jueves, 19 de marzo de 2026

Rosemary’s Baby en Todas sus Manifestaciones

 

 


Por petición de la Reina Alucarda voy a adentrarme en mi filme favorito de terror, El Bebé de Rosemary o La Semilla del Diablo. Mas allá de la interpretación y reseña quisiera explorar sus orígenes en la novela homónima de Ira Levin y las repercusiones del filme en la vida de sus participantes y en la cultura popular. Hora es de comenzar ya que hay mucho que hablar.

Ira Levin y su carrera Pre-Rosemary

Rosemary’s Baby es una novela de terror casi por accidente No se parece en nada a la obra anterior de Levin y sin embargo lo encaminó a escribir otras novelas famosas de tema fantástico como lo serian The Stepford Wives y The Boys From Brazil. Ateo profesional, aunque profundamente influenciado por la cultura judía neoyorquina, Ira Levin nació en Manhattan en 1929, en el seno de una familia judía, de origen ruso y de buen pasar económico. Asistió a buenas escuelas como la prestigiosa Horace Mann y se graduó de la Universidad de Nueva York con un doble título en filosofía y literatura.

Aunque ya en la universidad había sentido las ansias de escribir, la Guerra de Corea lo llamó a filas en 1953. Antes, alcanzó a publicar su primera novela A Kiss Before Dying, un Noir sobre un chico que llega hasta el asesinato para asegurar su futuro. En 1954,  esa novela ganó el premio Edgard como mejor novela de principiante.

Acabada la guerra, Levin no se interesó en escribir otra novela. En 1956 (el año en que A Kiss Befare Dying fue llevada al cine) inicio una exitosa carrera en Broadway. Para 1960 su adaptación de No Time for Sargents había saltado del escenario a la pantalla grande y de ahí se volvería serie de televisión. En 1960, el ya reconocido Levin se casó con Gabrielle Aronson con quien tendría tres hijos.

                                                    Ira y Gabrielle Levin

Como todo escritor famoso, Ira Levin tuvo sus baches. En 1965 se le ocurrió incursionar en la comedia musical, pero Drat the Cat! fue un fracaso teatral. Con cuentas que pagar, tres hijos que mantener y un matrimonio que ya estaba resquebrajado, el dramaturgo decidió volver a la novela. Esta vez sería una historia de terror psicológico que seguiría a una mujer a través de sus nueve meses de embarazo en el que un feto monstruoso la devora por dentro.

Originalmente, Rosemary iba a ser preñada por un alienígeno, pero Levin encontró que se parecería mucho a The Midwich Cuckoos, novela de ciencia ficción que había sido un superventas en 1958. De ahí surgió su decisión de que Rosemary fuese portadora de “la semilla del diablo” como se llamaría el libro en castellano. “Estaba pegado a Satan” recordaría el autor años más tarde “en quien no creo para nada”.

Aun así, Levin se zampó un par de libros de magia negra y blanca, de la cual surgiría la filosofía de los satanistas que andan en busca de la madre perfecta para el vástago de Lucifer. Mucha de la mitología del libro fue inventada por Levin como el uso de la hedionda raíz de tannis que Rosemary debe llevar en un guardapelo colgada del cuello durante su embarazo.

                                     

Magia Negra en Manhattan

La obra fue concebida como una sátira, eso explica que sea divertida, con momentos casi jocosos. Sin embargo,  el terror que se desprende del doloroso embarazo y de las dudas que asaltan a la embarazada, quien termina casi paranoica antes de descubrir que ha caído en un cabal de brujos, es también evidente.

Lo que distingue esta novela de  un relato de terror común es que no tiene lugar en oscuros paramos o lejanas mansiones góticas sino en pleno Manhattan a la luz del sol. Es uno de los grandes méritos de la novela y motivo para el que me sea placentero leerla. Es una novela sobre New York City.



Rosemary y su marido rentan un apartamento en el distinguido edificio Bramford. Fácil es reconocer, por la descripción de la fachada, que se trata del Dakota uno de los primeros rascacielos de la Gran Manzana. Después de visitar el departamento, los Woodhouse cenan con su amigo Edward “Hutch” Hutchinson en el famoso Rusia Tea Room, y de ahí vienen otras alusiones a espacios que los neoyorquinos conocemos o recordamos.

Para mayor realismo, Levin lo situó en un año especifico, 1965, con menciones a eventos como la visita del Papa Pablo VI a la ONU, la huelga de periódicos, etc. Incluso deja caer nombres de piezas teatrales que podían verse en Broadway. El crear este escenario reconocible aumenta lo inconcebible, que en medio de lo cotidiano puedan ocurrir ritos satánicos, haya un aquelarre que abarque gente importante como el distinguido ginecólogo Abe Sapirstein, y que se invoque al Coludo para que venga a violar y embarazar a una mortal .

 Con toda esta novedosa trama, el libro encantó al agente de Ira Levine, a los editores de Random House, y a William Castle, el famoso productor de filmes de horror que compró las galeras antes de ser la novela publicada. Conociendo el cine camp de Castle, con filmes de Vincent Price como The Tingler y hag-exploitations como Chaleco de Fuerza de Joan Crawford a su haber, Levin no estaba muy contento con tenerlo a cargo de su obra. Por suerte, Castle reparó en que este iba a ser un filme de alto presupuesto y que el carecía de los medios necesarios para hacerle justicia.



Entra Roman Polanski

La movida siguiente de Castle fue crucial. Se acercó al hoy legendario Bob Evans que acababa de ser nombrado jefe de los estudios Paramount. Evans quedó encantado con el libro y decidióotra movida magistralcontratar a un joven director polaco que era activo en el cine francés. Bob Evans, la Paramount y Roman Polanski serían los hados padrinos del Bebé de Rosemary. El nombre de Castle sigue apareciendo en los créditos, pero el filme no lleva su sello. Lo primero que hizo Polanski fue encerrarse un par de semanas con la novela en mano y emergió con un libreto apegadísimo al original.

Estoy haciendo un experimento, veo un trocito del filme y lo comparo con el libro. Es increíble lo poco que cambió Polanski. Ha evitado nombres propios de personajes reales como Anna María Alberghetti (a la que Rosemary confunde con Terry) o Los Kennedy (en su pesadilla de violación Rosemary cree estar viajando en un crucero con Jackie y su familia política). La primera aparición de Hutch en el filme es en su piso no en el Russian Tea Room como ocurre en el libro (tal vez porque filmar en el restaurante costaría más dinero). También se han abreviado diálogos y saltado situaciones innecesarias como la estadía de Rosemary en la cabaña de Hutch.

El libreto  fue aceptado por Evans. Ahora era cuestión de elegir el reparto. Nuevamente Polanski tuvo carta blanca para elegir a los secundarios, entre los que destacó Minnie Gordon, que tenía solida carrera en Hollywood y Broadway que la ayudarían a convertir el rol de Minnie Castevets, la vecina satánica de Los Wodehouse, en todo  un tour de forcé.




Para el rol del esposo traidor de Rosemary se acercaron a Robert Redford que, por suerte ,lo rechazó. Se estaba hablando de Jack Nicholsom, cuando Polanski recordó un actor que había conocido en Londres. John Cassavets aportó al papel el toque exacto para hacerlo retorcido, siniestro y a la vez que entendamos por qué Rosemary lo adora y por qué le toma tiempo caer en cuenta que está en colusión con sus vecinos.

Triunfo y Tragedia de Mia Farrow

Para el papel protagónico, Roman Polanski quería a su entonces novia Sharon Tate. Bob Evans quería un rostro más comercial como Patty Duke o Jane Fonda. La decisión de escoger a Mia Farrow parece contradictoria con esos deseos, pero se debió a dos motivos. A sus  23 años, Mia solo había hecho un film, The Guns of Batasi, y en Inglaterra, pero era un rostro reconocible para el público telespectador gracias a su protagónico en la telenovela La caldera del diablo (Peyton Place).

Agreguémosle que su boda del año anterior con Frank Sinatra todavía estaba dando que hablar. Fue difícil convencer a Mia de aceptar el rol puesto que le había prometido al marido no volver ante las cámaras. Francis Albert había llegado a un compromiso prometiéndole el papel femenino principal en su nuevo proyecto, The Detective. Cuando supo que su mujer lo iba a desobedecer, Sinatra montó en colera y la amenazó con un divorcio.  Mia no le creyó, pero en medio de la filmación, le llegaron a la actriz los papeles del divorcio. Con Ol ‘Blue Eyes no se jugaba.



Mia escogió ser actriz antes que esposa y lo dio todo en su papel que para mí es su mejor interpretación junto a Daisy Buchanan en El Gran Gatsby y Cecilia en The Purple Rose of Cairo. Es que Polanski era un director exigente. Supo utilizar la desolación de la actriz para representar el aislamiento y la preocupación del personaje ante un embarazo de pesadilla. La obligó a adelgazar para parecerse al personaje que durante los primeros meses de su embarazo está siendo devorada por el feto diabólico.

En una escena en que Rosemary debe encontrarse con alguien, el director polaco hizo que la actriz deambulara en medio del tráfico de Manhattan para utilizar su angustia. Aunque Mia sabía que Rosemary iba a ser violada por Lucifer, Polanski le ocultó los detalles para conseguir una expresión genuina de miedo y sorpresa.

¿Brujos en Manhattan?

Yo descubrí la existencia de ‘Rosemary’s Baby” gracias a esa maravillosa revista chilena llamada Ecran. Ahí solían narrarnos tramas de películas en un formato de fotonovelas. Así pude “ver” filmes donde no me dejarían entrar al teatro ya que en Chile había entonces un riguroso censor decidiendo que  podían ver los chicos . Uno de esos filmes fue El Bebe de Rosemary tan detallado en la revista que el único spoiler que se guardaron fue lo que la protagonista encuentra en la cunita del departamento vecino. Yo me imaginé que era un monstruito, aunque a mis nueve años no comprendía que se trataba del vástago del Coludo.



Le pasé la revista a mi padre que dijo que él conjeturaría que en la cuna solo estaba el esqueleto del bebé ya que los satanistas también eran caníbales. Una teoría interesante que acabó cuando mis padres fueron al cine. Si bien mi madre se conmocionó ante el dilema maternal del personaje de Mia Farrow, mi padre se sintió defraudado. Dijo que no se creía un cuento de bujas en pleno Manhattan.  Curioso, que el mayor mérito de la obra no lo convenció

Una década más tarde, ya viviendo en Nueva York, tuve la oportunidad de ver Rosemary’s Baby en la televisión abierta (con un mínimo de censura) y de leer el libro. En uno de esos clubs de libros en que por 10 o 25 centavos comprabas hasta tres libros nuevos en ediciones de tapa dura, adquirí un trio de novelas de Ira Levin que abarcaban A Kiss Before Dying, The Stepford Wives y Rosemary’s Baby. Las otras novelas no me interesaron, el único otro libro de Levin que me ha impresionado es The Boys From Brazil.

Leer el libro (que no es largo) me llevó a escenarios conocidos de Nueva York, a la vez que me demostraba lo fiel que era el filme al texto original.  Aunque los interiores fueron grabados en Hollywood (y la pesadilla de Rosemary en Santa Catalina), existe un equilibrio perfecto con los exteriores rodados en Manhattan, con tomas de Central Park y la fachada del edificio Dakota que con excepción del nombre es el modelo de Levin para el Bramford.

Con una peluca, Mia (que ya tenía el cabello corto) hizo la transición de Rosemary de un corte paje al pixie que adopta durante su embarazo. Mas allá de peinados, el filme recrea el vestuario  de manera impecable.


Cambio de peinados de Rosemary


Gracias al filme, yo aprendí (todavía internándome en el mundo de un nuevo idioma) términos de moda como lo que era una hostess gown (el vestido de noche que Rosemary usa para una fiesta en su piso); s; y pijama suit para el dos piezas de terciopelo rojo que tiene puesto la noche en que concibe al hijo de Lucifer.

                                          Traje perfecto para ser violada por Lucifer


 Hasta la comida descrita por Levine es reconstruida ante las cámaras. Se siente lo reseco y duro del bistec y el pastel que los Castevets sirven a los Wodehouse en su primera visita a su apartamento. El batido que Minnie prepara para la embarazada Rosemary parece realmente un smoothie aguado de pistacho .




En cuanto a una de las escenas más pavorosas del libro que tiene a Rosemary comiendo carne cruda en los primeros meses de embarazo, la traducción al filme es igualmente terrorífica . La vemos masticando interiores de pollo crudo salpicada de sangre y  observando su reflejo en la tostadora eléctrica, tal como lo describe el autor en su novela.




Un efecto de reducir los diálogos fue que Rosemary se ve más vulnerable, más sumisa, más manipulada por su marido, por sus vecinos y hasta por su ginecólogo. El tema del mal marido y el uso del gaslighting incluso antes de ponerse de moda el término, es un leitmotiv de la obra de Levin. Sus esposos nefastos pululan por su página desde Travis dispuesto a matar a su mujer por dinero hasta los hombres de The Stepford Wives que preferían esclavas robots antes que mujeres de carne y hueso, pero Guy Wodehouse es el peor, el más irredimible de los esposos.



¿Maldición en el Set?

Rosemary’s Baby debutó en la pantalla grande en junio de 1968, el mismo año en que la novela ganó el Premio Pulitzer. Tristemente, a pesar de las muchas nominaciones, la obra maestra de Roman Polanski no recibió grandes premios. Únicamente, Ruth Gordon se llevó un merecidísimo Globo de Oro y un Oscar como mejor actriz secundaria.

Con el tiempo, la fama del libro y filme se ha convertido en “infamia” ya que se ha creado toda una mitología alrededor de sucesos siniestros e incluso de vibras satánicas en torno a la filmación o como secuela de esta. En realidad, la atmosfera incomoda y angustiante de la filmación puede haber sido percibida por la epidermis sensible de sus actores.

Se sabe que Ruth Gordon sintió vibras maléficas en el ambiente y trajo talismanes para proteger al equipo. Sin embargo, hay dos casos puntuales que ocurrieron un poco después de la película ya haberse retirado de las pantallas.

Me refiero a la masacre perpetrada por el Clan Manson en la mansión angelina de Roman Polanski donde, junto a cuatro otras personas, su esposa Sharon Tate fue apuñalada salvajemente a pesar de su avanzado estado de embarazo. Durante el juicio a Charles Manson y los miembros de su secta se habló de rituales satánicos.



Esto ocurrió en 1968, once años más tarde se volvía poner en tela de juicio la película cuando John Lennon, el ex Beatle, fue baleado fatalmente en el vestíbulo del Dakota (el verdadero Bramford). Lennon vivía en el Dakota como mucha otra gente famosa y ni Manson ni sus secuaces aludieron al filme como motivo de su matanza masiva. Aun así, la leyenda urbana de maleficios en el set ya estaba incrustada en la imaginación popular.


Ahora toca hablar de los derivados de la novela de Ira Levin, tenemos precuela, secuela y hasta una deplorable miniserie que no puede opacar el brillo de la película original.

El Legado de Roseary’s Baby: Las secuelas

Antes de morir, Ira Levin escribió una secuela The Son of Rosemary que le dedicó  a Mia Farrow. Podría haberse horrado el esfuerzo. Es una obra pueril con ínfulas de The Omen. Rosemary despierta de un coma solo cuando el ultimo miembro del aquelarre del Bramford ha muerto. Se encuentra que Andrew, su hijo, es ahora un cincuentón, un hombre importante que se dedica a la filantropía. Aunque Andrew se esfuerce por convencer a su madre que lo del Anticristo quedó en el pasado, pronto Rosemary se percata que al vástago de Lucifer solo le faltan los cuernitos para ser como su padre.

Menos aburrido y más convincente fue un telefilme que se titulaba Look at What Happened to Rosemary’s Baby (“Miren lo que ocurrió con el bebé de Rosemary”).  Este filme hoy tristemente olvidado, estrenó en la CBS en el otoño de 1976. La trama iniciaba con los esfuerzos de Rosemary por rescatar a su hijo Andrew de las garras del cabal Castevet. Por diez años, la pobre mujer había compartido su vida con los satánicos únicamente para estar cerca de su hijo.



En ese tiempo, había notado de que aun cuando al niño se le inculcaba maldad (lo hacían matar pollitos), Andy demostraba buen corazón. Aferrada a la esperanza de que puedan llevar una vida normal, Rosemary huía con el niño en un viaje a lo largo de los Estados Unidos. Su error era llamar a su marido para pedirle dinero. Guy, que en este tiempo se había convertido en estrella de Hollywood, no se tardaba en avisarles a los satánicos que llegaban al pueblo donde estaban Rosemary y su hijo.

Los perseguidos se ocultaban en una sinagoga ortodoxa donde las oraciones de la congregación impedían el acceso de los brujos negros. Al día siguiente, Rosemary hacía amistad con una prostituta que les daba albergue. Por supuesto, la trabajadora sexual estaba coludida con los satánicos y le robaban a Andrew a la madre . De Rosemary no se volvía saber nada, Andrew era criado por la prostituta que se volvía millonaria gracias a los satánicos.



Años más tarde, Andrew (que no sabía que era el Anticristo) comenzaba sospechar que había gato encerrado y decidía huir. En el camino, conocía a una doctora que lo ayudaba a descubrir el misterio, pero entremedio, lo seducía. Debido a que la seducción seguía las pautas de la violación de Rosemary (Andrew sentía que era Prometeo y que un águila le devoraba sus órganos) nos dábamos cuenta de que la doctora no era trigo limpio. Efectivamente, los satánicos estaban hartos de Andrew y querían ahora otra semilla del diablo, en este caso una nieta.

Aunque suene estrambótica y truculenta tengo un buen recuerdo de esta película y me ha gustado más que la nueva versión, ahora en formato de miniserie, de la novela de Levin, hecha por la NBC en 2014. Aclaro que mi disgusto nada tiene que ver con el que a Rosemary la interpreta una actriz de color, puesto que me encanta Zoe Saldaña.

El que se le hicieran cambios era de esperar. Guy ya no es actor; los Castevets son sofisticados expatriados, incluso el exceso de muertes y violencia no me descoloca tanto como que Rosemary no es Rosemary. De una ingenua católica de Omaha que ha crecido creyendo que debe obedecer a sus mayores y al marido, pasó a ser una destacada bailarina que gana más que Guy, que ya ha sufrió un aborto espontaneo y que en todos los aspectos es más despierta, mundana y empoderada que la protagonista original.



Lo que finalmente me hizo entender que solo conservaba de la novela el titulo fue trasladar la trama a Paris. Uno de los mayores atractivos de Rosemary’s Baby era ser una historia en y de Nueva York. Por algo, Levin se había esmerado en incluir lugares de la Gran Manzana combinándolos con eventos específicos que reflejaban el presente de la ciudad. Ese cambio geográfico hacia más patentes otras variaciones y como opinaron los críticos, no contribuían nada al trabajo anterior convirtiendo esta miniserie en otro relato más de terror.



Los productores no escarmentaban y hace dos años se les ocurrió hacer una precuela (WTF?) a la saga del Bramford, Apartment 7A. Yo ni la miré. ¿A quién le interesa conocer la historia de Terry Gionofrio, la candidata a ser madre del Anticristo que precedió a Rosemary? Parece que no a muchos, puesto que pocos han visto la saga de una Terry que poco se parece a la del libro.



Interpretada por Julia Garner (Ozark), ya Terry no es prostituta drogadicta, sino una estrella ascendiente del ballet que ve su carrera truncada por una lesión en el tobillo. Recogida y protegida por los Castevets, Terry cree estar encinta de un productor, pero cuando descubre quien es el padre de su hijo, se avienta por una ventana por donde debió haber sido seguida por la serie. Lo dicho, no hay manera de eclipsar a la obra de Polanski. Si no la conocen, deben verla.