Nunca he entendido la mala prensa que tiene el lobo y
que explica el terror del vulgo al imaginarse que un hombre pueda tomar una
apariencia lobuna. Los lobos son animales inteligentes, organizados, tienen más sentido de clan que Tywin, son más
paternales que Ned Stark, y son más
fieles que Jaime Lannister. Sin embargo, hay episodios históricos que explican
el pavor que el humano siente por el canido y de ahí surge la repugnancia por
la licantropía.
El mayor conflicto entre lobo y hombre es de índole
económica. Los lobos son muy amigos de la carne roja lo que los trae en guerra
perpetua con los ganaderos, pero eso no explica ese temor místico por el lobo. En
general, el lobo no ataca al hombre a menos que se de una de estas circunstancias:
a) el animal se sienta atacado, b) sufra de hidrofobia u otra enfermedad que le
nuble la razón (si, con lobos se puede hablar de razonamiento) y c) o tenga mucha, pero mucha hambre.
Incluso en un periodo de hambruna, el lobo ejerce autocontrol, puede pasarse más de una semana sin comer, raciona sus piezas de caza y en las manadas se ejerce un tipo de control de natalidad (solo la Alfa puede preñarse) para evitar bocas inútiles. El lobo aunque carnívoro, no necesita comer solo chuletas de cordero. Su dieta es variadísima abarca roedores, pescado, reptiles hasta insectos. Si es necesario revierte a herbívoro, o vegetariano. Hace unos años, una manada ucraniana se zampó todo un cultivo de sandías.
Si el gran problema con el lobo es que es ladrón de
ganado, no se entiende el miedo que provoca. A menos que revisemos circunstancias
históricas y condiciones creadas por el mismo hombre que convirtieron a las
manadas europeas en peligrosos monstruos.
![]() |
| ¿Parecen tener aspecto de peligrosos asesinos? |
El final de la Alta Edad Media fue marcado por una
terrible catástrofe: La Peste Negra. Esta pandemia destruyó comunidades completas
y aisló a otras. En su A Distant Mirror
(Un espejo distante), la historiadora
Barbara Tuchman cuenta que por entonces los lobos descendieron de los Alpes
Dináricos hasta el puerto dálmata de Ragusa (hoy Dubrovnik, Desembarco del Rey
para los Troneros) a devorar cadáveres y agredir a los vivos. No debe haber
sido el único caso.
Otro desastre causado por el hombre, marca el final
del Medievo y también comprende otra jaquerie
lobuna. Hablo de la Guerra de los Cien Años. En la Francia arrasada, las
granjas ya no dan abasto, las criaturas del bosque perecen y los lobos no
tienen que comer. Se vuelven audaces y en 1450 invaden Paris liderados por un
gigantesco lobo cuya inteligencia y dinamismo obligan a tratarlo de manera antropomórfica,
el populacho incluso lo dota de nombre: Courtaud.El nombre de este lobo rojo no le impide morir. Como
mártir de su causa, Courtaud es
apedreado junto a los suyos en la propia Catedral de Notre Dame, pero no antes
de haberse zampado a cuarenta parisinos.
Estos sucesos crean esa impresión del lobo como un
animal más fuerte y sagaz que el humano, por lo tanto mucho más peligroso que
otras bestias. Un siglo más tarde, estas leyendas ayudarán a concebir la
creencia de que hay personas que quieren ser lobos para poder conseguir sus nefastos
propósitos. La Inquisición, en su incesante cacería de brujas, torturará a muchos
bajo la impresión de que gracias a pociones, pomadas y pactos diabólicos se
vuelven lobos cuando les apetece hacer daño.
Muchas veces, el acusado de licantropía es un
Hannibal Lecter, un desequilibrado asesino serial que bajo tortura jura poder
metamorfosearse en lobo. Esos son los casos de Los Brujos de Valais en Suiza,
de Peter Stumpp en Alemania y de Giles
Garnier en Francia. Más suerte corrió Manuel Blanco Romasanta que en 1853 en el
último juicio de licantropía de la historia, es condenado por las autoridades
de Orense a la pena capital. La intervención de médicos que lo creen demente, y de la propia Reina
Isabel II, consiguen conmutar su pena y Romasanta muere en la cárcel de Ceuta
victima de cáncer estomacal. ¿Sería por sus hábitos caníbales?
En siglos en que el hombre vive en guerra con sus vecinos
y en que los campesinos oprimidos y
desprotegidos, son más vulnerables al ataque de lobos, estos siguen siendo motivo
de preocupación para as autoridades. La Francia de Luis XV se caracteriza por
ataques muy sonados de manadas que causan terror en Soissons, en Perigord y por
sobre todo en Gevaudan donde aparece la legendaria “Bestia” que aun hoy
confunde a los criptozoólogos. No así a los ocultistas que ven en este
gigantesco y ultra inteligente lobo a un licántropo.
No todas las tradiciones primitivas son tan anti-licántropos.
En muchas culturas indígenas de Norte América, la licantropía es un privilegio
del chaman que las usa para hacer el bien. Lo mismo ocurre entre algunas etnias
turcas. Los hombres-lobos de los Países Bálticos eran considerados beneficiosos
ya que ayudaban a encontrar tesoros. En la tradicion nórdica los “beserkers” se
cubrían con pie de lobo y permitían que el espíritu del animal entrase en ellos
(warging en reverso) para poder ser
más aguerridos y útiles en el campo de batalla.
En Francia existe la poco conocida leyenda de las
“lupines”, mujeres licántropas que se caracterizan por su timidez, tienen el
don de poder hablar y su mayor actividad es aullarle a la luna. Inclusive en “Los
trabajos de Persiles y Segismunda”, Cervantes muestra a los brujos-lobos como
gente cortés que le advierten al intruso que se aleje para evitar mayores
peligros. “"Español, hazte a lo largo y busca en
otra parte tu ventura, si no quieres en ésta morir hecho pedazos por nuestras
uñas y dientes".
Pero el más extraordinario relato de licántropos
benévolos nos llega desde Livonia. A fines del Siglo XVII, las autoridades
suecas (Livonia era parte de Suecia entonces) enjuician a Thiess de Kaltenbrunn,
un octogenario acusado de hechicería. El anciano revela orgulloso ante la Corte
que es un hombre lobo, pero de los buenos. Asegura ser parte de un grupo
conocido coma los “Perros de Dios” que en tres festividades anuales (las
vísperas de Santa Lucia, San Juan y Pentecostés) adoptan la forma de lobos y descienden
a los infiernos a luchar contra brujos malos que asolan los cultivos y afectan
la agricultura y el medio ambiente. Tan impresionados quedaron los jueces, que
tras constatar la sanidad mental del acusado, lo condenaron solamente a diez
latigazos y al destierro.
El episodio no seria más que otra
manifestación de mente supersticiosa si no fuera porque en 1966 en La batalla por la noche, el historiador
italiano Carlo Ginzburg vuelve a investigar el caso. Ginzburg vincula las
declaraciones de Thiess con el culto de los Benandanti
que a fines del siglo XVI proliferaba en el noreste italiano.
![]() |
| (mirorenzaglia.org) |
Los Benandanti aseguraban ser brujos buenos
en guerra con sus contrarios los Malandanti,
contra quienes luchaban adoptando la forma de muchos animales incluyendo la de
lobos. Tal como los “Perros de Dios” los Benandanti buscaban proteger la agricultura
local. Tristemente para ellos, La Inquisición no tuvo la tolerancia de los
jueces suecos y erradicó el culto. Ser “hombre-lobo” era un crimen y eso quedo grabado en la imaginación popular.
El oscurantismo desaparece en el siglo XIX, y la
licantropía se convierte o en una enfermedad en la que el paciente cree ser
lobo, o un mito que solo tiene lugar en la ficción. El auge de la literatura
terrorífica decimonónica no trae ninguna novela sobre licántropos, pero si
muchos excelentes cuentos como “El lobo blanco de las Montañas de Hartz” del
Capitán Marryatt;”La marca de la bestia” de Kipling y la comiquísima “Gabriel
Ernesto” de Saki. A pesar de ser muy diferentes, estos cuentos comparten una
visión: el licántropo es pernicioso y debe ser destruido.
El cine de Hollywood es quien dará fama al mito de
licantropía. En 1935, con el auge de las películas de monstruos, la Universal
lleva a los cines “The Werewolf of London”. Un científico ingles, en pos de una
flor tibetana que solo florece en el plenilunio, es mordido por un lobo. De
regreso a su patria pronto comienza a asustar a los londinenses en noches de
luna llena. No es un gran filme ni una gran contribución al cine de terror,
pero es recordada por una infame característica. Ahí por primera vez vemos ese
grotesco disfraz que convierte al licántropo en un hibrido bípedo y peludo, mas
encima vestido de gente.
Desde entonces que esta imagen fea y risible será usada
para aterrorizar audiencias. Con “El Hombre Lobo” de 1941, Lon Chaney Jr. logra
convertirse en uno de los actores más asociados con la imagen del licántropo y
se crea toda una franquicia. Así el cine universal tendrá esa imagen del
hombre-monstruo tan alejada de la majestuosa belleza del lobo. Los licántropos
ficticios se convertirán en un
estereotipo. Sean estudiantes de secundaria como Michael Landon en “I was a Teenage Werewolf” o nobles
millonarios como Larry Talbot y Waldemar Daninsky, la contribución ibera al
cine licantropico, el hombre lobo es un ente nocivo que debe ser exterminado. (Continuará)






