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viernes, 5 de julio de 2013

Mujeres que corren con los lobos: heroínas licántropas


Un cambio que trajo la invención del héroe licántropo, fue la aparición de mujeres lobas que hasta ahora casi no se conocían. La idea del lado bueno de la licantropía aunada a una metamorfosis que convertía al humano en un hermoso animal, hacia posible, desde un punto de vista estético, que las protagonistas también le aullasen a la luna.

Hay ejemplos en la literatura pre-siglo XX de licántropas, pero tal como lo concibiera la Iglesia durante sus misóginas cacerías, se trata siempre de malévolas hechiceras. Así en su novela bizantina Los Trabajos de Persiles y Segismunda El Manco de Lepanto incluye una bruja que se convierte en loba. En el cuento de terror “El lobo blanco de las Montañas de Hartz” la madrastra del protagonista usa su magia para convertirse en fiera y devorar a sus hijastros.

El cine evitó relatos de mujeres-lobas, aunque, en 1944, Nina Foch, interpreta a una en “The Cry of the Werewolf”. Un año más tarde, June Lockhart cree ser víctima de la licantropía en “The She-Wolf of London”. En ambos filmes las lobas nunca aparecen con máscaras absurdas. O no se les ve el rostro o aparecen como lobos normales.


El cine-terror mexicano de los 60’s nos trae a Kitty de Hoyos en “La Loba” (1964), un romance licantropico. De acuerdo a los cánones cinematográficos audaces de los 60’s y 70’s, ya pueden aparecer monstruas hibridas. Así surgen filmes que son parte de la mixtura horror-sexploitation tan en boga y con títulos sugerentes como “Nympho Wolf” o “My Mother is a Werewolf”. El colmo llega con la cinta italiana “La Lupa Mannara” de 1976, donde Annik Borel enseña vello púbico y facial, no se sabe cual más hirsuto. Por suerte estas ridiculeces son escasas.



El primer retrato positivo de licántropa emergió en esa fabula de Neil Jordan “In the Company of Wolves” (“En Compañía de lobos”). Uno de los cuentos intercalados muestra a una lobita que se vuelve humana, pero extraña su mundo. Por suerte encontré en YouTube el filme completo y  en castellano. A pesar de que el filme  fue muy incomprendido en su momento, el argumento permitió a la licantropía adquirir caracteres románticos, incluso con el final  en que Caperucita Roja decide convertirse en loba y formar pareja con el que siempre ha sido el villano de la historia.



“In the Company of Wolves”, y los cuentos de Angela Carter en los que la trama está basada utilizan la licantropía femenina como una metáfora de los cambios hormonales adolescentes y el miedo y la fascinación al sexo que los acompañan. Pero el cuento de la loba humana también gira en torno al estereotipo de la “mujer salvaje”, de esas cuyos mitos pueblan las páginas de Women who Run with Wolves (Mujeres que corren con lobos) de Clarissa Pinkolas Estés.

Ya solo falta que una estrella de cine y sex-symbol de los 90’s de vida a una loba y eso ocurrirá en 1994. Los 90’s comenzaron con una revisión total de grandes mitos del cine del horror. Gary Oldman dio un rostro romántico a Dracula en 1992, dos años más delante De Niro interpretaba a un atormentado e incomprendido monstruo de Frankestein. En ese mismo año, Jack Nicholson le aullaba la luna como un simpático y moderno hombre lobo en “Wolf” (“Lobo”).



Will es un editor que enfrenta problemas en el ámbito laboral y en su matrimonio. Una noche en que conduce a través de un descampado en Vermont atropella accidentalmente a un hermoso lobo. Al bajarse a examinar a la criatura, ésta se pone de pie, le muerde una mano y huye.

A partir de ese momento, Will experimenta cambios físicos y emocionales. Se vuelve más peludo, aumentan sus apetitos incluyendo el sexual, se hace más fuerte y ágil, se agudizan sus sentidos. Así descubre que su rival en el trabajo (James Spader) es amante de su mujer (Kate Nelligan). Will muerde a su enemigo y le orina los zapatos “para marcar territorio”.

Pero también Will comienza a sufrir lagunas mentales y no recuerda que ha hecho durante el plenilunio. El público sabe que a Will le crecen los colmillos (casi la única metamorfosis que experimenta) y se va de cacería bajo la luz de la luna. ¿Pero incluirán asesinatos estas expediciones?



La única que apoya y ayuda a Will a afrontar su licantropía es Laura (Michelle Pfeiffer) hija de su odiado jefe (Christopher Plummer). Ella arriesga su vida para demostrar que Will no es un asesino. No quiero dar más detalles sobre este fascinante filme, pero me veo obligada a revelar un inmenso SPOILER con este clip del final de la película.



Michelle Pfeiffer, en 1994, era un símbolo sexual, una actriz más que taquillera y ya había incursionado en el mundo fantástico como una de las “Brujas de Eastwick”, como la amada de un licántropo en “Ladyhawke” y como La Gatubela. Ahora se las arregló para sorprender en ese primer retrato de licántropa guapa y heroica.

La literatura de la Era de La Fantasía de esta última década ha visto el nacimiento de muchas lobas humanas. Las series de Carrie Vaughn sobre la locutora Kitty Norville y de Kelly Armstrong sobre  Elena Michaels, la periodista de Toronto, muestran como es vivir en el mundo moderno siendo licántropa.



Sin embargo, los mejores retratos de mujeres lobas se los debemos a una fantasía histórica y a una novela juvenil. En 1997se publicaba Silver Wolf (La loba de plata) de la pluma de Alice Borchardt, hermana de Anne Rice.



La dama franca Gisela llega a la Roma medieval con una última esperanza, que el Papa desencante a su hija Regeane y la libere del molesto hábito de convertirse en loba. Regeane es una cambia-pieles como su padre, pero para Gisela y su familia la metamorfosis es indicación de poderes diabólicos. La muerte de Gisela deja a la lobita a merced de su villano tío Gundabald quien tiene siniestros planes para su sobrina.

El Papa Adriano tiene problemas con los lombardos y quiere que Carlomagno y sus francos vengan en su ayuda. Quien puede ayudarlos es Maeniel, líder de una tribu de bárbaros que habita la zona entre el reino carolingio y el lombardo (el actual Valle de Aosta). Para conseguir su fidelidad se le ofrece como esposa a alguien de la dinastía carolingia, esa es la niña-loba. Gundabald encierra a su sobrina en el sótano, la golpea, la mata de hambre y la amenaza con revelar su secreto lo que haría que las autoridades la quemen por bruja.

Regeane logra huir en varias ocasiones, pero siempre es atrapada. En sus huidas vive fantásticas aventuras que la llevan a una villa-prostíbulo, un leprosorio y un convento. Hace amistad con la cortesana Lucila,  con una niñita sajona y con Antonious, el hijo leproso de Lucila y el Santo Padre. A pesar de su fragilidad, Regeane está llena de poderes, tiene visiones que la llevan a otros mundos y a comunicarse con los muertos incluyendo a su difunto padre. También tiene dotes de curandera.


En busca de yerbas que curan la lepra, Regeane se interna en un bosque de las afueras de Roma y conoce a un lobo que le roba el corazón, pero nada puede contra las intrigas de su tío y debe casarse con Maeniel a quien encuentra atractivo, pero que no consigue hacerla olvidar al lobo. Finalmente ocurre lo que tememos y Regeane acaba en la hoguera, pero es rescatada por su marido que le revela que él es el lobo. Regeane parte al reino de su esposo donde puede vivir en paz su licantropía.

(tumblr.com)


Es un libro sumamente original e interesante que por primera vez muestra a los lobos como seres superiores, no caníbales asesinos. Lamentablemente, esta novela tiene algunos errores que impidieron que se convirtiera en un cásico. Está mal escrita. Borchardt no es Martin, su exceso de descripciones aburre. Por otro lado, el argumento a ratos es sexista. Las mujeres son todas buenas, con mínimas excepciones, los hombres son perversos, pervertidos y ambiciosos. Por último, aunque es romance paranormal, tiene muy poco  de romance, pero si tiene mucho sexo y violencia, incluyendo un inexplicable affaire lésbico entre Reagane y Lucila, aun así es una pionera en el género licántropico.

En 1999, Anette Curtis Klause publica Blood and Chocolate, la historia de Vivian, una adolescente que sufre el ser la inadaptada de su clase de secundaria. Mayor problema tendría la chica si sus celosas compañeras supieran que es licántropa. En su infancia  Vivian fue parte de un mini grupo de chicos-lobos llamados “Los Cinco”. Pero la llegada de la adolescencia hizo que sus amigos se volvieran díscolos y pusieran en peligro a La Manada atrayendo el interés de los humanos. Un incendio intencional provocado por humanos dejó a Vivian huérfana de padre y ha obligado a la manada a emigrar a Maryland. Pero los licántropos necesitan de un líder. Ese parece ser Gabriel de quien se enamora Esme, madre de Vivian, solo que a lobo le gusta la hija.



Vivian se enamora de su compañero Aidan que parece abierto a la idea que existen seres sobrenaturales. Gabriel se gana el puesto de líder de la manada y Esme y su rival Astrid luchan por el derecho de ser su hembra. Esme va perdiendo, cuando Vivian interviene y vence a Astrid, dejándola tuerta. Ante su horror la chica se ha convertid en la hembra Alfa y está obligada a ser mujer de Gabriel.

Vivian le confiesa su realidad a Aidan quien reacciona con horror, asco y rechazo. Vivian comienza a sufrir episodios de amnesia en los que despierta manchada de sangre y sin poder recordar nada. Esto ocurre paralelamente a una ola de misteriosos y brutales asesinatos en su ciudad. Finalmente será Gabriel quien ayude a esclarecer los misterios que rodean a Vivian y le enseñará a aceptar su licantropía y su amor.



Esta preciosa novela que les recomiendo sin dudar, se convirtió en un bestseller y obligadamente fue llevada al cine. La cinta del 2007 fue un fracaso estruendoso. Le hicieron cambios absurdos como trasladar la acción a Bucarest, subirle a edad a Vivian y eliminar todo el trasfondo de la secundaria. Para colmo, al final Vivian se queda con Aidan. El que haya sido un fiasco en pantalla no resta el valor de a novela que sigue siendo el mejor retrato de licantropía en la literatura. Blood and Chocolate no ha sido superada, pero el Siglo XXI verá nuevas posibilidades en los licántropos tal como integrarlos al auge de la ficción vampírica (Continuará)


jueves, 6 de diciembre de 2012

Cuando "Medieval" es Sinónimo de “Fantasía”: Ladyhawke y otros experimentos parecidos



 Este diciembre ando en onda medieval. Hace poco veía “Ironclad” y  la semana pasada me tragué los 264 minutos de “Arn, El Templario”, una miniserie sueca. A pesar de que ambas historias tienen lugar en geografías reales y momentos históricos puntuales, el solo ver hombres  con cotas de mallas dándose espadazos y besando a damas de cabelleras rapuncelicas y mangas de pagoda ya me hacia esperar que por alguna torre aletearía un dragón o por alguna almena saltaría un brujo con espada flamígera en mano. ¿Será por el auge de la Alta Fantasía que equiparamos todo lo que tiene que ver con el Medievo con hechicerías, monstruos míticos,  y sucesos prodigiosos?

Es curioso porque la fantasía épica nunca tiene lugar espacio en nuestro planeta, y de las muchas sagas medievales que han llegado a la pantalla pocas incluyen elementos fantásticos. Aun así, la imaginación popular ve factores comunes entre género “sword and sorcery” y los sucesos que tuvieron lugar en ese espacio cronológico  post- Caída del Imperio Romano y pre-Guerra de los Cien Años.

Otra razón para fusionar ambos géneros (al menos en nuestra mente) es la fascinación moderna con  la literatura de “conspiración”  tipo Dan Brown que crea thrillers basados en intrigas medievales casi siempre emparentadas o con Los Cátaros,  Los Templarios o algún otro grupo díscolo de la época. He ahí otro motivo para creer que en los días de La Orden del Templo los hechiceros y  las criaturas fantásticas sobrenaturales deambulaban por  calles  y campiñas de una Europa de la que se tiene poco conocimiento.

(historiamundo.com)


 La  Edad de las Tinieblas es tan ignota históricamente hablando que se especula que pudo haber caído un asteroide en algún punto del planeta el siglo VI, lo que habría provocado la Caída del Imperio Romano y todos los desastres consiguientes. También se ha hablado de la erupción de un mega volcán que afectó por siglos el clima continental y que acabó  con criaturas que hoy son míticas pero que se extinguieron por aquel entonces.

 Sabemos que esos días oscurantistas se perdieron manuscritos de valor incalculable. Incluso, reinos como Jazaria nacieron y desaparecieron en esos días nebulosos. Poco ha de sorprender entonces que el mundo medieval sea terreno fértil para especulaciones sobre sucesos portentosos. Lo que si sorprende es la poca calidad de la ficción histórico-fantástica que tiene lugar en la verdadera Edad Media.

Aparte de obras derivadas de la Leyenda Artúrica, que nunca pasa de moda, no veo nada muy interesante o de calidad en ese grupo que también abarca variaciones sobre leyendas celtas como  La Trilogía de Seven Waters de Juliet Marillier. Esta última  esté bien escrita, pero resultó demasiado triste para mi gusto.  Hadas escocesas, templarios franceses y dragones vikingos son también tema para muchas series fantásticas que no logran atrapar mi interés. Mucho menos los cuentos de hadas y elfos de Karen Marie Moning que serán muy populares pero que para mi son un chic lit situada en espacios sobrenaturales.



Es por eso que me puse a pensar en qué obras de ficción se ha conseguido conjugar apropiadamente el universo histórico medieval y los elementos fantásticos. Solo acuden a mi memoria dos películas. Obvio que los ejemplos que voy a darles corresponden únicamente a mi siempre subjetivo gusto personal, por lo que me gustaría que ustedes aportaran ejemplos de fantasías medievales que les hayan gustado.

Haciendo memoria, recuerdo que por alguna razón el cine de los 80’s se volcó en temas medievales, sacando películas de algún  merito como la “Excalibur” de John Boorman y  otras que pudieron ser mejores como “El Nombre de la Rosa” o “Flesh and Blood”. También hubo su cuota de fantasía medieval como la curiosa “Willow”; “ Labrynth” en la que David Bowie interpretó su rol mas camp;   y la horrorosa “Leyenda” donde Tom Cruise hizo lo imposible, verse ridículo.

Tom Cruise y Mia Sara en "Legend" (movieburger.com.au)


De este mosaico de extravagancias se salva una película que con sus fallitas sigue agitando este corazón cursi y romántico en mi cincuentón pechito. Se trata de “Ladyhawke” (“Lady halcón”) supuestamente basada en una leyenda medieval, pero que en realidad nació de la fértil mente de Edward Khmara.

La acción tiene lugar a comienzos del Siglo XIII en la ciudad italiana de Aquila (si la misma que destruyó el terremoto). A pesar de estar filmada en Italia, por alguna razón, Khmara les da nombres franceses a todos sus personajes. Philippe Gastón, alias El Ratón”, es el ladronzuelo más experto del reino y por eso el enigmático caballero Etienne de Navarre (Rutger Hauer) necesita de sus servicios.

Navarre quiere que Philippe lo guie por las alcantarillas del castillo del Obispo de Aquila, a cuyo dueño el caballero desea matar. Philippe no tiene muchas ganas de meterse en esa empresa, sobre todo porque Navarre es un individuo bastante siniestro y extraño que de día se pasea con un halcón en el hombro y de noche se convierte en un lobo al que acompaña una etérea Michelle Pffeifer. Sin embargo, el raterillo  descubre el gran secreto tras Navarre después que ve al halcón convertirse en  su misteriosa acompañante. 

(ticotica.wordpress.com)


Cuando el halcón es herido por uno de los hombres del Obispo,  Navarre ordena a  Philippe llevarla donde el monje Imperious. Será éste quien cuente al “Ratón” la tragedia de Navarre. Enamorado de la bella heredera Isabeau d’Anjou, Etienne incurre en la ira de Obispo de cuya guardia, Navarre es el comandante. Cuando el Obispo se entera que Isabeau, a quien desea, y Navarre se han comprometido en secreto (en la Edad Media eso era equivalente a un matrimonio) el prelado  lanza una terrible maldición sobre los amantes. Durante el día, ella será halcón y, de noche, él se volverá lobo.


Para añadir mas sufrimiento, la maldición  permite que Navarre e Isabeau se vean en forma humana por una fracción de segundo cada amanecer y cada puesta de sol. El momento es tan efímero que la pareja no alcanza a tocarse. Phiippe comprende la ira y dolor de Navarre y su necesidad de matar al Obispo, pero también descubre, gracias a Imperius, que existe una posibilidad de destruir el hechizo sin derramar sangre. No les cuento más, porque, de veras, es un filme que hay que ver.



A pesar de algunas incongruencias, como la banda sonora que combina cacofónicamente piezas renacentistas con temas de The Alan Parsons Projects, o el acento de Matthew Broderick que a cada rato pasaba de británico a yanqui, es un filme notable, de lo mejor que se ha hecho en fantasías medievales. La atmosfera de época es ayudada por las locaciones italianas, el vestuario y un guión que no cae en chapucerías modernas ni desubica lo sobrenatural como ocurre en otros experimentos fílmicos parecidos.



Michelle Pfeiffer es una Isabeau exquisita que se desliga del cliché de damisela indefensa demostrando que es capaz de matar para proteger a su hombre, pero que no necesita ser guerrera marimacho ni mandarse discursos feministas. Rutger Hauer concilia admirablemente la ferocidad de un sanguinario licántropo con el padecimiento de un amor imposible. Es convincente en todo hasta en los celos que le bajan cuando descubre que Philippe  puede en las noches comunicarse, ver y tocar a una Isabeau-mujer.

(virtualhistory.com)


El toque humorístico que impone el personaje de M. Broderick no resulta  fuera de lugar. Sus diálogos (los mejores de la película) aportan un alivio a la insoportable tortura de no saber como terminará el desdichado romance de los protagonistas. Es increíble lo eróticos que resultan Isabeau y Navarre, a pesar de que nunca se les ve haciendo el amor. La tensión sexual emanada de esa imposibilidad de amarse, ni siquiera tocarse, opaca y apoca la supuesta incapacidad de Bella y Edward Cullen de consumar su pasión.



El otro filme que enlaza armónicamente lo prodigioso con  lo medieval es una película menor, no muy conocida ni muy apreciada (a juzgar por las escasas reseñas que he encontrado en Internet). Solo el privilegio de tener acceso al canal Europa me permitió conocer “Rencontre avec le dragon” (“The Red Knight” en inglés. “El Caballero Rojo” en español), hecha en Francia en el 2003.

El cuento gira en torno a una añejísima formula, ahora trasladada a la Europa medieval. Un joven impresionable e idealista por fin conoce al ídolo cuyas hazañas sueña con emular, pero descubre que éste tiene pies de barro. Aun así,  Guillaume de Montauban, alias “El Dragón Rojo” (Daniel Auteil), es además de un criminal endurecido, un ser con poderes sobrenaturales. En su juventud,  enfrentó el fuego del dragón que en vez de calcinarlo lo hizo  más inmune a las llamas que un Targaryen. Pero aun el haber visto criaturas fabulosas y tener poderes milagroso no evita que El  Caballero Rojo sea un cínico amargado y agobiado por sus pecados. El mayor de ellos es un crimen pasional que ocurrió cuando, tras seducirla, asesinó a la mujer de su mejor amigo.



Para el huérfano Félix  (Nicolas Nollet) es inaudito que una leyenda viviente a la que él reverencia pueda ser éste impío delincuente e insiste en acompañarlo. Pero Guillaume está involucrado en una empresa vil, se ha convertido en un vulgar caza recompensas. Hughes de Pertuys (Titoff) , el juglar favorito del Papa Inocente ha huido de la corte. El Pontífice ofrece una recompensa a quien le traiga al fugitivo y El Caballero Rojo se une a la pandilla de mercenarios en busca de Hughes.

Ahí comienza un “road movie”. Félix sigue a Montauban y se les van agregando miembros a la comitiva  como la abadesa Gisela von Bingen (Emanuelle Devos) que, a pesar de su avanzado embarazo, va también en busca de Hughes, padre de su hijo. Pero el más curioso de los compañeros de viajes es Raoul de Ventadour (Sergi López) un manso deficiente mental que en las noches se transforma en jabalí. Por boca de  Gisela, Felix descubre que Raoul es el amigo traicionado del Caballero Rojo, que debido al  dolor por la muerte de su mujer sufre de esa metamorfosis nocturna.  La difunta esposa de Raoul, Isabelle (Claude Perrón) se le aparece al ingenuo escudero en el bosque y lo insta a matar a Montauban antes que El Caballero Rojo mate al hombre-jabalí.

Hughes y Gisela se encuentran con el tiempo suficiente para que ella de a luz a su hijo, ya luego llegan los mercenarios a capturar a la pareja. Impresionado por el amor del poeta y la monja, Felix intenta rescatarlos, pero suceden varias desgracias que obligarán a Montauban a una última hazaña a favor de Las Fuerzas del Bien.

El filme ha recibido su porción de críticas negativas, algunas inmerecidas. Y por ahí ha salido el misógino, que ha acusado a Helene Angel, su directora, de no saber manejar la épica debido a su condición de mujer. Es una producción desigual, sobre todo en el argumento que presenta cierto desorden, pero con muchas posibilidades. Visualmente es impresionante, el manejo de colores es muy vibrante. Hay imágenes bastante perturbadoras como la del espíritu de Isabelle que se desliza por la floresta como un espectro de película japonesa.

Gisela y Montauban(toutlecine.com)


Algunas actuaciones valen destacarse. Daniel Auteil es un actor que infaliblemente me revienta, pero como El Caballero Rojo convence como alguien que vive atormentado por los remordimientos. Es increíble ver a Sergi López como el humilde y noble Raoul y compararlo con el siniestro Vidal de “El Laberinto del Fauno”. Emanuelle Devos también resalta como la audaz monjita que, sin embargo, es quien impone la voz de la sensatez en ese mundo masculino de violencia, infamia e incoherencia. En conjunto, la película es un experimento interesante que prueba que la épica fantástica también puede tener lugar en combinación con el pasado histórico.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Las Brujas Salen del Closet (II parte)



La Revolución Hippie de los 60’s traería consigo un interés en lo místico y lo espiritual que devendría en la llamada “Nueva Era”. Fue en esa época cuando las brujas, tanto en ficción como en realidad, saldrían del closet y con mejor imagen que antaño.

Samantha Stevens había asentado un precedente con su imagen de “bruja buena”. Hasta Disney se contagió y un año antes que “Hechizada” sale del aire (1971), aparece en los cines “Bedknobs and Broomsticks” (“La Bruja Novata”) en la cual Angela Lansbury interpreta a Eglantine Price, una aprendiz de bruja que lucha contra los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Basado en las novelas de Mary Norton, este relato de una patriótica bruja inglesa fue un éxito de taquilla y ganó un Oscar por sus efectos especiales.



Aunque en el cine de los 70’sseguían circulando las brujas  satánicas, en USA eran las brujas verdaderas las que hacían noticia. En 1975, en California, Z. Budapest, sacerdotisa wicana y bruja bona fide, fue arrestada tras leerle el tarot a una policía encubierta. A esto siguió lo que se conoce como “el último juicio por brujería en los Estados Unidos”.  Este juicio, en el que Budapest fue declarada culpable, atrajo tanta publicidad que consiguió que la Corte Suprema la declarara inocente y que se la considerara como una victima de discriminación religiosa. El juicio también consiguió que se abolieran las leyes en contra de leer la suerte en California.
Z Budapest (pestiside.hu)


Un  par de años después de estos sucesos, Margot Adler, periodista, nieta del famoso psiquiatra y bruja confesa, publicó su fascinante Drawing Down the Moon (Bajando la Luna, 1979). En un estudio muy bien documentado sobre, tal como dice su subtitulo, “brujas, druidas, adoradores de la Diosa y otros paganos en la América Moderna”, Adler presentaba una subcultura (hasta entonces desconocida), exploraba las raíces históricas del paganismo y popularizaba estos nuevos cultos. El libro de Adler es tan popular que desde su publicación ha tenido varias ediciones, con consiguientes modificaciones y agregados. Yo lo encontré en el otoño de 1992 cuando estaba buscando material para mi tesis de grado. Me lo leí en dos sentadas (un viaje de ida y vuelta entre Long Island y Queens, NY) porque era absolutamente absorbente  y cambió por completo mi percepción de las brujas como simples satanistas urbanas o curanderas rurales.

(goodreads.com)


Comencé una investigación sobre el tema, usando como referencia la bibliografía de Adler que abarcaba casi todo lo escrito sobre la brujería moderna. Así me tragué sucesivamente las obras de Doreen Valiente, Starhawk, Z Budapest, Raymond Buckland, Raven Grimassi y otros. La brujería que emergía de esas páginas era un concepto muy diverso y que cubría múltiples espectros.

Los Paganos y Wicanos (que no son lo mismo) se autodefinen como “brujos”, pero no todos los brujos siguen ritos paganos. Los hay que consideran la brujería o “The Craft” (“El Oficio”) como una religión, otros en cambio lo ven como una herencia cultural. Algunos hasta  sincretizan sus habilidades mágicas combinándolas con religiones tradicionales. Los hay que creen que The Craft opera mejor dentro de grupos organizados, otros prefieren ser practicantes solitarios. Los hay que se involucran en estudios ocultistas, otras prefieren seguir el camino del curanderismo y se ocupan de curas homeopáticas, remedios caseros y hasta recetas “mágicas “de belleza y cocina (de ahí el termino “Kitchen Witch” o “bruja de cocina”.

La abolición de las últimas leyes anti-brujería, la aparición de esta literatura y la abundancia de tiendecitas esotéricas comenzaron a sacar a los brujos a la luz del sol y a cambiar la impresión del público estadounidense  sobre ellos incluso en el cine y  la literatura “seria”. Así, en 1984, el reconocido novelista John Updike publica The Witches of Eastwick (Las Brujas de Eastwick).

(casadellibro.com)


La historia tiene lugar en un pueblo de Rhode Isand a fines de los 60’s. La escultora Alexandra y sus amigas Jane y Suki, son brujas que descubrieron sus poderes tras sus fracasos matrimoniales. Todos los jueves se reúnen para usar su magia y espiar a sus vecinas y enterarse de sus secretos. Las tres tienen amores con hombres casados (Suki mantiene un doble affaire con su jefe y también con el ministro del pueblo), y antes ya han “probado” sexualmente a todos los habitantes masculinos de Eastwick. Ansiosas de encontrar a la pareja ideal, el trió hace un conjuro. Poco después llega al pueblo un millonario neoyorquino llamado Darryl van Horne. A pesar de que Darryl alterna la patanería con la sofisticación, las brujas pronto se están acostando con él.

La situación se vuelve incomoda cuando Felicia, esposa de uno de los amantes de Suki, comienza a entrometerse con las brujas. Estas le lanzan un hechizo con el cual provocan que su esposo la asesine y luego se suicide. Las muertes de Clyde y Felicia atraen al pueblo a sus hijos, Jenny y Chris. Darryl se involucra sentimentalmente con Jenny y termina casado con ella. Muertas de celos, las brujas lanzan otro hechizo que acaba con Jenny con un cáncer fulminante. Pero el trió pierde a Darryl que se revela bisexual y huye con su joven cuñado. Las brujas recapacitan, invocan a un hombre perfecto para cada una de ellas y en su compañía se marchan de Eastwick.

Aunque Updike insistió en que su obra era feminista  y que sus heroínas expresaban el poder y la libertad de su sexo, le cayeron varias criticas encima. Una era que volvía a vincular a la mujer con la hechicería. No le veo ahí un problema, pero si en lo antipáticas que son sus brujas. Jane, Alexandra y Suki son adúlteras, narcisistas, egoístas, chismosas, celosas y vengativas. Es si no son tan nocivas como Las Brujas de Roald Dahl. Publicado en 1983, ese cuento infantil muestra una cofradía mundial de hechiceras empeñadas en destruir a todos los niños. El pobre Dahl que no era muy políticamente correcto dijo también que todas las mujeres eran brujas. ¿Tan malas como las de su cuento?
(cosaslibres.com)


John Updike era incapaz de crear personajes femeninos simpáticos, pero Hollywood si. En 1987 apareció en el cine la versión fílmica de The Witches of Eastwick. Situada en un marco contemporáneo, la trama gira en torno a la escultora Alexandra (Cher), la cellista Jane (Susan Sarandon) y la columnista Suki (Michelle Pfeiffer), tres divorciadas que, además de grandes amigas, son brujas. Sin embargo, sus poderes no pueden aliviar su soledad. Debido a la estrechez de mente de Eastwick están condenadas a ser virtuosas, o a sufrir acosos sexuales como en el caso de Jane. El filme hace hincapié también en sus instintos maternales. Alexandra es madre soltera de una adolescente a la teme estar dando un mal ejemplo, la esterilidad de Jane provoco el fin de su matrimonio. Con Suki fue el caso contrario, su fecundidad (tiene cinco hijos) ahuyentó a su marido.


Hartas de su soledad, las brujas conjuran al hombre ideal. Poco después Darryl Van Horne (Jack Nicholson) llega a Eastwick. Aunque no es el hombre ideal, pronto el trió está acostándose con el. Darryl sabe satisfacerlas más allá del terreno sexual y empujarlas al autoconocimiento. Pero sucede que la entrometida Felicia, vecina de las brujas comienza investigarlas. En castigo, ellas la hacen rodar por una escalera, lo que convence a Felicia que está tratando con hechiceras. Aun peor descubre que Darryl es el mismísimo Don Satas y sospecha que sus diabólicos planes incluyen embarazar a las brujas.



El trió intenta embrujar nuevamente a Felicia. Cuando la mujer va a contarle sus sospechas a su esposo termina vomitando huesos de cereza. El marido exasperado, ante lo que cree es una manifestación de demencia, la mata. Llenas de remordimiento, Alejandra, Jane y Suki deciden abandonar la hechicería, alejarse de Van Horne e incluso no comunicarse entre ellas, pero no es tan fácil rechazar al Diablo. Al poco tiempo, las tres descubren que están embarazadas. Su demoniaco amante decide castigarlas enfrentándolas a sus mayores miedos. Tras provocarle un ataque de dolor físico a Suki que casi la lleva a abortar, Darryl-Lucifer cubre a Jane de arrugas y a Alexandra de serpientes.

Asustadas, las brujas hacen una tregua en su amante, y se van a vivir a su mansión a esperar el nacimiento de sus bebés, pero a espaldas de Darryl preparan un mega hechizo que finalmente destierra al Diablo de Eastwick. Al final, las brujas viven con sus hijos en la Mansión de Darryl, pero han renunciado a su magia para no atraer otra vez a criaturas diabólicas.

En el mismo año en que Las Brujas de Eastwick aparecen en la pantalla grande se publica en Inglaterra Equal Rites (Ritos Iguales), la tercera de la serie de Mundodisco de Sir Terry Pratchett. Como saben todas las “pratchetrianas”, Discoworld es una longeva serie de fantasía cómica (o paródica como la definen algunos) que tiene lugar en un universo alternativo llamado Mundodisco donde la magia es algo fundamental y que incluso se enseña a nivel universitario (y esto escrito una década antes de que Rowling nos llevara a Hogwarth).
(fantasymundo.com)


 La serie que inicia  con El Color de la Magia (1983) lleva ya publicados 39 títulos, de los cuales diez giran en torno a las Brujas de Lancre. Como saben mis seguidoras, yo todavía no me he adentrado al Mundodisco aunque lo que he leído y me han contado ellas ya me lo hace apetitoso (al menos lo de las brujas). Por eso voy a dejar que ellas nos digan de qué manera las Brujas de Lancre reafirman o destruyen estereotipos negativos sobre su etnia.

Lo que si leí e incluyo es un discurso que Sir Terry dio en 1985 titulado “Why Gandalf Never Married” (¿Por qué Gandalf nunca se casó?). En el discurso el autor expresa la dicotomía que siempre ha existido entre magos y brujas (cita el ejemplo de Merlin vs Morgana). Se percibe a los magos como sabios benévolos, tan espirituales que nunca se casan. En cambio la magia en manos femeninas siempre es mediocre y perniciosa. Cita el ejemplo de Nimue, aprendiz de maga que acaba atrapando a Merlin en su propia magia. Los magos son protectores y nobles,  brujas son feas y provocan verrugas. Solo los hombres pueden crear magia “buena” y cualquier intento femenino de emularlos debe ser erradicado.

Sir Terry Pratchett (poemas-del-alma.com)
 El mismo Pratchett  hace mención a su obra en el discurso, puesto que en Mundodisco solo hay magos, una “maga” seria imposible. Y ahí el escritor le está guiñando un ojo a la audiencia puesto que dos años más tarde, él tratará el tema en Ritos Iguales. Un mago a punto de morir debe entregar su magia a un sucesor, un niño recién nacido, octavo hijo d e un octavo hijo, pero resulta que el mago se equivoca y se lo entrega una bebita, Eskarina Smith. Eslkarina es instruida por Yaya Ceravieja, miembro del Aquelarre de las Brujas de Lancre. Cuando Esk crece, crecen sus poderes que ya son incontrolables por lo que Yaya la lleva a la Universidad Invisible donde estudian los magos, pero ahí no aceptan mujeres. La solución que encuentra Yaya es que Esk entre a servir a los magos.

Aun sin leer la novela, la sinopsis ya muestra una visión igualitaria de la magia en manos de mujeres. Habría que comparar a las Brujas de Lancre con las Brujas de Mayfair que crea Anne Rice en su extraña amalgama de ciencia ficción y Gótico Sureño La Hora de las Brujas (1990) o Las Brujas de Roald Dahl que llegan al cine en 1990. Ciertamente las primeras presentan una imagen más novedosa y benéfica que las otras. Y en ese espíritu de tolerancia, la versión fílmica de su cuento ofrece un final que enfurecerá a Roald Dahl.


Aunque “The Witches”  (“La Maldición de las Brujas”) conserva la trama original de las brujas como entes malintencionados y feos unidas una organización mundial para destruir a los niños del mundo, el filme de Nicholas Roeg disfraza la pérfida fealdad brujil bajo apariencias mas estéticas incluyendo la glamorosa imagen de Anjelica Huston como la Gran Bruja. Al final del libro de Dahl, las brujas han sido destruidas gracias a los esfuerzos de Luke y su amigo Bruno, pero ellos están atrapados por un hechizo que los convirtió en ratones.

En el filme, Roeg incluyó un personaje nuevo, Anne Irvine, la abusada asistente de la Gran Bruja. Al final, Miss Irvine aparece en casa de Luke demostrando que ha sobrevivido a la masacre de sus congéneres Pero ha cambiado tiene cabello y sus pies no son deformes por lo que puede usar zapatos a la moda. Con una risita, Miss Irvine transforma a Luke en niño y se marcha en limusina posiblemente a desencantar a Bruno. El filme cierra así con la imagen de bruja magnánima que es recompensada con belleza física y prosperidad (la limusina), pero al autor no le gustó. Tanto odiaba ese final que, cuenta la leyenda,  Dahl se apostaba con un megáfono afuera de cines donde daban “The Witches” exhortando al público a no verla.

A pesar de la fobia de Dahl, al público le agradó ese final que coincidía con la buena imagen que las brujas estaban adquiriendo en la imaginación popular.”  "The Witches” fue un excelente principio para una década en que la magia y sus practicantes hembras serían las favoritas de la ficción fantástica (continuará)