Por petición de
la Reina Alucarda voy a adentrarme en mi filme favorito de terror, El Bebé
de Rosemary o La Semilla del Diablo. Mas allá de la interpretación y
reseña quisiera explorar sus orígenes en la novela homónima de Ira Levin y las
repercusiones del filme en la vida de sus participantes y en la cultura
popular. Hora es de comenzar ya que hay mucho que hablar.
Ira Levin y su
carrera Pre-Rosemary
Rosemary’s
Baby es una novela de
terror casi por accidente No se parece en nada a la obra anterior de Levin y
sin embargo lo encaminó a escribir otras novelas famosas de tema fantástico
como lo serian The Stepford Wives y The Boys From Brazil. Ateo
profesional, aunque profundamente influenciado por la cultura judía
neoyorquina, Ira Levin nació en Manhattan en 1929, en el seno de una familia
judía, de origen ruso y de buen pasar económico. Asistió a buenas escuelas como
la prestigiosa Horace Mann y se graduó de la Universidad de Nueva York con un
doble título en filosofía y literatura.
Aunque ya en la
universidad había sentido las ansias de escribir, la Guerra de Corea lo llamó a
filas en 1953. Antes, alcanzó a publicar su primera novela A Kiss Before Dying,
un Noir sobre un chico que llega hasta el asesinato para asegurar su futuro. En
1954, esa novela ganó el premio Edgard
como mejor novela de principiante.
Acabada la
guerra, Levin no se interesó en escribir otra novela. En 1956 (el año en que A
Kiss Befare Dying fue llevada al cine) inicio una exitosa carrera en Broadway.
Para 1960 su adaptación de No Time for Sargents había saltado del escenario
a la pantalla grande y de ahí se volvería serie de televisión. En 1960, el ya
reconocido Levin se casó con Gabrielle Aronson con quien tendría tres hijos.
Como todo
escritor famoso, Ira Levin tuvo sus baches. En 1965 se le ocurrió incursionar
en la comedia musical, pero Drat the Cat! fue un fracaso teatral. Con
cuentas que pagar, tres hijos que mantener y un matrimonio que ya estaba resquebrajado,
el dramaturgo decidió volver a la novela. Esta vez sería una historia de terror
psicológico que seguiría a una mujer a través de sus nueve meses de embarazo en
el que un feto monstruoso la devora por dentro.
Originalmente,
Rosemary iba a ser preñada por un alienígeno, pero Levin encontró que se
parecería mucho a The Midwich Cuckoos, novela de ciencia ficción que
había sido un superventas en 1958. De ahí surgió su decisión de que Rosemary
fuese portadora de “la semilla del diablo” como se llamaría el libro en
castellano. “Estaba pegado a Satan” recordaría el autor años más tarde “en
quien no creo para nada”.
Aun así, Levin se
zampó un par de libros de magia negra y blanca, de la cual surgiría la filosofía
de los satanistas que andan en busca de la madre perfecta para el vástago de Lucifer.
Mucha de la mitología del libro fue inventada por Levin como el uso de la
hedionda raíz de tannis que Rosemary debe llevar en un guardapelo colgada del
cuello durante su embarazo.
Magia Negra en
Manhattan
La obra fue
concebida como una sátira, eso explica que sea divertida, con momentos casi
jocosos. Sin embargo, el terror que se
desprende del doloroso embarazo y de las dudas que asaltan a la embarazada,
quien termina casi paranoica antes de descubrir que ha caído en un cabal de
brujos, es también evidente.
Lo que distingue
esta novela de un relato de terror común
es que no tiene lugar en oscuros paramos o lejanas mansiones góticas sino en
pleno Manhattan a la luz del sol. Es uno de los grandes méritos de la novela y
motivo para el que me sea placentero leerla. Es una novela sobre New York City.
Rosemary y su marido rentan un apartamento en el distinguido edificio Bramford. Fácil es reconocer, por la descripción de la fachada, que se trata del Dakota uno de los primeros rascacielos de la Gran Manzana. Después de visitar el departamento, los Woodhouse cenan con su amigo Edward “Hutch” Hutchinson en el famoso Rusia Tea Room, y de ahí vienen otras alusiones a espacios que los neoyorquinos conocemos o recordamos.
Para mayor realismo,
Levin lo situó en un año especifico, 1965, con menciones a eventos como la
visita del Papa Pablo VI a la ONU, la huelga de periódicos, etc. Incluso deja
caer nombres de piezas teatrales que podían verse en Broadway. El crear este escenario
reconocible aumenta lo inconcebible, que en medio de lo cotidiano puedan
ocurrir ritos satánicos, haya un aquelarre que abarque gente importante como el
distinguido ginecólogo Abe Sapirstein, y que se invoque al Coludo para que
venga a violar y embarazar a una mortal .
Con toda esta novedosa trama, el libro encantó
al agente de Ira Levine, a los editores de Random House, y a William Castle, el
famoso productor de filmes de horror que compró las galeras antes de ser la
novela publicada. Conociendo el cine camp de Castle, con filmes de Vincent
Price como The Tingler y hag-exploitations como Chaleco de
Fuerza de Joan Crawford a su haber, Levin no estaba muy contento con
tenerlo a cargo de su obra. Por suerte, Castle reparó en que este iba a ser un
filme de alto presupuesto y que el carecía de los medios necesarios para
hacerle justicia.
Entra Roman
Polanski
La movida
siguiente de Castle fue crucial. Se acercó al hoy legendario Bob Evans que acababa
de ser nombrado jefe de los estudios Paramount. Evans quedó encantado con el
libro y decidió―otra movida magistral―contratar a un joven
director polaco que era activo en el cine francés. Bob Evans, la Paramount y
Roman Polanski serían los hados padrinos del Bebé de Rosemary. El nombre
de Castle sigue apareciendo en los créditos, pero el filme no lleva su sello.
Lo primero que hizo Polanski fue encerrarse un par de semanas con la novela en
mano y emergió con un libreto apegadísimo al original.
Estoy haciendo un
experimento, veo un trocito del filme y lo comparo con el libro. Es increíble
lo poco que cambió Polanski. Ha evitado nombres propios de personajes reales
como Anna María Alberghetti (a la que Rosemary confunde con Terry) o Los
Kennedy (en su pesadilla de violación Rosemary cree estar viajando en un
crucero con Jackie y su familia política). La primera aparición de Hutch en el
filme es en su piso no en el Russian Tea Room como ocurre en el libro (tal vez
porque filmar en el restaurante costaría más dinero). También se han abreviado diálogos
y saltado situaciones innecesarias como la estadía de Rosemary en la cabaña de
Hutch.
El libreto fue aceptado por Evans. Ahora era cuestión de
elegir el reparto. Nuevamente Polanski tuvo carta blanca para elegir a los
secundarios, entre los que destacó Minnie Gordon, que tenía solida carrera en
Hollywood y Broadway que la ayudarían a convertir el rol de Minnie Castevets,
la vecina satánica de Los Wodehouse, en todo un tour de forcé.

Para el rol del esposo
traidor de Rosemary se acercaron a Robert Redford que, por suerte ,lo rechazó.
Se estaba hablando de Jack Nicholsom, cuando Polanski recordó un actor que
había conocido en Londres. John Cassavets aportó al papel el toque exacto para
hacerlo retorcido, siniestro y a la vez que entendamos por qué Rosemary lo
adora y por qué le toma tiempo caer en cuenta que está en colusión con sus
vecinos.
Triunfo y
Tragedia de Mia Farrow
Para el papel protagónico,
Roman Polanski quería a su entonces novia Sharon Tate. Bob Evans quería un rostro
más comercial como Patty Duke o Jane Fonda. La decisión de escoger a Mia Farrow
parece contradictoria con esos deseos, pero se debió a dos motivos. A sus 23 años, Mia solo había hecho un film, The
Guns of Batasi, y en Inglaterra, pero era un rostro reconocible para el público
telespectador gracias a su protagónico en la telenovela La caldera del
diablo (Peyton Place).
Agreguémosle que
su boda del año anterior con Frank Sinatra todavía estaba dando que hablar. Fue
difícil convencer a Mia de aceptar el rol puesto que le había prometido al
marido no volver ante las cámaras. Francis Albert había llegado a un compromiso
prometiéndole el papel femenino principal en su nuevo proyecto, The Detective.
Cuando supo que su mujer lo iba a desobedecer, Sinatra montó en colera y la amenazó
con un divorcio. Mia no le creyó, pero
en medio de la filmación, le llegaron a la actriz los papeles del divorcio. Con
Ol ‘Blue Eyes no se jugaba.
Mia escogió ser
actriz antes que esposa y lo dio todo en su papel que para mí es su mejor
interpretación junto a Daisy Buchanan en El Gran Gatsby y Cecilia en The
Purple Rose of Cairo. Es que Polanski era un director exigente. Supo
utilizar la desolación de la actriz para representar el aislamiento y la
preocupación del personaje ante un embarazo de pesadilla. La obligó a
adelgazar para parecerse al personaje que durante los primeros meses de su
embarazo está siendo devorada por el feto diabólico.
En una escena en
que Rosemary debe encontrarse con alguien, el director polaco hizo que la
actriz deambulara en medio del tráfico de Manhattan para utilizar su angustia.
Aunque Mia sabía que Rosemary iba a ser violada por Lucifer, Polanski le ocultó
los detalles para conseguir una expresión genuina de miedo y sorpresa.
¿Brujos en Manhattan?
Yo descubrí la
existencia de ‘Rosemary’s Baby” gracias a esa maravillosa revista chilena
llamada Ecran. Ahí solían narrarnos tramas de películas en un formato de
fotonovelas. Así pude “ver” filmes donde no me dejarían entrar al teatro ya que
en Chile había entonces un riguroso censor decidiendo que podían ver los chicos . Uno de esos filmes fue
El Bebe de Rosemary tan detallado en la revista que el único spoiler que
se guardaron fue lo que la protagonista encuentra en la cunita del departamento
vecino. Yo me imaginé que era un monstruito, aunque a mis nueve años no
comprendía que se trataba del vástago del Coludo.
Le pasé la
revista a mi padre que dijo que él conjeturaría que en la cuna solo estaba el
esqueleto del bebé ya que los satanistas también eran caníbales. Una teoría
interesante que acabó cuando mis padres fueron al cine. Si bien mi madre se conmocionó
ante el dilema maternal del personaje de Mia Farrow, mi padre se sintió
defraudado. Dijo que no se creía un cuento de bujas en pleno Manhattan. Curioso, que el mayor mérito de la obra no lo convenció
Una década más
tarde, ya viviendo en Nueva York, tuve la oportunidad de ver Rosemary’s Baby
en la televisión abierta (con un mínimo de censura) y de leer el libro. En uno
de esos clubs de libros en que por 10 o 25 centavos comprabas hasta tres libros
nuevos en ediciones de tapa dura, adquirí un trio de novelas de Ira Levin que
abarcaban A Kiss Before Dying, The Stepford Wives y Rosemary’s Baby. Las
otras novelas no me interesaron, el único otro libro de Levin que me ha
impresionado es The Boys From Brazil.
Leer el libro
(que no es largo) me llevó a escenarios conocidos de Nueva York, a la vez que
me demostraba lo fiel que era el filme al texto original. Aunque los interiores fueron grabados en
Hollywood (y la pesadilla de Rosemary en Santa Catalina), existe un equilibrio
perfecto con los exteriores rodados en Manhattan, con tomas de Central Park y
la fachada del edificio Dakota que― con excepción del nombre ―es el
modelo de Levin para el Bramford.
Con una peluca,
Mia (que ya tenía el cabello corto) hizo la transición de Rosemary de un corte
paje al pixie que adopta durante su embarazo. Mas allá de peinados, el
filme recrea el vestuario de manera
impecable.
Gracias al filme,
yo aprendí (todavía internándome en el mundo de un nuevo idioma) términos de
moda como lo que era una hostess gown (el vestido de noche que Rosemary
usa para una fiesta en su piso); s; y pijama suit
para el dos piezas de terciopelo rojo que tiene puesto la noche en que concibe
al hijo de Lucifer.
Hasta la comida descrita por Levine es reconstruida ante las cámaras. Se siente lo reseco y duro del bistec y el pastel que los Castevets sirven a los Wodehouse en su primera visita a su apartamento. El batido que Minnie prepara para la embarazada Rosemary parece realmente un smoothie aguado de pistacho .
En cuanto a una
de las escenas más pavorosas del libro que tiene a Rosemary comiendo carne
cruda en los primeros meses de embarazo, la traducción al filme es igualmente
terrorífica . La vemos masticando interiores de pollo crudo salpicada de sangre
y observando su reflejo en la tostadora
eléctrica, tal como lo describe el autor en su novela.
Un efecto de
reducir los diálogos fue que Rosemary se ve más vulnerable, más sumisa, más
manipulada por su marido, por sus vecinos y hasta por su ginecólogo. El tema
del mal marido y el uso del gaslighting incluso antes de ponerse de moda el término,
es un leitmotiv de la obra de Levin. Sus esposos nefastos pululan por su página
desde Travis dispuesto a matar a su mujer por dinero hasta los hombres de The
Stepford Wives que preferían esclavas robots antes que mujeres de carne y
hueso, pero Guy Wodehouse es el peor, el más irredimible de los esposos.
¿Maldición en el Set?
Rosemary’s
Baby debutó en la
pantalla grande en junio de 1968, el mismo año en que la novela ganó el Premio
Pulitzer. Tristemente, a pesar de las muchas nominaciones, la obra maestra de
Roman Polanski no recibió grandes premios. Únicamente, Ruth Gordon se llevó un
merecidísimo Globo de Oro y un Oscar como mejor actriz secundaria.
Con el tiempo, la
fama del libro y filme se ha convertido en “infamia” ya que se ha creado toda
una mitología alrededor de sucesos siniestros e incluso de vibras satánicas en
torno a la filmación o como secuela de esta. En realidad, la atmosfera incomoda
y angustiante de la filmación puede haber sido percibida por la epidermis
sensible de sus actores.
Se sabe que Ruth
Gordon sintió vibras maléficas en el ambiente y trajo talismanes para proteger
al equipo. Sin embargo, hay dos casos puntuales que ocurrieron un poco después
de la película ya haberse retirado de las pantallas.
Me refiero a la
masacre perpetrada por el Clan Manson en la mansión angelina de Roman Polanski
donde, junto a cuatro otras personas, su esposa Sharon Tate fue apuñalada salvajemente
a pesar de su avanzado estado de embarazo. Durante el juicio a Charles Manson y
los miembros de su secta se habló de rituales satánicos.
Ahora toca hablar de los derivados de la novela de Ira Levin, tenemos precuela, secuela y hasta una deplorable miniserie que no puede opacar el brillo de la película original.
El Legado de
Roseary’s Baby: Las secuelas
Antes de morir,
Ira Levin escribió una secuela The Son of Rosemary que le dedicó a Mia Farrow. Podría haberse horrado el
esfuerzo. Es una obra pueril con ínfulas de The Omen. Rosemary despierta
de un coma solo cuando el ultimo miembro del aquelarre del Bramford ha muerto.
Se encuentra que Andrew, su hijo, es ahora un cincuentón, un hombre importante
que se dedica a la filantropía. Aunque Andrew se esfuerce por convencer a su
madre que lo del Anticristo quedó en el pasado, pronto Rosemary se percata que
al vástago de Lucifer solo le faltan los cuernitos para ser como su padre.
Menos aburrido y más
convincente fue un telefilme que se titulaba Look at What Happened to Rosemary’s
Baby (“Miren lo que ocurrió con el bebé de Rosemary”). Este filme hoy tristemente olvidado, estrenó
en la CBS en el otoño de 1976. La trama iniciaba con los esfuerzos de Rosemary
por rescatar a su hijo Andrew de las garras del cabal Castevet. Por diez años,
la pobre mujer había compartido su vida con los satánicos únicamente para estar
cerca de su hijo.
En ese tiempo,
había notado de que aun cuando al niño se le inculcaba maldad (lo hacían matar
pollitos), Andy demostraba buen corazón. Aferrada a la esperanza de que puedan llevar
una vida normal, Rosemary huía con el niño en un viaje a lo largo de los Estados
Unidos. Su error era llamar a su marido para pedirle dinero. Guy, que en este
tiempo se había convertido en estrella de Hollywood, no se tardaba en avisarles
a los satánicos que llegaban al pueblo donde estaban Rosemary y su hijo.
Los perseguidos
se ocultaban en una sinagoga ortodoxa donde las oraciones de la congregación
impedían el acceso de los brujos negros. Al día siguiente, Rosemary hacía
amistad con una prostituta que les daba albergue. Por supuesto, la trabajadora
sexual estaba coludida con los satánicos y le robaban a Andrew a la madre . De Rosemary
no se volvía saber nada, Andrew era criado por la prostituta que se volvía
millonaria gracias a los satánicos.
Años más tarde,
Andrew (que no sabía que era el Anticristo) comenzaba sospechar que había gato
encerrado y decidía huir. En el camino, conocía a una doctora que lo ayudaba a
descubrir el misterio, pero entremedio, lo seducía. Debido a que la seducción
seguía las pautas de la violación de Rosemary (Andrew sentía que era Prometeo y
que un águila le devoraba sus órganos) nos dábamos cuenta de que la doctora no
era trigo limpio. Efectivamente, los satánicos estaban hartos de Andrew y
querían ahora otra semilla del diablo, en este caso una nieta.
Aunque suene
estrambótica y truculenta tengo un buen recuerdo de esta película y me ha
gustado más que la nueva versión, ahora en formato de miniserie, de la novela
de Levin, hecha por la NBC en 2014. Aclaro que mi disgusto nada tiene que ver
con el que a Rosemary la interpreta una actriz de color, puesto que me encanta
Zoe Saldaña.
El que se le
hicieran cambios era de esperar. Guy ya no es actor; los Castevets son
sofisticados expatriados, incluso el exceso de muertes y violencia no me
descoloca tanto como que Rosemary no es Rosemary. De una ingenua católica de
Omaha que ha crecido creyendo que debe obedecer a sus mayores y al marido, pasó
a ser una destacada bailarina que gana más que Guy, que ya ha sufrió un aborto espontaneo
y que en todos los aspectos es más despierta, mundana y empoderada que la
protagonista original.
Lo que finalmente
me hizo entender que solo conservaba de la novela el titulo fue trasladar la
trama a Paris. Uno de los mayores atractivos de Rosemary’s Baby era ser una
historia en y de Nueva York. Por algo, Levin se había esmerado en incluir lugares
de la Gran Manzana combinándolos con eventos específicos que reflejaban el
presente de la ciudad. Ese cambio geográfico hacia más patentes otras
variaciones y como opinaron los críticos, no contribuían nada al trabajo
anterior convirtiendo esta miniserie en otro relato más de terror.
Los productores
no escarmentaban y hace dos años se les ocurrió hacer una precuela (WTF?) a la
saga del Bramford, Apartment 7A. Yo ni la miré. ¿A quién le interesa
conocer la historia de Terry Gionofrio, la candidata a ser madre del Anticristo
que precedió a Rosemary? Parece que no a muchos, puesto que pocos han visto la
saga de una Terry que poco se parece a la del libro.
Interpretada por Julia
Garner (Ozark), ya Terry no es prostituta drogadicta, sino una estrella
ascendiente del ballet que ve su carrera truncada por una lesión en el tobillo.
Recogida y protegida por los Castevets, Terry cree estar encinta de un
productor, pero cuando descubre quien es el padre de su hijo, se avienta por
una ventana por donde debió haber sido seguida por la serie. Lo dicho, no hay
manera de eclipsar a la obra de Polanski. Si no la conocen, deben verla.



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