos los requisitos para clasificar a una obra como “fantasía adulta”? ¿Y si es así qué otras sagas fantásticas de ese tipo merecen seguir a “Juego de Tronos” a la pantalla chica?