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jueves, 17 de marzo de 2022

Un Oxford de Brujas y Vampiros: A Discovery of Witches (Temporada I)

 


No tenía nada que ver,  esa fue la razón por la cual , en mi carencia de material de entretenimiento,  le di una oportunidad a esta serie . Realmente no me acuerdo porque la desprecié anteriormente,  aparte de un par de bemoles (tales como una heroína insufrible),  El descubrimiento de las brujas no está nada de mal. .

Yo creo que lo primero que me atrajo fue que estuviera ambientada en Oxford y lo último… Matthew Goode, que ya… lo reconozco, verlo es un agasajo estético. También que la segunda temporada pasa a ser fantasía histórica cuando los protagonistas viajan en el tiempo hasta la corte de Isabel I.

Magia en la Bodleian

A Discovery of Wilches está basada en la trilogía homónima de Deborah Harkness y tiene lugar en un espacio poco común pero muy querido para mí ya que se relaciona con uno de mis sueños truncados. En breve, yo quería ser como la protagonista, una Rhodes Scholar que aspira a un puesto en Oxford.  Creo que eso fue lo que se me hizo más atractivo de la historia, el poder identificarme con la prota en el sentido que Diana Bishop es quien yo hubiese querido ser.

Asumimos que Diana tiene entre 30 y 35 años, y que a tan joven edad ha conseguido ser una triunfadora en un mundo que no solemos asociar con el éxito, el académico. Rhodes Scholar, con un doctorado de Oxford en Historia de las Ciencias (un campo poco común), Diana es una de las catedráticas más jóvenes (y con tenure más encima) de Yale.

Sin embargo, Diana no es ratón de biblioteca. En su tiempo libre practica el jogging, el canotaje, y monta en bicicleta. Esto explica su cuerpo perfecto. Aun con tanta belleza, Diana lleva una vida discreta y no anda buscando hombres, aunque coquetea con un bibliotecario de la Bodleian Library.



La historia inicia con Diana retornando a Oxford a dar una charla sobre alquimia. Ahí se encuentra con Gillian, una antigua condiscípula. Una sola escena y nos damos cuenta de que Diana es una triunfadora y Gillian es una loser. Tanto que sigue colgada de un coven oxoniano dirigido por una tal Sylvia. Quiere que Diana se les una, pero la Dra. Bishop le recuerda que, aunque consciente de sus poderes, no práctica la brujería.



A través del primer episodio, descubrimos que Diana es la última de un antiguo linaje de brujas. Una antepasada fue colgada en Salem. Pero desde que sus padres fueran asesinados por campesinos ucranianos que los creían hechiceros,  Diana ha rechazado la magia y el estilo de vida de una bruja. Aun cuando ha sido criada por dos brujas practicantes, su Tía Sarah, y la pareja de esta, la Tía Em.

A Diana le ofrecen un codiciado puesto en Oxford, pero antes debe presentar como credencial su charla de alquimia convertida en monografía. Diana va a la Biblioteca Bodleian en busca de un texto perdido. El volumen 182 de la obra del alquimista Elias Ashmole. Hace doscientos año que desapareció. Sin embargo, apenas Diana lo solicita, se materializa en el estante donde debería estar.



Al leerlo dentro de la biblioteca, ocurren cosa prodigiosas. El papel donde está escrito el contenido, se transparenta mostrando otro texto. Cuando Diana intenta cubrir lo escrito con sus manos, el texto se reproduce en su piel. Comienzan a ocurrir cosas en toda la ciudad, problemas de electricidad y en una iglesia cercana, Matthew Clairmont,  que está rezando el Rosario,  comienza a sentir súbitas palpitaciones.



Matthew es un vampiro (¡Ohhh un vampiro católico!) parte de la comunidad de Oxford, que parece estar poblada de entes sobrenaturales. Los vampiros están sufriendo una crisis. No pueden ya convertir a otros en vampiros. Matthew cree que esto puede estar ligado a Diana y a su extraño encuentro con el texto alquímico de Elías Ashmole.

La preocupada Diana sale de la biblioteca y tiene una visión de su difunto padre. Llama aterrorizada a su Tía Sarah quien la regaña recordándole que debe actuar como bruja en estos casos. A Diana no le parece y le cuelga. Comienza a tener pesadillas de arañas gigantes, pero terca en su empeño de mantenerse al margen de lo paranormal, continua con su investigación

Matthew se le aparece a Diana en la Bodleian y parte por lo claro. ¿Que había en el texto y donde está,  puesto que ha vuelto a desaparecer?  Se reconocen mutuamente como de especies diferentes.  Diana ha sido criada con mucho prejuicio en contra de los vampiros y lo trata con frialdad insistiendo en que no hubo nada anormal ni en su manera de conseguir el volumen ni en el contenido de este. Lo devolvió porque no es ladrona de libros.



En los próximos días, la Dra. Bishop tiene múltiples encuentros con el Dr. Clairmont que ni posee entrada en la Wikipedia por lo que se le hace muy sospechoso. Matthew le advierte que su lectura del libro de Ashmole fue tan espectacular que no habrá criatura sobrenatural en Oxford que no la persiga.



Un Vampiro Antojado

Matthew ha descubierto algo más grave. Le ha bajado “un antojo” por la catedrática. Entre vampiros eso define una combinación de apetito sexual-ganas de chuparle la sangre-amor castizo. Asustado,  busca refugio y consejo en el coto de caza de su amigo Hamish. Este daemon le recuerda al vampiro que las otras mujeres (de sangre caliente) que se le han antojado en su mil quinientos años han tenido mal fin.



Entretanto, Diana está rodeada de enemigos. La primera es Gillian quien le cuenta lo sucedido a su amiga, a su mentora la bruja Silvia. Aparentemente, todas las criaturas sobrenaturales, aunque lleven vidas segregadas, están subordinadas a un gran consejo conocido como la Congregación. El representante de los brujos es Peter Knox (Owen Teale,  mejor conocido como Ser Alliser Thorne, Comandante la Guardia de la Noche)

Knox es un ex enamorado de la difunta madre de Diana.  Con ese cuento se le acerca a la catedrática. Sobre unas tazas de té le revela sus razones para querer el libro de Ashmole. Ahí se describe lo que Diana considera un mito, que las brujas crearon a los vampiros. Tal como se les creó, explica Knox, se les puede aniquilar. Estos planes genocidas no van con la Dra. Bishop quien se niega a secundarlo, pero no cuenta con la persistencia de Knox.



La Tía Emily le dice a Diana que la razón por la que los Bishop no lo querían es porque Knox se dedicó a la magia negra. Con la ayuda de su asistente Satu, una curandera finlandesa, Knox comienza a acosar y a stalkear a Diana, incluso metiéndosele en la cabeza. En su desesperación , Diana debe recurrir a la magia para sacarlo de su mente. La desesperación aumenta al saber que no puede contar con Gillian. Como perrito huérfano se aparece en el umbral del vampiro y Matthew no puede rechazarla.



La lleva a su laboratorio secreto. Allí,  en colaboración con su hijo Marcus, un médico de 300 años, y de Miriam, Matthew investiga la crisis que está afectando al mundo sobrenatural. Según Hamish, hay una epidemia de suicidios en la comunidad de daemones, los vampiros han perdido su facultad de crear nuevos vampiros,  y las brujas ven sus dones disminuidos. Matthew tiene una teoría: esto puede ser provocado por brujas como Diana que se niegan a aceptar su identidad y a practicar su magia.

Ni los socios vampiros de Matthew ni Hamish están muy contentos con esto de que se haya convertido en guardaespaldas de una bruja. Ni los brujos malos, ni las brujas buenas (léase las tías de Diana) están contentos con eso de que una bruja ande a la zaga de un chupasangre. Diana, en cambio, está encantada, porque se ha enamorado de su protector, aunque él mantenga su distancia.



Entretanto descubrimos sucesos paralelos como los quehaceres de la Congregación . Para controlar tanta criatura díscola y para evitar que los humanos la descubran,  existe esta organización milenaria que por años ha estado en manos de la familia de Clairmont y ahora es dirigida por Balduino, hermano de Matthew. En ese consejo participan brujos como Peter Knox y daemones como Agatha que llega a Venecia (sede del Concilio) quejándose que por siglos la Congregación ha sido manejada por “vampiros blancos”.



Agatha tiene una nuera blanca,  embarazada, y muy interesada en la alquimia. Sophie posee una estatuilla de Diana Cazadora, la Diosa Blanca de Robert Graves, Hécate Patrona de las Brujas. Sophie sabe de manera intuitiva que debe entregar esa estatuilla a una bruja muy especial, no necesitamos ser adivinos para saber que se trata de Diana.



Otro miembro de la Congregación es Gerbert de Aurillac, mejor conocido como el Papa Silvestre. Este personaje es uno de mis favoritos del mundo esotérico. Según cuenta la leyenda, Gerbert,  cuando estudiaba en el seminario,  tuvo una aparición de un demonio o una bruja, dependiendo de quien cuente el cuento,  llamada Meridiana. Para mí, se trataba de un hada. Encaprichada con el monje, el hada le ofreció,  a cambio de su amor, darle lo que más deseaba. Gerbert no era de boca chiquita y pidió el papado. Meridiana se lo concedió y fungió como su consejera solo prediciéndole que si decía misa en Jerusalén moriría en el acto. Algo que hizo el Pontífice y que coincidió con su muerte.

En esta serie, Gerbert es vampiro, codicia el poder de los Clairmont y es Némesis de Matthew. Posee, como en la leyenda, una cabeza parlante. Además, tiene una hija-vampira, Juliette, a la que obligó a enamorarse de Matthew, pero el catedrático la rechazó.



Dese entonces, Juliette vaga por los canales venecianos, comiéndose turistas que se llaman Matthew o el equivalente en otro idioma. Para calmarla, su padre la envía en pos de Matthew y de paso que se deshaga de la bruja. Es que toda La Congregación anda de cabeza desde que apareció Peter Knox a solicitar su ayuda porque Matthew “secuestró” a una bruja. Cuando Balduino llama a Marcus, se entera que lo que quiere Knox es el famoso manuscrito.



Una Bruja en Sept-Tours

Este “Libro de la Vida” como lo llaman los esotéricos, es codiciado por todas las criaturas sobrenaturales. Diana ha tenido que recurrir al Viento Brujo para librarse del asedio de las huestes de Knox. No ha sido secuestrada, sino que ha permitido que, para protegerla, su vampiro la lleve a Sept-Tours , un castillo provenzal donde vive su madre Ysabeau de Clairmont.

Desde que los hechiceros la dejasen viuda, que Ysabeau se ha convertido en cazadora de brujas, no las quiere de huéspedes. Esa no es la peor noticia de Diana. Matthew descubre que ;los padres de su protegida fueron asesinados por hechiceros. La Congregación envía al condotiero Doménico de mensajero. Diana debe presentarse ante La Congregación y responder a los cargos que le imputan.





La Dra. Bishop descubre que existe un Pacto (con mayúscula) que por un milenio ha protegido a los sobrenaturales y evitado guerras entre ellos. Hay una prohibición total de matrimonios mixtos entre las especies mágica. ¿Qué pueden hacer Matthew y Diana que ya reconocen amarse?

Básicamente ese es el sturm und drang de la serie/novela. Por diez capítulos,  Matthew busca proteger a Diana (lo consigue a costa de un alto precio) y Diana busca convencer al vampiro que lo suyo puede funcionar (a costa de un alto precio).

Aunque me encantó el primer capítulo y me creí el romance del vampiro y la bruja, cambié de idea a medida que me adentraba en el cuento. Tiene que ver con Diana, no me convence, ni me simpatiza. No sé si es que es un personaje estereotipado, aunque pretende ser novedosa, o tal vez es la actriz.

A Teresa Palmer la había visto haciendo de esposa de Andrew Garfield en Hacksaw Ridge. No era un rol exigente y con el look de la época se veía perfecta. Aquí es muy impávida, y eso no ayuda a hacérmela simpática. No entiendo que si se ha pasado una vida no queriendo oír sobre magia ahora se moleste porque nadie le habló del convenio que prohíbe los matrimonios mixtos.

Luego apenas le cuentan de ese convenio milenario ya decide desafiarlo sin siquiera todavía entender cómo funcionan las jerarquías y burocracias de La Congregación. Jura que cazará a todo el que haga daño a Matthew y acepta de su amante un voto parecido, pero se altera cuando cree que el vampiro ha matado a Gillian que solo ha hecho daño a Diana.



Me dicen que la serie no se detiene a profundizar en la importancia de la magia de Diana, algo que es fundamental en los libros. Que los extraordinarios hechizos que provocael viento brujo y el agua de las brujaspasan sin pena ni gloria. Al final no me importa. Diana se convierte para mí en un personaje periférico. Aparte de Matthew y de Ysabeau, su madre , no me simpatiza nadie en Team Diana. En cambio, me entretienen mucho sus enemigos. Sobre todo, Satu, la bruja finlandesa que al menos vemos hacer algo útil al liberar a Meridiana y darle paz



Como J. K. Rowling, Deborah Harkness es una erudita del mundo sobrenatural y como estudiante del ocultismo sabe manejar las fuerzas arcanas, al menos en ficción. Aunque no toda su erudición ha sido traducida a la pantalla, hay temas que si atrapan más que la superioridad magia de Diana. La Orden de los Caballeros de San Lázaro, por ejemplo,  o la casa embrujada de las tías de Diana que tiene vida propia y se agita cuando siente mala vibra en su interior.




Contenido Violento y Gory: Mucho como corresponde a un cuento de vampiros, aunque los brujos no se quedan atrás. ¿Lo peor? La sesión de tortura la que Satu somete a Diana. ¿Lo más Gory? La cabeza de Meridiana.



Contenido Sexual: Muchas situaciones sexuales, pero no hay desnudos.

Contenido Feminista: Diana es feminista de hueso colorado. Le molesta que Matthew le abra la puerta y cuando el vampiro busca protegerla, lo tilda de controlador. Agatha es la única mujer en el consejo de la Congregación.

Factor Diversidad: La serie es tan woke que han cambiado del libro que los padres de Diana fueran asesinados por africanos a que sus asesinos sean campesinos ucranianos (¡qué triste no! Pero hay un forma sutil de racismo que es el modo en que el occidente anglosajón percibe a los eslavos) . Hay media docena de actores “no blancos” dando vida a personajes importante (Agatha y su hijo; Silvia, la Tía Emily, Miriam, Juliette) y la pareja lésbica formada por Em y Sarah son la contribución a la diversidad sexual.



martes, 11 de febrero de 2020

Drácula en Londres y Sabrina en los Infiernos: Reinos de Fabula Invernales



Y llegamos a febrero, el mes donde el invierno es más crudo y donde uno ve más televisión que nunca. ¿Pero qué Reinos de Fábula hemos visitado en estos dos meses invernales?  Pues, hemos acompañado a Sabrina que, en un reverso del cuento de Orfeo y Eurídice, bajó a los infiernos y hemos sido testigos de una nueva y fracasada versión del cuento inmortal de Bram Stoker.

Drácula 2020
Se cacareó mucho sobre esta última adaptación. Se esperaba que, tal como lo hicieran con “Sherlock”, el equipo Mark Gatiss& Steven Moffat nos trajera una nueva y audaz versión de las aventuras del Conde Drácula. Efectivamente, la historia tiene vuelcos sorpresivos, humor a raudales y muchos chistes de doble sentido. El cambio principal es que van Helsing se convierte en una monjaun poco cínica llamada Hermana Agatha van Helsing y que termina siendo la heroína del cuento.


El danés Claes Bang (“Borgen”) da vida a un vampiro medio sociópata (de la escuela de Hannibal Lecter), muy sarcástico y entretenido. Como diríamos en Chile es “un poquito porfiado de cara”, pero tiene buena figura y eso ayuda si va a salir ligerito de ropa. A pesar de las veces que veamos a Draculín au naturelle, y a diferencia de las versiones Langella y Oldman, no hay insinuaciones de que sea capaz de tener sexo normal y su forma de expresar su pasión es a punta de mordiscos. Por eso es por lo que la escena final me dejó marcando ocupado, pero nada de SPOILERS.

“Drácula” consta de tres capítulos, cada uno construido como si fuese un episodio completo. El primero sigue las pautas de la novela. Jonathan Harker, tras huir del castillo en los Cárpatos, ha sido rescatado por las monjas de un convento en las afueras de Budapest. Ahí ha llegado Minna a buscarlo y eventualmente llega el Conde que deja la mortandad entre las aterrorizadas monjas.


Casi todo el cuento es un flashback de Harker relatándole a la Hermana Agatha lo ocurrido desde su llegada al castillo de su cliente hasta que salta al Danubio desde las almenas. Escenográficamente este es el capítulo más hermoso, con vistas al Castillo de Bran y a una Budapest antigua.

A medida que el anciano conde rejuvenece (gracias a la sangre de Harker) se vuelve más jocoso y a ratos solo nos reímos, aunque las escenas de terror no escasean. Las novias de Drácula en esta versión son monstruosas, el gore se manifiesta en monstruos, ataques vampíricos y detalles como el que Harker, que es zombi, no sienta una mosca que ha anidado en un ojo.

El segundo cuento transcurre durante el viaje de la Deméter que esta vez no es un navío de carga sino un barco de pasajeros. En primera clase, un distinguido Conde Drácula hace amistad (y algo más) con sus compañeros de viajecada uno con personalidad e historia propia y los va eliminando de uno en uno como si fuera un cuento de Agatha Christie.

El tercer episodio es el más polémico puesto que traslada a Drácula al Londres de nuestros días. El vampiro está fascinado con los inventos modernos principalmente los artefactos domésticos que denomina “lujos”. Mayor fascinación ejerce sobre él, Lucy Westenra, la hedonista y osada Party Girl que se convierte en su penúltima novia. Lucy que, para demostrar su osadía, orina en un tarro de basura (lo que hay que ver) no le teme a nada, ni siquiera a la muerte. Eso deslumbra al Conde.

A pesar de todas estas novedades,  la serie ha tenido bajo rating, y mucha queja tanto de críticos como del público. Mas allá de su final ininteligible e imposible, les molesta el traslado del vampiro al mundo moderno.  Sobre todo, he oído protestas puristas de que “no sigue el libro”. Sorprende ese reproche, teniendo en cuenta todas las aberrantes adaptaciones de clásicos que hemos visto últimamente. Y no recuerdo esa incomodidad en las críticas de versiones exitosas, pero que no se apegan al libro, como la del 76 y la de Coppola.

Es que estamos acostumbrados a un vampiro siniestro tipo Lugosi o Sir Christopher Lee; o a un archicriminal lleno de sex-appeal como lo encarnó Langella con cabellera al viento y afrodisiaca mirada siciliana; o el torturado y romántico Drácula de Gary Oldman.  Pero este vampiro socarrón más recuerda a George Hamilton en “Love at First Bite”.  Ósea, es una parodia. Carece de la dignidad que le otorgara Bram Stoker. Puedes cambiar la historia, pero no al personaje.


Al final me quedo con lo dicho por Jaime Fa de Lucas en Culturama que la ha llamado “un pasatiempo” con “fragmentos aceptables”, pero que,  en realidad es “una mediocridad dispersa” muy alejada de la adaptación revolucionaria prometida,.

¿Has visto esta nueva versión de Drácula? ¿Te gustó?  

Sabrina, Reina Infernal
La Segunda Temporada deja a Sabrina en un serio brete. Tras pasarse un año en la Academia de Artes Invisibles sin conseguir su propósito de derrocar al Señor Oscuro y a su patriarcal director, Padre Blackwood, Sabrina adquiere sorpresivamente un grado de omnipotencia que, a pesar de todo su fervor mesiánico, nada bueno augura para la brujita. Todo acaba en tragedia. El Padre Blackwood se crea su propio culto y, en onda Jim Jones, envenena a los feligreses. lo último que supimos es que huyó con sus gemelos. Ambrose y Prudence lo andan buscando.

Entre Lilith y las Spellman vencen al Dark Lord y fundan una iglesia que honra a Lilith (a ver si les va mejor que en “True Blood”). El precio es que Nick Scratch acaba en los infiernos y ahora le toca a Sabrina rescatarlo.

La Tercera Temporada comienza con un descenso a los infiernos que difiere bastante de la catábasis de los antiguos y más recuerda a la búsqueda del Mago de Oz (por algo un Tin Man atacó a Harvey). A diferencia de Orfeo, Sabrina logra rescatar a su pareja (que sigue siendo el envase en el que Satán está encarcelado), pero como Ishtar, debe pagar un fuerte precio: aceptar convertirse en Reina de los Infiernos. Es su herencia, ya que la brujita descubre que Lucifer es su verdadero padre.

La temporada ha estado complicada con Prudence convertida en el Highlander venciendo a su padre en las riberas del Loch Ness; con Sabrina recolectando almas de quienes las vendieron a papi Satán; y con unos escarabajos diabólicos que han quitado la salud a lo que resta del alumnado de la Academia.

Entretanto, Sabrina ha tenido que luchar contra Calibán (su nuevo interés romántico) por el trono y apoyarse en la pobre Lilith convertida en regente infernal. Nuevas mitologías han entrado en juego como la necesidad de recobrar parafernalia bíblica y la inclusión de los paganos con su afán de apresurar el regreso del Hombre Verde.
Paganos y un Wicker Man verde

Un consenso entre los fans es que uno de los problemas de esta temporada ha sido retornar “Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina” a su nicho de serie juvenil lo que no ha sido una medida tan sensata como se esperaría. La música ha sido parte integral de Sabrina desde el comienzo, pero esta temporada tenemos números musicales a cada instante. Algunos cursilones como el himno de la Luna de la Liebre y otros estridentes, como las composiciones de la banda de garaje integrada por la pandilla mortal de Sabrina que por estruendosos deberían ser contratados por la ciudad infernal de Pandemonio.
Sabrina cantandole a una liebre

¿Luego, qué onda es esa de Sabrina porrista? Soy de las que creen que la magia existe hasta en lo más mundano, pero integrar un equipo de cheerleaders a los esfuerzos brujiles de Sabrina fue como un poquito too much.

Lo que si nos ha quedado claro es que Sabrina maneja sus poderes con la egolatría y torpeza de una adolescente. Vaya que es buena para meter la pata la brujita, y no aprende. Además, como le gritó Nick “todo tiene que girar en torno de ti” y eso que Sabrina intenta ocultar su narcisismo con lo que la tía Zelda denomina aptamente “complejo de salvadora”. Es tal el consenso de que ese complejo afecta a Sabrina que ya los críticos la comparan con la Madre de Dragones.

Por otro lado, ese ánimo de retornar al estilo juvenil ha funcionado mejor en uno de los más discutidos aspectos de la serie, la sexualidad adolescente o tal vez la falta de ella. En otras temporadas hubo quejas por las orgias de la Academia y de cómo presentaba una imagen de colegiales más calientes y fornicadores que los de “Elite”.

Ahora con esta tendencia de los paganos de sacrificar vírgenes hemos reparado en la cantidad de inexpertos (sexualmente hablando) que abundan en Greendale comenzando por Sabrina. Aunque la vemos encamada, y en paños menores, con Nick, la brujita asegura a sus tías “no pasó nada y no hablaré más del tema”. Mas tarde cuando confronta al novio por su infidelidad, Nick le chilla que ella no sabe ofrecerle consuelo sexual.

La tía Hilda ya no califica para sacrificios, tras una temporada de “hacer cosita” con el Doctor Cerbero, este ha quedado tan satisfecho con esta gordita que descuella en la cama como en la cocina, que ya le ha presentado un anillo de compromiso. Solo que en esta temporada Hildy se vuelve literalmente “una devoradora de hombres”. La que anda por ahí muy confundida y no solo por su falta de experiencia sexual es la pobre y virginal Miss Wardwell a la que Lilith le devolvió el cuerpo (con himen intacto), pero no la memoria.

Y la virginidad no es prerrogativa del sexo femenino. Como ha descubierto Robin Goodfellow, Theo/Susie también es un/una/une/unx “vestal”. Por último, Harvey es tan virgen como sus amigas y aunque Roz parece más experimentada, igual como hija de un clérigo no puede pasar la noche afuera. En su intento de acercar la serie a un público juvenil, “Sabrina” toma un cariz más responsable al mostrar a jóvenes que no tienen sus apetitos como prioridades.

Eso no quiere decir que la serie abogue por la castidad. De pansexual, Ambrose ha pasado a hetero en relación exclusiva, pero fogosa con Prudence. Tendremos beso lésbico de Tía Zelda con una Mambo vudú, y Nick traumatizado, tras ser violado por el suegro, entra en tríos bisexuales para explorar su lado masoquista, toda cortesía del burdel privado del incorregible Dorian Gray.

Hubo un solo punto en que me incomodé con Aguirre-Sacasa y es en la representación negativa de los paganos. Vale lo hecho con los satánicos, por más que estos chillen. A lo largo de la historia, y en la crónica roja del pasado y presente, muchos cultos que se autodefinen como “satánicos” han sido declarados culpables de crímenes y otros delitos. Diferente es el caso de los paganos que hoy son un grupo marginal, a lo más excéntrico, pero inofensivo.

“Paganos” es como las religiones monoteístas calificaron a las politeístas. Eso quiere decir que hoy en día se puede calificar como paganos los seguidores de religiones de la India y del Lejano Oriente, el animismo de nativos americanos y de cultos africanos al igual que a los wiccanos, neo druidas u otros grupos que salieron a la luz en el crepúsculo de la New Age del Siglo XX.
Paganos modernos

A Aguirre-Sacasa le gusta combinar mitologías y a sus paganos los tiene entonando oraciones en gaélico y celebrando Ostara, pero entre sus huestes se cuentan Pan, Circe y una gorgona. Mas encima, los paganos de Sabrina son malos pésimos, dados a sacrificar vírgenes, a petrificar a sus enemigos y a transformarlos en animales.

La subtrama pagana se vuelve una combinación de Percy Jackson con “The Wicker Man”.  Los paganos de hoy en día no sacrifican ni un escarabajo, y en general son medioambientalistas así que no hay necesidad de hacerles mala prensa e invitar a que caigan sobre ellos haters sedientos de sangre, que tanto abundan en este mundo.

Otro error de esta temporada ha sido la presentación de las brujas no-alineadas. En medio de una crisis, en que la parroquia de la Iglesia de la Noche ha sido casi aniquilada por las iras conjuntas del Dark Lord y del Padre Blackwood, y que enfrentan un ataque pagano, la única solución parece ser recurrir a hechiceras marginales que no son parte de ningún coven (no me gusta la palabra “aquelarre”). En ingles las llaman hedge witches que en realidad es un término para “practicantes solitarias”, curanderas, herbolarias, comadronas rurales, etc..
Hedge witches según "The Chilling Adventures of Sabrina"

La serie, en cambio, trae (con excepción de Mambo Marie) brujas de cuentos, medio monstruosas y llenas de rencor porque cabales establecidos como la Iglesia de la Noche las desprecian y no las admiten en sus filas. Por el contrario, en la realidad, las solitary practicioners han optado por no ser parte de gremios o círculos mágicos precisamente para evitar las luchas de poder, las intrigas y politiquerías que caracterizan a los covens.

 Tampoco creo que Mambo Marie califique como Hedge Witch siendo una sacerdotisa vudú que opera dentro de un culto y aunque practica un catolicismo sincretista también cree y adora antiguas deidades africanas. “She is Catholic!” exclama asqueada, Tía Zelda.


Mambo Marie

Por último, ese hechizo de separación que Prudence aconseja practicar a Sabrina es inútil, no sirve. Tal como no hay magia que te obligue a querer o ser amada por nadie, tampoco hay hechizos que te saquen a alguien de la cabeza o del corazón.

¿Qué te ha parecido esta tercera temporada de “El Mundo Oscuro de Sabrina”?



viernes, 20 de mayo de 2016

Depredadores, lejanos y cercanos: Penny Dreadful 3x02


Ah,  Reina Elle, así que los Dreadful teníamos razón.  El Sweet era de todo, menos Sweet.   Este ha sido un capítulo lleno de sorpresas. Kaetenay no es la figura paterna que creíamos, y Hécate se convierte en la salvadora de Ethan ¿pero por cuánto tiempo? Vamos a comentar "Predators Far and Near," la segunda entrega de la tercera temporada de "Penny Dreadful".

Es increíble lo buen sastre que es John Logan y el cuidado con el que hilvana su historia. No hay en su historia patinadas como las de Lord Fellowes en  “Downton Abbey” o arbitrariedades  incoherentes como las de Los Arcángeles en "Juego de Tronos".

Vamos primero a Londres donde Jekyll y Frankenstein han abierto su laboratorio. Jekyll trabaja de día en Bedlam, el infame manicomio, donde experimenta como un Maestre Qyburn cualquiera. Este año parece que estaremos gozando de una revisión de la psiquiatría de la Belle Epoque.

Jekyll está empeñado, antes de domar a Lily, de curar a su amigo. Quiere que deje las drogas y se alimente más. Lo lleva a un salón de té a comerse una chuleta. En el transcurso del almuerzo,  el mestizo cuenta su historia. Es hijo de un noble inglés y de una dama hindú. Cuando ya harto de su exótica amante, el Lord Jekyll se vuelve a Inglaterra, la madre soltera cae en desgracia. Es repudiada por su familia y se convierte en una Intocable literalmente ya que contrae lepra y muere de ese mal. E  padre de Jekyll lo hace venir a Inglaterra donde lo educa, pero no se gana el cariño del hijo.

El médico sueña con el día en que su odiado padre muera y le deje titulo y fortuna. Que siga soñado porque los bastardos no heredaban nada en la Inglaterra victoriana,  y menos un mestizo. El color de piel de Henry Jekyll es también un impedimento para encontrar empleo. Solo un antro como Bedlam  lo acepta y en calidad de anestesiólogo para calmar a los orates que son tratados como la escoria de la tierra.  Ni los ordenanzas llaman “doctor” a Jekyll.

Victor asiste a una demostración de los experimentos de su amigo. Traen a un loco furioso y lo plantan en una silla de barbero que Henry tiene en su sótano-laboratorio. Lo presenta. Es el Señor Balfour, un independistas escocés que tuvo la temeridad de atentar contra la vida de la Reina Victoria. Lo encerraron  en Bedlam donde ha perdido la razón. Ahora es peor que Ethan en plenilunio. Hay que amarrarlo y amordazarlo. Jekyll inyecta algo en el cuello del demente y éste se calma totalmente y pide con gran cortesía un vaso de agua. Victor está asombrado. ¿Servirá esto para Lily?

Lily y Doryan Gray aparecen este episodio. Los vemos llegar de noche al Limehouse en busca de uno de esos “clubes privados” donde se practica lo ilegal y lo pervertido. Este tugurio atiende a sádicos. La pareja se encuentra sentada en un semicírculo y rodeados de encopetados señores en traje de noche. Por el recibimiento del dueño a la pareja sabemos que el espectáculo consiste en torturar y matar a una jovencita a la que traen desnuda y con los ojos vendados. 

Le quitan la venda, la niña escupe a su verdugo (un encapuchado) éste la cachetea, pero eso solo un entremés. Hay una variedad de instrumentos de tortura cerca. El encapuchado elije un mazo con clavos, pero antes que golpee a la niña Doryan se para y lo mata de un balazo. Lily pega un salto de gata y con un cuchillo que extrae de su ropa procede a degollar a los sádicos. Los que quedan vivos son ultimados por Doryan. Lily recoge a la niña desmayada y le ruge “¡Eres mía!”

La chica despierta en una cama limpia, vestida  con un camisón de encaje. Baja la escalera (está en la mansión de Doryan) y lo ve bailando con Lily. Esta le informa que una vez ella también se prostituyó y fue maltratada. Ahora quiere que la chica la ayude en su “monumental” venganza.
Esa noche, Víctor va a casa de Doryan y se sienta en un banco afuera a espiar a Lily que se prepara para dormir. La ex Bronna baja y de manera muy gentil, intenta convencerlo de que se vaya, que se olvide de ella. “Yo te creé” argumenta el científico loco. Su deber es protegerla. Lily determina que ella es la verdadera creadora en este cuento. Lo besa en la boca y le dice que se vaya.  Cree que Victor sufre del dolor de un primer amor y de eso siempre se sobrevive. Ni tanto, hay tanto adolescente suicida.

Victor confía demasiado en que Henry Jekyll lo va a ayudar. Como lo han adivinado muchos Dreadful, el personaje está obsesionado, homoeroticamente hablando, con Víctor. Lo dijo “Las cosas que se hacen por amor”. Con ese reconocido adagio  ya vemos a Bronna-Lily siendo aventada por una ventana de la torre.

Entretanto, las autoridades nuevomexicanas ponen en marcha su engranaje para la captura de Ethan Chandler, nacido Talbot. Mientras se fotografía a los alguaciles muertos, todos muy ordenaditos en sus ataúdes, en la oficina del sheriff hay un match entre Rusk y un nuevo personaje. Se trata del Agente Federal Ostow, un representante de La Ley de la Frontera (oxímoron total) y de un estilo de vida que repudia el colonialismo británico del cuan los yanquis se han liberado. Se burla de Rusk, un manco citadino que pretende encontrar un asesino en serie  en un chamizal desconocido y perdido.

Rusk también tiene un código de conducta. El sirve a su Reina (La Primera de  su Nombre, La que No Arde) y hasta que no vea a Chandler, Talbot o como se llame, colgando de una horca no se presentará ante Victoria. Y que Oslow no pierda el sueño sobre su invalidez. En servicio de la Corona ha cabalgado por terreno peor, con un brazo sabe manejar un caballo y también ver en la distancia. Según él. Ethan y su gente se han detenido en u poblado llamado Cascabel y van camino a la Cordillera Talbot (¿Cacharon? Talbot, es la tierra de las familia del fugitivo) “El lobo vuelve a su guarida” sentencia Rusk

Olvidémonos de estas jactancias de nachos con acentos diferentes. Lo importante es que afuera en un banco esta Hécate, con su vestido blanco sin una mancha de sudor y con sombrero, como toda una dama. Lo ha escuchado todo, sonríe como brujita y se pone de pie. Ya sabe dónde ir.

Me gusta como John Logan ha conseguido enlazar las historias de manera que aunque en continentes diferentes, los personajes se encuentren. Malcolm y su fiel compañero indio van en un buque de mala muerte rumbo a Estados Unidos. Malcolm le escribe a Vanessa sin contarle del verdadero motivo de su viaje. Según él se va de cacería. Estas cartas dan un tono epistolar al capítulo y es un homenaje a sus fuentes de origen. Drácula y Frankenstein.

Katenay le cuenta al explorador sobre su extraña relación con “su hijo”. Ethan participó en matanzas de Apaches. Arrepentido, fue en busca de Kaetenay, uno de los últimos sobrevivientes y le suplicó que lo dejara sin cabellera. Katenay prefirió dejarlo vivo, para verlo sufrir. En vez de continuar explicando de qué forma hizo sufrir a Ethan (¿tendrá que ver con su licantropía?), Kaetenay le pregunta a su compañero de viaje si alguna vez ha odiado a alguien tanto que antes de matarlo, ha preferido tenerlo cerca para verlo sufrir. Malcolm reconoce  que es lo que sintió por Vanessa, pero con el tiempo llego a amarla como una hija. Es lo mismo que ha ocurrido con el Apache.

Y de ahí viene lo único confuso del capítulo. En el barco, Kaetenay decide hacer un ritual-sahumerio para viajar astralmente hasta donde está Ethan. Lo encuentra y se le mete en el sueño. Y aquí viene lo misterioso. Ethan agrede al Apache. No lo saluda como a un padre. Lo acusa de haber matado gente, quiere su cabellera. Es como si existiera, en ese espacio onírico, una reversión de roles. Kaetenay lo llama “Apache” pero Ethan reniega del título.  Kaetenay dice que necesita de Ethan y ahora sabe donde encontrarle. “Tengo sangre en los dientes y en mi alma, creo” es la manera de Chandler-Talbot de rechazar un empleo.

“Eres exactamente el Apache que busco” es la despedida del chamán (oye, si  con una pipa, unos abalorios y un poco de humo sabes meterte en la cabeza de un dormilón que esta a miles de millas de distancia tienes que ser chamán).

Esa noche, los secuestradores de licántropos llevan a Ethan a un puesto de esos del Oeste donde venden de todo. Es el famoso “Cascabel”. Mientras desahogan sus aficiones shopaholicas, dejan al lobo encadenado cerca de una mesa. Una viejita india limpia la mesa y reconoce a Ethan. Le habla en el dialecto (ya, ya sé, esta es Maria Oupenskaya del filme de Lon Chaney). Le dice que es parienta de Kaetenay. “¿Dónde está el viejo demonio?” pregunta el lobo. La anciana le cuenta que toda su familia ha sido desterrada a Oklahoma. Solo Kaetanay se libró de ese destino. “Te ayudaría si pudiera” le dice con tristeza mirando las esposas que encadenan a Ethan. El la llama “madre” y al ver que el plenilunio se acerca, le pide que se vaya. La Apache obedece y la luna llega gordita a mirar al hombre recordándole que es lobo.

En un segundo, Ethan, convertido en monstruo, comienza dar arañazos. Sus garras son como las espadas de Ser Arthur Dayne. Da cuenta de casi todos los secuestradores. El líder saca un revolver con mano temblorosa ¿Puede matar un licántropo sin una bala de plata?  No llegamos a saberlo porque tras él llega Hécate en uniforme de Nightcomer (desnuda, calva y tatuada). Mata al del revólver y se enfrenta al Lupus Dei que la saluda con u gruñido (uff, Lord H. me saluda así a veces).

Y volvemos a Vanessa en Londres, lista para su segunda sesión con la psiquiatra. Se ha cambiado de ropa y llega enguantada a la cita. La recibe un Renfeld tan agitado que parece más loco que los pacientes.

La Dra. Seward le dice a Miss Ives que taparse las manos no le quitara la comezón. Para hacer mas entretenida la sesión pretende grabar las confesiones de Vanessa en un artilugio milenario, unos cilindros de cera, precursores de las grabadores. La paciente se sobrecoge. No le gusta la idea de dejar un record de sus secretos. Espera, niña, a vivir en la era de la fotografía digital, Blu-Ray  y los camcorders.

Seward ordena a su paciente que le dé un reporte completo de sus pecados. Nerviosa, Vanessa comienza por la seducción del novio de Minna, de ahí continua, y continúa. Al final, médico y paciente están agotadas. La psiquiatra le ordena a Miss Ives hacer algo que “la haga feliz”. Vanessa parte al Museo a buscar al Dr. Sweet. No, nena, no. Lo peor que se puede hace es intentar quitarse un clavo con otro clavo.

Encuentra a al zoólogo dando una charla sobre lobos. Al verla, finge  no recordar su nombre, pero cambia el tema. Ahora charlará sobre escorpiones. El Pequeño Escorpión acapara la atención del maestro y levanta la mano más veces que Hermione Granger. Al acabar la charla, Sweet acompaña a Vanessa. Sigue sin acordarse de su nombre, pero se deja ver en su lado más vulnerable. Confiesa que aunque el museo patrocina expediciones en busca  de material nuevo, él siempre se queda en Londres. Comparte sus sueños de explorador, sueños perdidos de un niño  cuyo ídolo era El Capitán Nemo. Vanessa dice que su ídolo es Juana de Arco quien nunca perdió su fe y murió por sus ideales.

Esa noche, Vanessa decide trasgredir las costumbres de esa época e invita al zoólogo al cine. Cine, cine no es, falta un año para que Los Lumiere inventen la cámara. Se trata de una exposición de diapositivas ilustrando las Veinte mil leguas de viaje submarino, el libro favorito del Dr. Sweet. Vanessa observa la felicidad en la cara de su amigo. ES conmovedora su necesidad de hacer feliz al hombre que le interesa. La entiendo, pero es tan peligrosa esa empresa.

Acabado el show, Vanessa continua en onda osada y ofrece a Sweet llevarlo a tomar café a Simpson’s-on-the-strand (uno de los restaurantes de moda de entonces). El se niega y ella se va a casa a pie, pero  seguida por toda la horda vampira.


Esa noche, el alborotado Renfeld vuelve al galpón de los vampiros. Necesita sangre, pero el Amo antes quiere un informe completo. Renfeld le dice que Vanessa le contó su vida y milagros a Seward, pero esta no le creyó una palabra. Complacido, El Amo permite que el secretario beba de su muñeca. La cámara enfoca su mano, sube por el antebrazo y vemos (¡Lo sospeché desde un principio!) que Drácula es…. ¡el Dr. Sweet! Me uno a todos los críticos que antes que yo han exclamado “¡Pobre Vanessa!”

domingo, 15 de noviembre de 2015

La redención del incubo o la culpa la tiene la súcubo


De verdugo de mujeres inocentes, el incubo literario  pasó a ser una víctima que necesitaba ser rescatada precisamente por una mujer de la que se enamoraba. El amor pasó a  ser la falla trágica del  héroe satánico y lo vemos en innumerables ejemplos. El ultimo ha sido “Crimson Peak”, donde el amor que Edith inspira en el caza fortunas con el que se ha casado trasciende incluso la muerte.

Esta es obviamente una fantasía femenina. Si el amante demoniaco responde a un miedo atávico a una pesadilla digna del cuadro de Fuseli, la idea de ser redentora/salvadora de tan poderoso monstruo es una forma de defenderse del magnetismos satánicos y emerger del cuento como heroína badass. Sobre todo cuando el incubo está emparejado con una súcubo que en la mayoría de los casos lo domina.

El término “amante demoniaco” (Demon Lover) se fabrica en días de la primera literatura gótica, pero ya antes circulaba la idea de seductores impíos: desde el Don Juan de Tirso  de Molina a Lovelace, desde Fausto al Valmont de Choderlos de Laclos. La diferencia con este último es que ya vemos en el Vizconde tres puntos que  lo acercan a héroes como Sir Thomas: su amor sincero por La Presidenta de Tourvel, la inferencia de que ha obrado mal por influencia de la Marquesa  de Merteuil, y su redención final.

Si anteriormente el incubo era el azote de toda mujer virtuosa, ahora pasaba a ser un individuo un poco perdido cuya maldad nacía de su asociación con otra habitante del mundo gótico: la femme fatale. Tal como el incubo esta vampiresa desciende de un precedente religioso-folclórico, de las terribles súcubos que asaltan en todas las culturas a humanos dormilones y desprevenidos.

Confieso que me irrita un poco este triangulo porque por un lado disminuye al héroe, por otro sitúa la culpa en una mujer que, en un mundo de hombres, intenta ejercer su derecho la libertad sexual. Mas también es cierto que gente como la Marquesa de Merteuil, la gran villana de Las Relaciones Peligrosas ,es irredimible hasta el punto de ser repelente. Aun así, ella confiesa que su libertinaje nace de una necesidad de vengarse de los hombres y se queja de que  Valmont puede abiertamente ser un canalla en cambio ella debe fingir virtud. O como lo expresa Sarah-Michelle Geller  en “Juegos Sexuales” (para mí la mejor adaptación de la novela de Choderlos de Laclos)  “I’m the Marcia Fucking Brady of the Upper East Side and sometimes I want to kill myself”.




A diferencia de otras versiones que fieles al original hacen que Tourvel, el gran amor de Valmont muera al saberlo difunto, “Juegos Sexuales” deja que sea Anette (Reese Witherspoon) quien vengue al difunto satánico. Tras seducirla ,Sebastian Valmont (Ryan Philippe) descubre que ama  a Anette. Repudia la apuesta, repudia a Katherine Merteuil (Geller) e intenta cambiar su estilo de vida, pero la venganza de la súcubo despechada lleva a Sebastián a la muerte, precisamente intentando evitar que Anette sea atropellada. Antes de morir, Valmont le ha enviado a su redentora las pruebas de su libertinaje y de la hipocresía de su hermanastra. Anette las usa para desenmascararla. Es un caso donde la redentora continúa su trabajo yendo más allá de salvar al héroe satánico de sí mismo,  al destruir a quien lo destruyó.

Vemos eso mismo en “Crimson Peak “(Spoilers para quien no la haya visto) . Thomas (Tom Hiddleston) ha sido parte de un macabro complot que involucra seducir y casarse con millonarias a las que luego asesina. Lo hace incitado por Lucille (Jessica Chastain), su hermana-amante. El problema es que se enamora de su última víctima  (Mia Wasikowska) y se rehúsa a escabecharla. La exasperada Lucille  lo mata. Convertido en fantasma, Sir Thomas es más útil que vivo. Y será él quien ayude a su viuda a vencer el mal que infecta a Crimson Peak. Antes de huir, Edith acaba con su carrera de redención ultimando a Lucille.


Recuerdo la primera película “adulta (con sexo grafico, pero no necesariamente pornográfico )que vi en mi vida. Tenía yo entonces doce años.  Era una de esas películas de suspenso/terror de la Hammer, y se titulaba “La Condesa Drácula”. A pesar del título, no había vampiros ya que la condesa era la infame Elizabeth Bathory. La anciana (Ingrid Pitt) aristócrata húngara, tras golpear a una criada, descubre los poderes rejuvenecedores de la sangre de virgen. 


Un par de chicas asesinadas y desangradas, y Elizabeth se quita medio siglo de arrugas. ¿Cómo explicar su súbito rejuvenecimiento? Fácil. La Condesa tiene una hija, Ilona, encerrada un convento. Elizabeth se hace pasar por Ilona y nadie sospecha nada. Llega Imre (Sandor Eles), el prometido de Ilona (a la que de acuerdo a los cánones de la poca, no ha visto en su perra vida). Queda encantado con la vivaracha usurpadora y se plantan unos buenos revolcones en el establo.
Imre y Elizabeth

Con el tiempo, y con la desaparición paulatina de vírgenes en la aldea, Imre descubre quien es realmente su prometida, pero es demasiado tarde, se ha convertido en su cómplice y está ligado a la Condesa Sangrienta. La crisis estalla cuando Ilona (Lesley-Anne Down) abandona el convento y emprende el camino de vuelta al hogar. Elizabeth manda secuestrarla ,y cuando se le acaba la sangre, decide sacrificar a su propia hija. Imre conoce a la verdadera Ilona y tiene una epifanía. Solo rescatándola podrá redimirse. Se descubren los crímenes de la Bathory, histérica esta se abalanza sobre Ilona, puñal en mano. Imre se interpone y pasa a ser otro más de esos héroes redimidos, pero muertos.

No es que  la literatura gótica prefiera a sus íncubos muertos. Así lo demuestra Charlotte Bronte que en Jane Eyre recobra al Demon Lover en todo su esplendor. Como buen héroe satánico, Edward Rochester es impío, aristocrático y soberbio. Un ángel caído que se complace en humillar y manipular a la institutriz de su hija bastarda. Su acto más deleznable es llevar a Jane al altar, olvidando un pequeño detalle, revelarle que tiene esposa viva y pataleando encerrada en la buhardilla.
 
Irónicamente, es La Loca del Desván la culpable de la maldad de su marido. Digo irónicamente, porque Bertha es una enferma mental, pero Rochester la acusa a ella y a su familia de haberle ocultado que la locura estaba en los genes familiares. Por eso lo ha condenado a vivir atado a una demente.

Para aumentar el efecto nocivo de la pobre orate, la novela lleva a Bertha a incendiar Thornfield Hall y a casi matar a su esposo cuando Rochester intenta rescatarla. Pero el héroe satánico totalmente redimido (aunque ciego y chamuscado) sobrevive y puede ser feliz junto a su ángel redentor.

Casi un siglo más tarde, otra maestra del neo-gótico, Daphne Du Maurier, retoma el tema en su oscura Rebecca. Aquí el poder del mal está encarnado en la mujer del título, que aunque muerta sigue haciendo daño. De nuevo tenemos una mansión donde pesan fantasmas y secretos. De nuevo tenemos una ingenua que llega a Manderley como esposa, pero pronto se da cuenta que es la muerte, y no el amor, lo que la espera ahí.

 ¿Lady Olenna y Tywin Lannister? No, Mrs. Danvers y Max de Winter en Rebecca (1997)

Para la narradora el ser la segunda Mrs. de Winter tiene un precio: luchar contra el fantasma de un súcubo, ser perseguida y acosada por una siniestra ama de llaves que mucho se parece a Lucille Sharpe y descubrir que se ha casado con un hombre corrompido por una mala mujer y cuya única salida fue convertirse en auto-viudo.   Como en Jane Eyre, hay un incendio, Mrs. Danvers, la siniestra ama de llaves desaparece y Max, exonerado, puede ser feliz junto a su nueva esposa. 

Sin embargo, en la fantasía gótica moderna el héroe satánico seguirá muerto... Revirtiendo a sus orígenes  los amantes demoniacos vuelven  ser vampiros. Ya he hablado en otro sitio del cambio de imagen total que el vampiro ha sufrido en el género fantástico a partir de la segunda mitad del siglo XX, pero solo recién vengo a darme cuenta que la beatificación de la etnia chupa-sangre va conectada al proceso de salvación del incubo.