Por petición de
la Reina Alucarda voy a adentrarme en mi filme favorito de terror, El Bebé
de Rosemary o La Semilla del Diablo. Mas allá de la interpretación y
reseña quisiera explorar sus orígenes en la novela homónima de Ira Levin y las
repercusiones del filme en la vida de sus participantes y en la cultura
popular. Hora es de comenzar ya que hay mucho que hablar.
Ira Levin y su
carrera Pre-Rosemary
Rosemary’s
Baby es una novela de
terror casi por accidente No se parece en nada a la obra anterior de Levin y
sin embargo lo encaminó a escribir otras novelas famosas de tema fantástico
como lo serian The Stepford Wives y The Boys From Brazil. Ateo
profesional, aunque profundamente influenciado por la cultura judía
neoyorquina, Ira Levin nació en Manhattan en 1929, en el seno de una familia
judía, de origen ruso y de buen pasar económico. Asistió a buenas escuelas como
la prestigiosa Horace Mann y se graduó de la Universidad de Nueva York con un
doble título en filosofía y literatura.
Aunque ya en la
universidad había sentido las ansias de escribir, la Guerra de Corea lo llamó a
filas en 1953. Antes, alcanzó a publicar su primera novela A Kiss Before Dying,
un Noir sobre un chico que llega hasta el asesinato para asegurar su futuro. En
1954, esa novela ganó el premio Edgard
como mejor novela de principiante.
Acabada la
guerra, Levin no se interesó en escribir otra novela. En 1956 (el año en que A
Kiss Befare Dying fue llevada al cine) inicio una exitosa carrera en Broadway.
Para 1960 su adaptación de No Time for Sargents había saltado del escenario
a la pantalla grande y de ahí se volvería serie de televisión. En 1960, el ya
reconocido Levin se casó con Gabrielle Aronson con quien tendría tres hijos.
Como todo
escritor famoso, Ira Levin tuvo sus baches. En 1965 se le ocurrió incursionar
en la comedia musical, pero Drat the Cat! fue un fracaso teatral. Con
cuentas que pagar, tres hijos que mantener y un matrimonio que ya estaba resquebrajado,
el dramaturgo decidió volver a la novela. Esta vez sería una historia de terror
psicológico que seguiría a una mujer a través de sus nueve meses de embarazo en
el que un feto monstruoso la devora por dentro.
Originalmente,
Rosemary iba a ser preñada por un alienígeno, pero Levin encontró que se
parecería mucho a The Midwich Cuckoos, novela de ciencia ficción que
había sido un superventas en 1958. De ahí surgió su decisión de que Rosemary
fuese portadora de “la semilla del diablo” como se llamaría el libro en
castellano. “Estaba pegado a Satan” recordaría el autor años más tarde “en
quien no creo para nada”.
Aun así, Levin se
zampó un par de libros de magia negra y blanca, de la cual surgiría la filosofía
de los satanistas que andan en busca de la madre perfecta para el vástago de Lucifer.
Mucha de la mitología del libro fue inventada por Levin como el uso de la
hedionda raíz de tannis que Rosemary debe llevar en un guardapelo colgada del
cuello durante su embarazo.
Magia Negra en
Manhattan
La obra fue
concebida como una sátira, eso explica que sea divertida, con momentos casi
jocosos. Sin embargo, el terror que se
desprende del doloroso embarazo y de las dudas que asaltan a la embarazada,
quien termina casi paranoica antes de descubrir que ha caído en un cabal de
brujos, es también evidente.
Lo que distingue
esta novela de un relato de terror común
es que no tiene lugar en oscuros paramos o lejanas mansiones góticas sino en
pleno Manhattan a la luz del sol. Es uno de los grandes méritos de la novela y
motivo para el que me sea placentero leerla. Es una novela sobre New York City.
Rosemary y su marido rentan un apartamento en el distinguido edificio Bramford. Fácil es reconocer, por la descripción de la fachada, que se trata del Dakota uno de los primeros rascacielos de la Gran Manzana. Después de visitar el departamento, los Woodhouse cenan con su amigo Edward “Hutch” Hutchinson en el famoso Rusia Tea Room, y de ahí vienen otras alusiones a espacios que los neoyorquinos conocemos o recordamos.
Para mayor realismo,
Levin lo situó en un año especifico, 1965, con menciones a eventos como la
visita del Papa Pablo VI a la ONU, la huelga de periódicos, etc. Incluso deja
caer nombres de piezas teatrales que podían verse en Broadway. El crear este escenario
reconocible aumenta lo inconcebible, que en medio de lo cotidiano puedan
ocurrir ritos satánicos, haya un aquelarre que abarque gente importante como el
distinguido ginecólogo Abe Sapirstein, y que se invoque al Coludo para que
venga a violar y embarazar a una mortal .
Con toda esta novedosa trama, el libro encantó
al agente de Ira Levine, a los editores de Random House, y a William Castle, el
famoso productor de filmes de horror que compró las galeras antes de ser la
novela publicada. Conociendo el cine camp de Castle, con filmes de Vincent
Price como The Tingler y hag-exploitations como Chaleco de
Fuerza de Joan Crawford a su haber, Levin no estaba muy contento con
tenerlo a cargo de su obra. Por suerte, Castle reparó en que este iba a ser un
filme de alto presupuesto y que el carecía de los medios necesarios para
hacerle justicia.
Entra Roman
Polanski
La movida
siguiente de Castle fue crucial. Se acercó al hoy legendario Bob Evans que acababa
de ser nombrado jefe de los estudios Paramount. Evans quedó encantado con el
libro y decidió―otra movida magistral―contratar a un joven
director polaco que era activo en el cine francés. Bob Evans, la Paramount y
Roman Polanski serían los hados padrinos del Bebé de Rosemary. El nombre
de Castle sigue apareciendo en los créditos, pero el filme no lleva su sello.
Lo primero que hizo Polanski fue encerrarse un par de semanas con la novela en
mano y emergió con un libreto apegadísimo al original.
Estoy haciendo un
experimento, veo un trocito del filme y lo comparo con el libro. Es increíble
lo poco que cambió Polanski. Ha evitado nombres propios de personajes reales
como Anna María Alberghetti (a la que Rosemary confunde con Terry) o Los
Kennedy (en su pesadilla de violación Rosemary cree estar viajando en un
crucero con Jackie y su familia política). La primera aparición de Hutch en el
filme es en su piso no en el Russian Tea Room como ocurre en el libro (tal vez
porque filmar en el restaurante costaría más dinero). También se han abreviado diálogos
y saltado situaciones innecesarias como la estadía de Rosemary en la cabaña de
Hutch.
El libreto fue aceptado por Evans. Ahora era cuestión de
elegir el reparto. Nuevamente Polanski tuvo carta blanca para elegir a los
secundarios, entre los que destacó Minnie Gordon, que tenía solida carrera en
Hollywood y Broadway que la ayudarían a convertir el rol de Minnie Castevets,
la vecina satánica de Los Wodehouse, en todo un tour de forcé.

Para el rol del esposo
traidor de Rosemary se acercaron a Robert Redford que, por suerte ,lo rechazó.
Se estaba hablando de Jack Nicholsom, cuando Polanski recordó un actor que
había conocido en Londres. John Cassavets aportó al papel el toque exacto para
hacerlo retorcido, siniestro y a la vez que entendamos por qué Rosemary lo
adora y por qué le toma tiempo caer en cuenta que está en colusión con sus
vecinos.
Triunfo y
Tragedia de Mia Farrow
Para el papel protagónico,
Roman Polanski quería a su entonces novia Sharon Tate. Bob Evans quería un rostro
más comercial como Patty Duke o Jane Fonda. La decisión de escoger a Mia Farrow
parece contradictoria con esos deseos, pero se debió a dos motivos. A sus 23 años, Mia solo había hecho un film, The
Guns of Batasi, y en Inglaterra, pero era un rostro reconocible para el público
telespectador gracias a su protagónico en la telenovela La caldera del
diablo (Peyton Place).
Agreguémosle que
su boda del año anterior con Frank Sinatra todavía estaba dando que hablar. Fue
difícil convencer a Mia de aceptar el rol puesto que le había prometido al
marido no volver ante las cámaras. Francis Albert había llegado a un compromiso
prometiéndole el papel femenino principal en su nuevo proyecto, The Detective.
Cuando supo que su mujer lo iba a desobedecer, Sinatra montó en colera y la amenazó
con un divorcio. Mia no le creyó, pero
en medio de la filmación, le llegaron a la actriz los papeles del divorcio. Con
Ol ‘Blue Eyes no se jugaba.
Mia escogió ser
actriz antes que esposa y lo dio todo en su papel que para mí es su mejor
interpretación junto a Daisy Buchanan en El Gran Gatsby y Cecilia en The
Purple Rose of Cairo. Es que Polanski era un director exigente. Supo
utilizar la desolación de la actriz para representar el aislamiento y la
preocupación del personaje ante un embarazo de pesadilla. La obligó a
adelgazar para parecerse al personaje que durante los primeros meses de su
embarazo está siendo devorada por el feto diabólico.
En una escena en
que Rosemary debe encontrarse con alguien, el director polaco hizo que la
actriz deambulara en medio del tráfico de Manhattan para utilizar su angustia.
Aunque Mia sabía que Rosemary iba a ser violada por Lucifer, Polanski le ocultó
los detalles para conseguir una expresión genuina de miedo y sorpresa.
¿Brujos en Manhattan?
Yo descubrí la
existencia de ‘Rosemary’s Baby” gracias a esa maravillosa revista chilena
llamada Ecran. Ahí solían narrarnos tramas de películas en un formato de
fotonovelas. Así pude “ver” filmes donde no me dejarían entrar al teatro ya que
en Chile había entonces un riguroso censor decidiendo que podían ver los chicos . Uno de esos filmes fue
El Bebe de Rosemary tan detallado en la revista que el único spoiler que
se guardaron fue lo que la protagonista encuentra en la cunita del departamento
vecino. Yo me imaginé que era un monstruito, aunque a mis nueve años no
comprendía que se trataba del vástago del Coludo.
Le pasé la
revista a mi padre que dijo que él conjeturaría que en la cuna solo estaba el
esqueleto del bebé ya que los satanistas también eran caníbales. Una teoría
interesante que acabó cuando mis padres fueron al cine. Si bien mi madre se conmocionó
ante el dilema maternal del personaje de Mia Farrow, mi padre se sintió
defraudado. Dijo que no se creía un cuento de bujas en pleno Manhattan. Curioso, que el mayor mérito de la obra no lo convenció
Una década más
tarde, ya viviendo en Nueva York, tuve la oportunidad de ver Rosemary’s Baby
en la televisión abierta (con un mínimo de censura) y de leer el libro. En uno
de esos clubs de libros en que por 10 o 25 centavos comprabas hasta tres libros
nuevos en ediciones de tapa dura, adquirí un trio de novelas de Ira Levin que
abarcaban A Kiss Before Dying, The Stepford Wives y Rosemary’s Baby. Las
otras novelas no me interesaron, el único otro libro de Levin que me ha
impresionado es The Boys From Brazil.
Leer el libro
(que no es largo) me llevó a escenarios conocidos de Nueva York, a la vez que
me demostraba lo fiel que era el filme al texto original. Aunque los interiores fueron grabados en
Hollywood (y la pesadilla de Rosemary en Santa Catalina), existe un equilibrio
perfecto con los exteriores rodados en Manhattan, con tomas de Central Park y
la fachada del edificio Dakota que― con excepción del nombre ―es el
modelo de Levin para el Bramford.
Con una peluca,
Mia (que ya tenía el cabello corto) hizo la transición de Rosemary de un corte
paje al pixie que adopta durante su embarazo. Mas allá de peinados, el
filme recrea el vestuario de manera
impecable.
Gracias al filme,
yo aprendí (todavía internándome en el mundo de un nuevo idioma) términos de
moda como lo que era una hostess gown (el vestido de noche que Rosemary
usa para una fiesta en su piso); s; y pijama suit
para el dos piezas de terciopelo rojo que tiene puesto la noche en que concibe
al hijo de Lucifer.
Hasta la comida descrita por Levine es reconstruida ante las cámaras. Se siente lo reseco y duro del bistec y el pastel que los Castevets sirven a los Wodehouse en su primera visita a su apartamento. El batido que Minnie prepara para la embarazada Rosemary parece realmente un smoothie aguado de pistacho .
En cuanto a una
de las escenas más pavorosas del libro que tiene a Rosemary comiendo carne
cruda en los primeros meses de embarazo, la traducción al filme es igualmente
terrorífica . La vemos masticando interiores de pollo crudo salpicada de sangre
y observando su reflejo en la tostadora
eléctrica, tal como lo describe el autor en su novela.
Un efecto de
reducir los diálogos fue que Rosemary se ve más vulnerable, más sumisa, más
manipulada por su marido, por sus vecinos y hasta por su ginecólogo. El tema
del mal marido y el uso del gaslighting incluso antes de ponerse de moda el término,
es un leitmotiv de la obra de Levin. Sus esposos nefastos pululan por su página
desde Travis dispuesto a matar a su mujer por dinero hasta los hombres de The
Stepford Wives que preferían esclavas robots antes que mujeres de carne y
hueso, pero Guy Wodehouse es el peor, el más irredimible de los esposos.
¿Maldición en el Set?
Rosemary’s
Baby debutó en la
pantalla grande en junio de 1968, el mismo año en que la novela ganó el Premio
Pulitzer. Tristemente, a pesar de las muchas nominaciones, la obra maestra de
Roman Polanski no recibió grandes premios. Únicamente, Ruth Gordon se llevó un
merecidísimo Globo de Oro y un Oscar como mejor actriz secundaria.
Con el tiempo, la
fama del libro y filme se ha convertido en “infamia” ya que se ha creado toda
una mitología alrededor de sucesos siniestros e incluso de vibras satánicas en
torno a la filmación o como secuela de esta. En realidad, la atmosfera incomoda
y angustiante de la filmación puede haber sido percibida por la epidermis
sensible de sus actores.
Se sabe que Ruth
Gordon sintió vibras maléficas en el ambiente y trajo talismanes para proteger
al equipo. Sin embargo, hay dos casos puntuales que ocurrieron un poco después
de la película ya haberse retirado de las pantallas.
Me refiero a la
masacre perpetrada por el Clan Manson en la mansión angelina de Roman Polanski
donde, junto a cuatro otras personas, su esposa Sharon Tate fue apuñalada salvajemente
a pesar de su avanzado estado de embarazo. Durante el juicio a Charles Manson y
los miembros de su secta se habló de rituales satánicos.
Ahora toca hablar de los derivados de la novela de Ira Levin, tenemos precuela, secuela y hasta una deplorable miniserie que no puede opacar el brillo de la película original.
El Legado de
Roseary’s Baby: Las secuelas
Antes de morir,
Ira Levin escribió una secuela The Son of Rosemary que le dedicó a Mia Farrow. Podría haberse horrado el
esfuerzo. Es una obra pueril con ínfulas de The Omen. Rosemary despierta
de un coma solo cuando el ultimo miembro del aquelarre del Bramford ha muerto.
Se encuentra que Andrew, su hijo, es ahora un cincuentón, un hombre importante
que se dedica a la filantropía. Aunque Andrew se esfuerce por convencer a su
madre que lo del Anticristo quedó en el pasado, pronto Rosemary se percata que
al vástago de Lucifer solo le faltan los cuernitos para ser como su padre.
Menos aburrido y más
convincente fue un telefilme que se titulaba Look at What Happened to Rosemary’s
Baby (“Miren lo que ocurrió con el bebé de Rosemary”). Este filme hoy tristemente olvidado, estrenó
en la CBS en el otoño de 1976. La trama iniciaba con los esfuerzos de Rosemary
por rescatar a su hijo Andrew de las garras del cabal Castevet. Por diez años,
la pobre mujer había compartido su vida con los satánicos únicamente para estar
cerca de su hijo.
En ese tiempo,
había notado de que aun cuando al niño se le inculcaba maldad (lo hacían matar
pollitos), Andy demostraba buen corazón. Aferrada a la esperanza de que puedan llevar
una vida normal, Rosemary huía con el niño en un viaje a lo largo de los Estados
Unidos. Su error era llamar a su marido para pedirle dinero. Guy, que en este
tiempo se había convertido en estrella de Hollywood, no se tardaba en avisarles
a los satánicos que llegaban al pueblo donde estaban Rosemary y su hijo.
Los perseguidos
se ocultaban en una sinagoga ortodoxa donde las oraciones de la congregación
impedían el acceso de los brujos negros. Al día siguiente, Rosemary hacía
amistad con una prostituta que les daba albergue. Por supuesto, la trabajadora
sexual estaba coludida con los satánicos y le robaban a Andrew a la madre . De Rosemary
no se volvía saber nada, Andrew era criado por la prostituta que se volvía
millonaria gracias a los satánicos.
Años más tarde,
Andrew (que no sabía que era el Anticristo) comenzaba sospechar que había gato
encerrado y decidía huir. En el camino, conocía a una doctora que lo ayudaba a
descubrir el misterio, pero entremedio, lo seducía. Debido a que la seducción
seguía las pautas de la violación de Rosemary (Andrew sentía que era Prometeo y
que un águila le devoraba sus órganos) nos dábamos cuenta de que la doctora no
era trigo limpio. Efectivamente, los satánicos estaban hartos de Andrew y
querían ahora otra semilla del diablo, en este caso una nieta.
Aunque suene
estrambótica y truculenta tengo un buen recuerdo de esta película y me ha
gustado más que la nueva versión, ahora en formato de miniserie, de la novela
de Levin, hecha por la NBC en 2014. Aclaro que mi disgusto nada tiene que ver
con el que a Rosemary la interpreta una actriz de color, puesto que me encanta
Zoe Saldaña.
El que se le
hicieran cambios era de esperar. Guy ya no es actor; los Castevets son
sofisticados expatriados, incluso el exceso de muertes y violencia no me
descoloca tanto como que Rosemary no es Rosemary. De una ingenua católica de
Omaha que ha crecido creyendo que debe obedecer a sus mayores y al marido, pasó
a ser una destacada bailarina que gana más que Guy, que ya ha sufrió un aborto espontaneo
y que en todos los aspectos es más despierta, mundana y empoderada que la
protagonista original.
Lo que finalmente
me hizo entender que solo conservaba de la novela el titulo fue trasladar la
trama a Paris. Uno de los mayores atractivos de Rosemary’s Baby era ser una
historia en y de Nueva York. Por algo, Levin se había esmerado en incluir lugares
de la Gran Manzana combinándolos con eventos específicos que reflejaban el
presente de la ciudad. Ese cambio geográfico hacia más patentes otras
variaciones y como opinaron los críticos, no contribuían nada al trabajo
anterior convirtiendo esta miniserie en otro relato más de terror.
Los productores
no escarmentaban y hace dos años se les ocurrió hacer una precuela (WTF?) a la
saga del Bramford, Apartment 7A. Yo ni la miré. ¿A quién le interesa
conocer la historia de Terry Gionofrio, la candidata a ser madre del Anticristo
que precedió a Rosemary? Parece que no a muchos, puesto que pocos han visto la
saga de una Terry que poco se parece a la del libro.
Interpretada por Julia
Garner (Ozark), ya Terry no es prostituta drogadicta, sino una estrella
ascendiente del ballet que ve su carrera truncada por una lesión en el tobillo.
Recogida y protegida por los Castevets, Terry cree estar encinta de un
productor, pero cuando descubre quien es el padre de su hijo, se avienta por
una ventana por donde debió haber sido seguida por la serie. Lo dicho, no hay
manera de eclipsar a la obra de Polanski. Si no la conocen, deben verla.



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Desde FB de Macarena Muñoz Ramos
ResponderEliminarGracias por etiquetarme 😎 Esta es una película que me gusta mucho y hace mil años que leí la novela, no la tengo tan fresca, pero confío en tus comparaciones tan precisas. Mucho se ha dicho de la influencia que tuvo no sólo en el asesinato de Sharon Tate (que según muchas investigaciones fue cuestión de mala suerte y no de un crimen premeditado) si no en el cine de posesiones satánicas aunque El Exorcista fuese estrenada hasta cinco años después. Pero había algo en el ambiente de aquellos años. El coven de "brujos" que no son brujos, sino adoradores de Satanás, es un calco de lo que ya estaba ocurriendo en Inglaterra. Lo que pronto dio paso a la trilogía de películas donde se inicio el folk horror. Joan Fontaine ya había protagonizado la película Las Brujas en 1966, por ejemplo. Pero lo curioso es que Ira Levin haya decidido llevar todo esto a una ciudad cosmopolita, cuando todo el origen era en Inglaterra.
En aquellos años (y después también) se caía en el error de mezclar satanismo con creencias paganas (recordemos que pagano es gente del pueblo, los que aun no habían sido cristianizados). La brujería como tal, no adora a un personaje "reciente", que fue revelado hasta poco antes del siglo X. Pero siguiendo el canon implantado por el cristianismo, venía muy bien mezclar brujería y satanismo y presentarlos como una misma cosa. Así pues, tenemos está obra que para bien o para mal, creó un género nuevo en el cine.
Para Macarena Muñoz Ramos Gracias por responder. Me imagine que te gustaba. Precisamente porque conozco la diferencia entre paganos, brujos y satanistas, es que este filme no me da miedo, son otras las emociones que experimento al verlo, su estética es insuperable, sus actuaciones igual de excelentes, pero cuando lo comparo con El Exorcista o The Omen, es como una cinta paródica. Ira Levin sabia cero de posesiones o preñeces diabólicas. Originalmente él quería que Rosemary se embarazase de un alienígeno como Barbara Eden en “The Stranger Within” donde al revés de Rosemary si le da por comer sal.
EliminarPero hay mucho simbolismo detrás de su demonología artesanal. Yo he oído casos de mujeres que durante el embarazo, han rechazado el feto sintiendo que este las odia y manipula. O ese final cuando el instinto maternal de Rosemary supera el miedo a ser la madre del Antcristo (hay quien lo ha visto como la aceptación del fruto de una violación).
Me hizo mucha gracia, que Levin hiciese que el ginecólogo judío fuese un satánico. Hay una parte que me da mucho susto, cuando Rosemary se ha atrincherado en su apartamento y los vecinos entran de puntillas por el closet. Yo tengo un closet en el vestíbulo que comunica con mis vecinos (una pareja adorable) y Rafael Ochoteco siempre me hace bromas que un día van a entrar por ahí a mi casa! ¿Por qué dices que el asesinato de Sharon Tate fue accidental? La casa pertenecía a Terry Melcher, el productor e hijo de Doris Day. Manson había estado en la casa buscando a Melcher y vio a Sharon. Se cree que los asesinatos fueron una advertencia para Melcher. En realidad los motivos nunca se han esclarecido, pero la Familia Manson mató a gente antes y después de los asesinatos Tate-La Bianca, y aun encarcelado Charlie, sus seguidores siguieron matando gente.
Macarena Muñoz Ramos Me dejaste pensando en que influencias exiieron para meter a Levin en lo de la brujería y el satanismo. La primera es un filme de culto, una de esas producciones del poco valorado Val Lewton. Me refiero a “La séptima víctima” de 1947. Ahí una colegiala en un internado (Kim Hunter en su debut) se entera que su hermana mayor (y única pariente) ha dejado de pagar su colegiatura y ha desaparecido. La chica se va a Manhattan a seguirle la pista su hermana y descubre que era parte de un culto satánico de Greenwich Village, entonces el barrio bohemio-de Nueva York.
Lo otro es que más allá de la brujería, está el tema del Coludo preñando mujeres indefensas. Ese es un tema que reaparece en el nunsploitation, uno de los muchos subgéneros de los 70s, pero antes estuvo la pieza teatral “The Devils” de John Whiting basada en la crónica del caso real del exorcismo de las endemoniadas de Loudon que Aldous Huxley publicara en 1952 bajo el título de Los Demonios de Loudon.
Esta obra fue puesta en Broadway en 1965, con Ann Bancroft y Jason Robards en los roles principales. Levin que entonces estaba inmerso en el mundo teatral, tiene que haberla visto
Responder
Que tal Malena,soy Alucarda, cómo siempre muy interesante tu artículo.
ResponderEliminarVi la película en mi adolescencia en un vhs que rente a escondidas de mis papás ya que no me dejaban ver películas de terror ( de todas formas las veía a escondidas) recuerdo que me impresionó mucho toda la cuestión de la brujería los cantos,la gente desnuda,los símbolismos católicos y la grotesca violación.
Ya de más edad me di cuenta de otras cosas más turbias, depresión postparto, romantizacion de la maternidad,manipulación en las relaciones de pareja ...en fin.
Leí la novela,y el guión que escribió Polanski es bastante fiel,supo aprovechar y sacar lo mejor a sus actores y su dirección es simplemente genial,con muchas escenas que solo sugieren la situación (cómo la escena donde Rosemary y Miniee lavan los trastes y solo se ve el humo del cigarrillo de la conversación de los hombres en la sala) nos sentimos como ella con la duda de que demonios hablan.
La camara siguiendo a la desesperada y paranoica Rosemary el par de viejecitos "amables" ,el marido manipulador,su ginecólogo minimizando sus síntomas y el aislamiento en qué la dejan al final y la aceptación de su hijo,que sea como sea era eso su hijo.
De mis películas favoritas.
En cuanto a las serie,y la precuela,me pasa que como "Sex and the city", las películas y las tres temporadas con las que quisieron continuar,hago como que no existieron😳
El telefilme que mencionas no lo conocía voy a tratar de buscarlo para poder verlo.
Ojalá y la publicación de pueda ver bien estoy escribiendo en mi celular.
Saludos !
Gracias por pasar, Reina Alucarda, lo hice por petición tuya y me alegra que te haya gustado. De acuerdo totalmente, nada hecho después del filme de Polanski le ha llegado al zapato. Y si, es un estudio de manipulación, gaslighting, etc. Viéndola con atención a quien quisiera aventar por la ventana es a Guy. Increíble como un autor masculino ha podido describir con tanto cuidado las maniobras de un ambicioso narcisista. Yo diría que el libro es una alerta para que las mujeres le huyan a este tipo de hombre.
EliminarMe he reído un poco al hacer la investigación, porque Levin hizo una majamama entre brujería, magia blanca y negra y satanismo. Treinta años más tarde, en plena New Age, hubo alguna incomodidad en los ahora públicos grupos que practicaban abiertamente el neopaganismo, Wicca, shamanismo, etc. Y que no querían ser asociados con la Iglesia Satánica. Levin quería satirizar lo sobrenatural en lo que el no creía, pero igual le quedó terrorífico y no porque aparezcan monstruos sino por lo que pasa Rosemary, dolor físico, confusión mental, angustia de no poder confiar en nadie, etc.
Quería detenerme en dos aspectos que mencionas, primero la depresión postparto. Antiguamente no se la reconocía porque nace de la nada. En cambio, Rosemary está deprimida porque perdió un hijo y en circunstancias tan espeluznante. En cambio en la miniserie, Zoe Saldana ha perdido un hijo y ha sufrido de depresión antes de este embarazo diabólico.
Lo otro es lo de la ‘romantizacion” de la maternidad ¿A que te refieres? ¿A las razones por las cuales Rosemary quiere un hijo? ¿A la descripción de todo su periodo de gestación? ¿O a su gran sentido maternal que le permite querer a un hijo del Chamuco? Un abrazo y avísame si quieres que escriba sobre algún tema especial, recuerda que no solo tengo este blog.